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Webcam, el creciente negocio de las chicas porno: ¿Lo virtual es mejor que lo real?

Luego de décadas de un esquema tradicional de filmar pornografía y venderla como producto, las estrellas de la industria del entretenimiento para adultos están moviéndose hacia un nicho de mercado que, si bien no es nuevo, tiene beneficios tanto para ellas como para los consumidores: las webcam.

Timișoara es una ciudad de Rumania, con una población de 400.000 personas en 2006, capital del distrito de Timiş, y un pasado que se remonta a 1019, porque aparece mencionada en un texto del emperador bizantino Basilio II.

 

Timisoara no sólo es conocida como la cuna de Sandra Romain (su verdadero nombre es Maria Popescu), actriz porno rumana que rodó cerca de 1.000 películas, la mayoría de las cuales presentan sexo anal, incluyendo hasta triples penetraciones anales. Ella fue catalogada como“la reina del sexo anal”, más allá de que su familia se asumió como muy integrada a la Iglesia Católica Apostólica Romana, y hubo quienes le propusieron un exorcismo porque “Satanás había entrado en ella” cuando decidió entrar en la industria pornográfica.

 

Rumania, al igual que Hungría desde los años ’90, fue invadida por la industria del porno, también conocida como entretenimiento para adultos.

 

Pero, mientras que Hungría ingresó muy fuerte en videos, Rumania lo hizo en el nicho ‘webcam girl’ o sea las chicas que satisfacen por internet los deseos de sus clientes.

 

Luego de décadas de un esquema tradicional de filmar pornografía y venderla como producto, las estrellas de la industria del entretenimiento para adultos están moviéndose hacia un nicho de mercado que, si bien no es nuevo, tiene beneficios tanto para ellas como para los consumidores: las webcam. Cientos de sitios ofrecen un chat en vivo con hermosas exponentes del porno por una cuota que podría ser el equivalente al precio antiguo de una película porno por, digamos, 5 o 10 minutos de experiencia directa. Esto, para muchos fans, constituye un nuevo tipo de relación.

 

En Bucarest, el fotógrafo italiano que hizo sesiones con las jóvenes estrellas, Stefano Schirato, reveló que Happy Studios, por ejemplo, le paga a sus 15 estrellas unos 30.000 euros por mes.

 

Pero la revista española Interviú puso su lente en Timisoara, en la Webcam Mansion, “uno de tantos chalés en Rumanía que albergan uno de los negocios más lucrativos, y secretos, de nuestros tiempos.”

 

La crónica comienza así:

 

“Krina, de 25 años, sube corriendo a una de las habitaciones, se maquilla, se coloca una ajustada falda de color crema y un top de lencería negro. Pone su ordenador, ajusta la cámara y se registra en un sitio web para adultos. A los pocos minutos, desde cualquier parte del mundo, le pedirán que se desnude.

 

Krina se mueve, se insinúa, baila. De repente, otra ventana se abre en su PC, un usuario ha comenzado a pagar y quiere una sesión cara a cara. Solos los dos. Una pequeña charla y comienza a realizar un estriptis, lento, con susurros. Saca un consolador de un cajón y se empieza a acariciar. Parece que ambos llegan al clímax. El cliente le felicita, le da las gracias y desaparece del chat. Krina se enciende un cigarro y comprueba que el cliente ha gastado 110 dólares por un show de 25 minutos. “No sé mucho sobre él, pero es un buen cliente. Viene a verme cinco veces al mes”, dice.

 

Llegó a la universidad, fue camarera y los últimos tres años es una camgirl profesional que trabaja ocho horas al día. Este sector es el de mayor crecimiento dentro de la industria del porno. En la mayoría de estas web de videochat hay chicas en línea las 24 horas del día; los usuarios pueden ver y charlar de forma gratuita con ellas, pero tienen que pagar entre 2 y 9 dólares por minuto si lo que quieren es un show privado. Hay mucha competencia: solo un 10 por ciento de los clientes que visitan sus dormitorios están dispuestos a pagar. Hay veces que decenas de usuarios están a la vez charlando con las chicas, o pidiendo que haga cosas, o incluso insultándolas. No es tan bonito como parece. (…)”.

 

La británica BBC realizó una producción acerca de tan particular negocio para adultos.

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Sitios como MyFreeCams (MFC) cuentan con cerca de 100.000 performers diferentes, lo que ayuda a ofrecer una enorme variedad para una clientela de más de 1 millón de usuarios registrados.
Bambi, una modelo en MFC, cuenta su experiencia:“Es mucho menos sexual de lo que piensa la gente. Especialmente si eres una cam girl de mediano ingreso, se trata mucho más de hacer comunidad… Si sólo te interesa pasarla bien toda la noche porque saliste del trabajo y no tienes novia o amigos, son unas buenas 2 horas. Hablamos, hago bromas, escuchamos música, pueden beber conmigo o fumar conmigo… “.
Aunque se pueden encontrar videos de cam girls como categoría en muchos sitios porno, en realidad se trata más del tipo de performance lo que diferencia a cada una: hay algunas que se disfrazan y otras que simplemente se masturban en cámara, otras invitan amigas o simplemente toman una ducha. En realidad la variedad es abrumadora para el recién llegado, pero diferenciarse rápidamente y desarrollar una comunidad de seguidores propia es la mayor prioridad de cualquiera que quiera dedicarse profesionalmente al negocio.
Ruby Knox, una veterana de la industria, afirma: “Soy una ‘prostituta de sentimientos’. 95% de mi tiempo ‘exclusivo’ [con el cliente en una sala de videochat] se trata de mí haciendo de psicóloga o escuchando una experiencia tumultuosa que marcó la vida del individuo. Si puedo ayudar a alguien mientras aprendo más sobre mí misma y sobre la humanidad, eso califica como una victoria.”
¿Qué hay de los clientes?
Según Bambi, en entrevista con The Stranger, “los chicos jóvenes son gente que trabaja demasiado, como mecánicos de autos u otras ocupaciones de oficina donde sólo llegan a casa y están exhaustos, y no quieren salir, y sólo quieren alguien con quien hablar. Y luego tienes esta otra clientela que son hombres casados que no tienen sexo”. 
Con el fin de explorar a fondo el fenómeno, el documentalista Sean Dunne creó el filme Cam Girlz, grabado en una de las miles de casas que funcionan como oficinas de tiempo parcial. Según puede verse, los clientes que miran webcamers en MFC o sitios como LiveJasmine son asiduos, aunque existen nuevas leyes en USA que ponen como causal de divorcio gastar mucho dinero en este mundo online.
Fuente: urgente24.com
Angela White