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Triaca y el estilo K

El ministro de Trabajo participó de la reunión de gabinete y pidió “perdón” ante sus pares por haber tenido una empleada doméstica en negro, haberla insultado y haberla puesto como interventora en una filial del SOMU. Marcos Peña consideró que “se reconoció el error” y, por lo tanto, es un capítulo cerrado. La historia continuará. El macrismo hace kirchnerismo explícito.

El Gobierno dio por terminada la polémica en torno al ministro de Trabajo, Jorge Triaca, al considerar que “la calidad de la intervención” en el SOMU y “los resultados de la intervención, demuestran que se hizo un trabajo acorde a lo esperado”. Nada se analizó de la situación particular de “Sandra” la casera insultada por el ministro.

Más allá de lo formal, llama la atención el corporativismo del gobierno, quienes anunciaban una gestión transparente, pretendiendo así diferenciarse del gobierno anterior, pero no hizo nada con el escándalo, es más, en un claro síntoma de kirchnerismo, se hicieron los desentendidos.

En palabras de Marcos Peña, “realmente creemos que ha hecho, y él lo ha explicado (ante el Gabinete), un trabajo muy bueno”. Respecto al Sandragate, dijo que “Lo más importante” analizó “es que se reconoció el error y la calidad de la intervención del Somu y los resultados de la intervención demuestran que se hizo un trabajo acorde a lo esperado”.

Estas frases recuerdan al “menos pobres que en Alemania” u otras varias de este estilo pronunciadas por encumbrados funcionarios del gobierno anterior, lo que demuestra, una vez más, las similitudes entre unos y otros. Lo cierto es que los familiares de los ministros renuncien no los redime de lo que pasó.