Image default

Todos los ceos del Presidente

La mesa de emergencia de la UIA se transformó en el respaldo que eligió Alberto Fernández para dirigir el mensaje de la recuperación. Quién es quién en la entidad que es el alter ego del mandatario.

“De esta salimos perdiendo un poco todos, pero que los bancos se dejen de joder y también hagan el esfuerzo”. La idea central de la primera reunión de Junta Directiva virtual en la historia de la Unión Industrial Argentina (UIA) fue una queja masiva, de los más de 60 asistentes a la videoconferencia por Zoom, contra las entidades que complican el acceso al crédito en plena pandemia. También recibió críticas el presidente del Banco Central (BCRA), Miguel Pesce. Los ceos creen que el Estado debe presionar con herramientas duras a los bancos, no sólo para que presten, sino para que trabajen como exceptuados y faciliten trámites y requisitos. Y también ampliar el fondo de garantías.

Históricamente, la UIA que hoy preside el aceitero Miguel Acevedo libró una batalla hasta hora silenciosa contra el negocio financiero. Pero el ritmo de la pandemia exacerbó los ánimos de los que compartieron una tertulia larga.

La contienda industriales versus bancos es uno de los puntos que cementan la alianza cada vez más expuesta de los empresarios fabriles con el gobierno de Alberto Fernández. La chispa del romance se encendió pre coronavirus, por el contraste violento en la consideración de las chimeneas que hacía el ejecutivo de Mauricio Macri. El resto se completó en las reuniones que tuvieron el Presidente y su gabinete en la sede de la central, en Avenida de Mayo. Todo aceitado por los conocidos de siempre de las fábricas que hoy son funcionarios, como el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y el secretario de Industria, Ariel Schale.

Cuando se olía la cuarentena, Acevedo, el hombre del pacto social que eligió Fernández para que lo acompañe junto a Héctor Daer, de la CGT, juntó a sus soldados y armó una mesa de emergencia. Reunió allí a dirigentes de UIA de sectores sensibles, esos que de allí en más se sentarían con el Presidente periódicamente para analizar el panorama.

Además de Acevedo, la cabeza del grupo es Daniel Funes de Rioja. Abogado y titular de la Coordinadora de Productores de Alimentos (Copal), representa a las marcas grandes que producen bienes esenciales. Cultor de precios libres, peleó históricamente contra los congelamientos y aceptó a regañadientes el plan de valores máximos. Es el hombre que le garantiza al Presidente la fluidez del traslado de mercaderías, de las fábricas a los supermercados.

El cuadro netamente político en la mesa es el santafecino Guillermo Moretti. El hombre de los químicos es un peronista confeso y tiene la habilidad de dialogar con funcionarios y ser pivot entre empresas grandes y el universo pyme.

Martín Rappallini, el presidente de la Unión Industrial Bonaerense (UIPBA), lleva la perspectiva de lo que ocurre lejos de la capital y en los parques industriales. El dueño de Cerámica Alberdi elige esquivar la ideología. Piloteó la relación con María Eugenia Vidal, hoy dialoga con Axel Kicillof y Augusto Costa sobre la salida bonaerense y es uno de los que siempre creyó que para capear la crisis lo mejor era un peronista de centro.

Cuentan que Luis Pagani, el jefe de Arcor, se dio cuenta que el macrismo no iba a funcionar en la primera reunión que mantuvo con Francisco Cabrera, ex ministro de la Producción. Allí también estuvo Adrián Kaufmann, ex presidente de UIA y hoy representante de la alimenticia en la mesa de crisis con Fernández.

Alberto Álvarez Saavedra, el hombre Alplax, es dueño del laboratorio Gador que produce el ansiolítico y es otra de las víctimas de Cambiemos que están en la mesa de crisis. Dirigente de la cámara nacional CILFA, es la cabeza de uno de los sectores esenciales. Según se informó en la reunión de la UIA, el sector remedios tuvo una caída del 25% en las ventas. Alimentos padeció, en tanto, una retracción del 50% en los volúmenes vendidos.

La mesa la cierran David Uriburu, la mano “amable” del Techint de Paolo Rocca; y Diego Coatz, el cerebro económico de la UIA y quien lleva la letra fina de los planes y las reuniones.

La mímesis de los industriales con la idea de Fernández es tan notable que hasta hablan con la misma terminología y tienen el mismo diagnóstico de lo que viene. Es palabra común en el diccionario interno de los ceos que lo que viene “es una cuarentena administrada” y que, a la hora de ver la salida, “hay que pensar más en el cómo que en el cuándo”.

Cultores de que es más importante lo sanitario que lo económico, o al menos que no hay tensión entre ambos puntos, piensan en lo que viene como una cuarentena que durará nueve meses. A tales fines, le acercaron a Fernández protocolos de empresas, territorios, cambios en la forma de vida, ideas de reconversión del transporte y un mapeo de las dificultades que tendrán diferentes regiones del país, como el conurbano, para encarar la etapa que viene. Incluso son duros a la hora de hacer cumplir la próxima etapa: estudiaron casos de éxito como el de Canadá, en el que hay multas millonarias por no mantener la distancia social o de entrar mucha cantidad de gente en negocios.

También tienen bajo la manga el lobby que se viene: tratar de que el Gobierno también les pague el salarios a empresas que tienen más de 100 trabajadores.

Esta situación los puso en un nivel de realismo crudo para los optimistas. Lo planteó el propio Cristiano Rattazzi, titular de la FIAT, en la reunión virtual del martes. “Cuando esto pase, nadie va a querer comprar un auto y lo sabemos”, dijo. Y le replicó un textil con un: “¿Y una pilcha?”.

Por Leandro Renou – Letra P