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Una sociedad fatta in Italia para hacer la revolución Por Javier Lanza

La Juventus los juntó y el equipo de Arruabarrena se los quedó. Una delantera de Champions para ganar la Libertadores.

Del otro lado del charco, en la madrugada italiana, sentado frente al televisor. Su amigo, ese con el que hasta hace un par de días compartía cada tarde, estaba convirtiendo en realidad lo que siempre había soñado. El 27 de febrero marcó el debut de Daniel Osvaldo con la camiseta de Boca, en la victoria 2-1 ante Montevideo Wanderers; fue la piedra fundacional para que Carlos Tevez dejara Juventus. Ese día, en el que intercambiaron mensajes telefónicos hasta horas antes del partido, fue el que terminó de convencerlo de volver, a pesar de estar atravesando el mejor momento de su carrera. El destino quiso que se separaran por poco tiempo, y tras el fugaz paso de Osvaldo por Porto, los amigos se volvieron a reencontrar. Una historia que se inició en Turín y que seguirá en Buenos Aires.

Los que los conocen saben, si se permite la expresión, que fue amistad a primera vista. En los seis meses que compartieron en Juventus tuvieron un tema que servía de excusa para reunirlos: Boca. Ya sea en la casa de Carlitos o en la de Daniel, los delanteros comían empanadas viendo los partidos del club de sus amores, al que tanto querían irse. En ese primer semestre de 2014 las ganas aumentaban tanto como la química que había entre ellos. Y como suele suceder, la buena onda fuera de la cancha se trasladó adentro. Los números, en una Juventus que conseguiría el tricampeonato con ellos en cancha, así lo demuestran. “Charlamos mucho con Carlitos sobre Boca y él tuvo mucho que ver para que yo estuviera acá, gracias a nuestra amistad. Le quiero agradecer a él también y ojalá pueda venir al club en breve”, fue lo que dijo el 9 en su primera presentación. Es que fue Tevez el que lo convenció de hacerlo.

Una vuelta y la otra. La primera vez que Osvaldo se puso la camiseta de Boca hizo que Tevez tomara la decisión de romper el mercado y volviera a calzarse la xeneize. Y cuando el Apache dio dos vueltas olímpicas, fue su amigo el que decidió que su carrera no podía seguir en otro lado que no fuera Boca. “Desde el momento en que me fui, sabía que iba a volver”, dijo un feliz Osvaldo en su presentación de ayer. También aseguró que “jugar con Tevez es hermoso, una alegría enorme”. El mundo Boca sabe que el ex Porto se fue más por el afuera que por el adentro, a pesar del pedido de su amigo para que continuara en el club. Los problemas personales del surgido en Huracán no le dieron otra salida que irse a un Porto que nunca lo terminó de incorporar y que aceptó rápidamente su deseo de rescindir el vínculo que los unía por 18 meses.

Otro Daniel. El retorno del stone no es más que el resultado de algo que se viene cocinando desde hace meses. Con Osvaldo en Portugal, las comunicaciones entre ellos no cesaron pese a la distancia, y fueron hablando de lo que sería volver a jugar juntos. Fue Tevez el que aconsejó al “rebelde” en muchos aspectos. Nada es casualidad en las actitudes del Daniel que retornó, mucho menos afecto a la prensa, y que cerró la cuenta de Twitter cuando supo que la vuelta era casi un hecho, a fin de año.

No bien pisó Los Cardales, lugar en el que Boca está haciendo la pretemporada, la dupla se mostró junta y a las órdenes de un Rodolfo Arruabarrena que tiene en mente a ambos para que sean su llave de gol. Ya sin Calleri, con un pie y medio en Italia, Osvaldo tendrá la responsabilidad única de ser el hombre de área, y Tevez, el que flote a sus espaldas. La Copa Libertadores es la obsesión de ambos, desde aquel 27 de febrero…

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