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Su marido la obligaba a tener sexo virtual con extraños: se animó a hablar dos años después

Participó amenazada durante tres años. Su marido recibió una condena de la misma cantidad de tiempo. Es un caso inédito para la justicia argentina. Sucedió en Entre Ríos.

Una mujer de Entre Ríos fue sometida durante tres años por su marido a tener sexo virtual con extraños. Así lo denunció y logró que el hombre fuera condenado en 2017 a tres años de prisión y 360 horas de trabajo comunitario por el delito de “coacciones reiteradas”, una sentencia inédita en el país.

Los chats sexuales se desarrollaron entre 2012 y 2015, y la víctima, de 41 años, confiesa, en diálogo con Infobae, que “no sabía cómo salir”.

“Yo era como un perro y él me pateaba todo el tiempo. Hacía cosas sólo para complacerlo. Y la realidad es que no me estaba queriendo a mí misma, me hacía creer que valía algo y era justamente lo contrario”, cuenta respecto a su calvario.

El final de la situación se dio cuando investigadores de la Policía de Entre Ríos llegaron a su domicilio, tras su denuncia, y realizaron un allanamiento. “Cuando entró la policía, Alberto me miró con cara de odio y me dijo ‘¡Lorena, ¿Qué hiciste?!’. Ahí me encerré en una habitación, no quería tener más contacto visual con él”, relata de ese momento.

En cuanto a su relación, la mujer dice que al principio “cada uno estaba con sus estudios, no había una relación muy ‘pegote’. Pero una vez que nació mi primer hijo y nos fuimos a convivir aparecieron los problemas. El tema del control constante y sus celos se hicieron imposibles de manejar”.

Y detalló: “Me empezó a prohibir tener una vida social. Y yo le hacía caso en todo. Dejé de visitar a mi familia, con suerte los terminaba viendo una sola vez por mes, y prácticamente tenía prohibido salir con amigos. Dejé de tener vida social”.

Finalmente, dio cuenta de los episodios de chats eróticos: “No recuerdo bien cuándo fue la primera vez que me obligó a participar en un video para otras, pero en su momento me hacía creer que también era un deseo mío. Cuando en realidad, yo sólo quería complacerlo a él”.

Y aunque quisiera detenerlo, asegura “me decía que si dejaba de hacer esos chats, él había impreso varias páginas de su pantalla donde se me veía desnuda y que tenía pensado mostrárselas a todos mis hijos. Me aterraba la idea de sólo pensar en eso”.