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Vélez campeón del 68: medio siglo después

Al almanaque le quedaban tres días y había de nacer un campeón. Un torneo que se jactaba de nacional, en su segunda edición.

Tres para triunfar. El más débil en los papeles, virgen de historia ganadora, terminó definiendo como Leguizamo, por un hocico. Vélez, de atropellada.

Primero, al aprovechar el triple empate que lo llevó a jugar durante los tres domingos de diciembre un triangular de desempate. Nada menos que ante River, que desde hacía diez años no podía festejar, y el Racing de José, con jugadores como Cejas, Perfumo, Basile o Maschio.

El petit campeonato se jugó en San Lorenzo. En el último encuentro, que definió al campeón, Vélez goleó 4-2 a La Academia. Pasaron cincuenta Navidades y de aquel plantel sobreviven ocho jugadores, un grupo que trasciende en el alma velezana que con ellos recorrió el país, tanto que en la última fecha de Superliga el equipo de Primera recibió a Central con una réplica de la camiseta.

En aquel diciembre de 1968, al dirigente José Amalfitani, que sentó las bases del éxito, le quedaban pocos meses de vida por una repentina enfermedad (murió en abril del 69). Don Pepe siguió el 4-2 a Racing por radio y disfrutó la visita de los jugadores que le dedicaron el título al pie de la cama.

La V de la victoria tenía por entonces otra B que era señal de futuro para el club. Aquel 29 de diciembre, el único cambio que se podía hacer puso en cancha a Carlos Bianchi, que 25 años después tomó el pulso de otra generación histórica.

Fue fiesta, más que la Navidad, más que la del hombre en la Luna, porque Vélez estaba rompiendo una hegemonía que el año anterior ya había podido Estudiantes. Y en esa fiesta, entre tantos hinchas que unieron a pie las sesenta cuadras del estadio de Boedo al de Liniers, uno muy excitado, que tenía 24 años, se llamaba Raúl Gámez.

El último homenaje. Aplausos y emociones. La voz del estadio trabaja arriba y allá en el césped siente una nueva ovación: “¡Y ya lo ve… es el famoso cordobés!”, oye Daniel Willington tomándose fuerte de la mano de su mujer, Ana María.

Pichino Carone, Pulga Ríos, Sinatra, Nogara, Caballero, Willington… No hay dolores de artrosis, ni debilidad en la vista, ni nadie se acuerda de la jubilación. La platea norte y la popular los alientan como si ese día Omar Wehbe acabara de meter el cuarto en el minuto noventa.