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Una dirección web en Paraguay desató la cacería a Pérez Corradi

Agentes argentinos viajaron con las huellas dactilares del prófugo a Ciudad del Este para chequear su identidad.

El Grupo Halcón mató el martes a la madrugada a dos perros de los hijos de Ibar Esteban Pérez Corradi. Fue durante el allanamiento que ese grupo de elite policial realizó en la casa de la ex esposa del prófugo del caso efedrina, acusado de ser el autor ideológico del triple crimen de General Rodríguez. Ese operativo, la muerte violenta de sus mascotas, fue un shock para esa familia.

Los investigadores argentinos y extranjeros, que encuentran y pierden el rastro de Pérez Corradi con asiduidad, y casi siempre por los alrededores de lo que parece ser la geografía insondable de la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, creyeron en las últimas horas que aquel drama había producido una novedad inesperada. Los especialistas detectaron que desde las computadoras de los hijos del prófugo se habían comunicado con una dirección de internet (IP) ubicada en Paraguay. A partir de esos datos se habría desatado la última cacería pública de Pérez Corradi, que en un momento se difundió como exitosa extraoficialmente, pero que con el paso de las horas se diluyó en versiones contradictorias, entremezcladas con la retórica de especialistas en dilaciones policiales y legales, los abogados del prófugo, Carlos Broitman; y Juan José Ribelli, ex preso de la causa AMIA, uno de los jefes más temibles y poderosos que tuvo la Policía Bonaerense en los ‘90.

Fueron ellos, abogados de Pérez Corradi, según informaron agencias y portales de noticias, los que dieron por confirmado en un momento del día de ayer que su cliente había sido detenido. Y viajaron al Paraguay.

Después dijeron lo contrario.

Y ahora aseguran que temen por la vida de su cliente, y además piden que se investigue si fue detenido ayer pero de forma “ilegal”.

Clarín pudo reconstruir, mediante fuentes de la investigación de diferentes sectores de las fuerzas de seguridad involucradas en esta trama, que tras la primera pista del IP de Paraguay con el que se conectaron a la casa de los Pérez Corradi se iniciaron varios operativos en ese país para encontrarlo.

Hay dos fuerzas extranjeras que están interesadas en Pérez Corradi: Interpol, y también la agencia antidrogas de los Estados Unidos, la DEA.

Ayer, según pudo reconstruir Clarín en base a fuentes policiales del caso, los detenidos en Paraguay fueron más de dos. El número total no pudo ser determinado debido a la falta de información oficial sobre el tema.

Uno de los arrestados estaba en la Triple Frontera, del lado paraguayo. Pero las autoridades policiales de ese país no pudieron confirmar si efectivamente era Pérez Corradi: el chequeo de su identidad a través de las huellas digitales no fue exacto.

Fuentes que investigan el caso le aseguraron a este diario que por esoagentes de la Argentina viajaron de forma confidencial a Paraguay con las huellas dactilares que Pérez Corradi dejó registradas ante el Estado, cuando sacó alguno de sus documentos o pasaportes, para terminar de confirmar si el detenido era él o no. Hasta ahora no se conoce el resultado de esas acciones.

Lo que sí pudieron chequear las autoridades de ambos países fue que otro de los arrestados, también apresado en la zona del Alto Paraná, o sea, cerca de Ciudad del Este, no era Pérez Corradi. El Gobierno Nacional no dio ayer información pública sobre esos puntos clave de la pesquisa. Los funcionarios nacionales se manejaron con prudencia total.

Eso ocurrió no sólo por el antecedente de la comunicación fallida gubernamental del 9 de enero pasado, cuando se informó que se habían encontrado a los tres prófugos que habían escapado de la cárcel de Alvear, los hermanos Martín y Cristian Lanatta; y Víctor Schillaci. Ese día, en realidad, sólo se había detenido al primero de ellos.

Los tres están condenados a cadena perpetua por la Justicia, acusados de ser parte crucial de la cadena asesina que mató en el 2008 a los farmacéuticos Leopoldo Bina, Damián Ferrón y Sebastián Forza.

Según fuentes de organismo de Seguridad, en el caso de Pérez Corradilas certezas sobre su identidad debían ser totales, y además tenían que confirmarse con rapidez.

Una versión que circula entre ellos asegura que el narcotraficante –que tiene pedido de detención no de la Argentina y los Estados Unidos–, fue una vez efectivamente detenido por agentes paraguayos que lo buscan desde el 2012. Esa vez, el fugado aprovechó sus influencias, contactos y dinero para sobornarlos: había escapado en ese momento pagando 50 mil dólares.

Los abogados de Pérez Corradi, está dicho, son expertos en hacer afirmaciones contundentes sobre su cliente que hasta ahora no se cumplen. Dijeron que se iba a entregar. No pasó. Afirmaron que había sido detenido. Tampoco era cierto, al menos no fue confirmado de modo oficial. Ahora dicen que tal vez sí fue arrestado pero de modo ilegal y pidieron que se investigue si participó de un tiroteo en Paraguay.

Ribelli, cuando fue preso por la causa AMIA, usó como argumento de defensa que él no se encontraba en Buenos Aires cuando explotó la mutual judía. Estaba en Misiones. Límite con el Paraguay. Muchos de sus hombres de confianza en la Bonaerense lograron mantenerse prófugos cuando eran buscados para ser arrestados por ese caso. El abogado desmiente tener un parentesco familiar con Pérez Corradi, pero fuentes del caso efedrina revelaron que lo llama “compadre”, o “ahijado”. Y que durante los últimos años dio muestras que confundieron a los investigadores: el jefe de Pérez Corradi a veces parecía ser él. Y no al revés.

Por Nicolás Wiñazki – Clarín