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Vidal no pierde tiempo: votos y paz social a cambio de tierras fiscales

Al compás de los temores políticos que provoca la cercanía de diciembre, en el seno del gobierno de María Eugenia Vidal se trabajan nuevas estrategias políticas. Casi todas ellas tienen un fin obsesivo: aferrar el voto peronista a través del poder territorial de los intendentes, el único que reconoce el gobierno, con excepción de los gobernadores.

Es así que un grupo de alcaldes y ex alcaldes peronistas, liderados por el actual intendente de Merlo Gustavo Menéndez y el de La Plata, Julio Garro, habrían conseguido que la gobernadora haga propio un proyecto para instrumentar rápidamente. Se trataría de crear un nuevo ente, que dependería del Ministro de Gobierno Joaquín de la Torre pero sería monitoreado por el Jefe de Gabinete Carlos Salvai, que concentraría la administración de todas las tierras fiscales de la provincia.

Esta concentración permitiría, por ejemplo, un plan de regularización del dominio para muchos que ya ocupan terrenos. Este tipo de escrituración masiva ya se realizó en tiempos de Eduardo Duhalde gobernador.

De más está decir que en muchos municipios los conflictos alrededor de los terrenos fiscales tienen una enorme importancia electoral. Los intendentes del PJ que se acerquen a CAMBIEMOS contarían así con una herramienta política de primer orden: negociar directamente con una agencia provincial la regularización de muchas ocupaciones, o sea de muchos votos.

Los protagonistas de fin de año

Pero la iniciativa también tiene otro costado aún más sensible: contribuir a calmar los nervios de los movimientos sociales, que siempre a fin de año saben explotar los riesgos de supuestos estallidos sociales. La mayor parte de estos sellos, empezando por el Movimiento Evita y Barrios de Pie, ya negociaron las paces con la Casa Rosada desde tiempo atrás. Pero un plan que les conceda títulos jurídicos sobre tierras fiscales sería un broche de oro para cerrar el año.

De estos grupos el PRO tal vez no pueda esperar una gran movilización de votos, pero sí algo tan importante como esto: que no haya violencia social.

El massismo, como es obvio, sería el sector político más perjudicado si el programa de tierras fiscales avanza a toda velocidad.

Por Carlos Tórtora para Informador Público