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¿Son eficaces los barbijos para prevenir el contagio de Coronavirus?

La Organización Mundial de la Salud lo desaconsejaba, pero el criterio está cambiando. Especialistas creen que su uso masivo en Asia es una de las claves de la contención de la pandemia en ese continente.

Los especialistas comenzaron a cambiar sus opiniones sobre los barbijos y en varios países ahora impulsan su uso. Lo que es prácticamente una costumbre en oriente, en occidente es mirado por recelo por los transeúntes, aunque el Coronavirus podría transformar los prejuicios.

Consciente de esta resistencia la task force de la Casa Blanca creada para convatir la pandemia que hoy tiene en Estados Unidos su epicentro y un ritmo de contagio infernal, liberó este jueves una recomendación urgente: Toda la población debe salir a la calle con barbijo para disminuir los contagios, sobre todo de los enfermos asintomáticos, que en la mayoría de los casos desconocen su condición. Se trata de un cambio mayúsculo de posición porque hasta ahora este comité de expertos desaconsejaba su uso.

La casa Blanca acaso dejó entrever los motivos de esa recomendación cuando agregó en su declaración de este jueves que sigue pidiendo a la población que no compre los barbijos más técnicos (N95) para que estos queden disponibles para el personal médico.

El comité de la Casa Blanca creado para lidiar con la pandemia pidió este jueves a toda la población que cada vez que salga a la calle use barbijos, sobre todo para acotar los contagios provocados por parte de los pacientes asintomáticos: fue un cambio total de su posición inicial desaconsejando su uso.

Es que ante la ausencia de una vacuna que permita erradicar el virus y frente a la amenaza de la implosión económica, los barbijos se transformaron en una opción barata para intentar ralentizar los contagios. Claro que es un objeto que llama la atención y causa hasta desagrado en los países donde su uso es, hasta ahora, muy acotado.

Hay una diferencia entre los barbijos, de fácil fabricación casera, y las mascarillas. Los primeros cubren la boca y evitan que las partículas salgan, pero no que entren. Sirven más para evitar contagiar a otros que para evitar contagiarse. La expansión de la pandemia incluso ha convertido a los más sofisticados, como los N95 de triple filtrado, casi en un objeto de lujo que otorga cierto status social a sus portadores.

Las mascarillas, pueden llegar a filtrar más del 95% de las partículas que están en el aire, pero son un bien escaso y su uso está destinado a profesionales sanitarios. Días atrás la Organización Mundial de la Salud evitó recomendar el uso de barbijos por ese motivo: no son 100% eficaces. La principal crítica es que crean una “falsa” sensación de seguridad en quienes los utilizan y dejan de tomar medidas más probadas como la distancia social mínima de un metro y medio y el intenso lavado de manos.

Algunos especialistas descreen de esa sugerencia y consideran que está relacionada con la falta de insumos para profesionales de la salud. “Llegan a recomendar que los usen todo el mundo y te quedás sin stock para los que más lo necesitan, que es la gente que trabaja en salud y está más expuesta”, coincidió un médico porteño consultado por este sitio.

Mientras que en los países orientales son casi una prenda igual de importante que la bufanda o los guantes durante el invierno, para occidente son toda una rareza que genera alarma entre los ciudadanos que se cruzan con una persona enmascarada. Ni hablar en la Argentina.

El filósofo coreano Byung-Chul Han publicó en los últimos días uno de los artículos que más circularon en redes sociales sobre la pandemia. Allí compara las reacciones de los europeos con las de sus connacionales de Corea del Sur.

“En Europa impera un individualismo que trae aparejada la costumbre de llevar la cara descubierta. Los únicos que van enmascarados son los criminales. Pero ahora, viendo imágenes de Corea, me he acostumbrado tanto a ver personas enmascaradas que la faz descubierta de mis conciudadanos europeos me resulta casi obscena”, escribió Chul Han.

No son pocos los especialistas que empiezan a creer que el uso masivo de barbijos en Asia puede ser un factor a considerar para que la pandemia haya sido controlada más rápido y con menor costo social y de vidas, en ese continente.

No son pocos los especialistas que empiezan a creer que el uso masivo de barbijos en Asia puede ser un factor a considerar para que la pandemia haya sido controlada más rápido y con menor costo social y de vidas, en ese continente. De hecho, en países como Singapur o Corea del Norte, ejemplos globales de aplanamiento de la curva de contagio, ya no impera el confinamiento obligatorio que se aplica en la mayoría de los países de occidente. Pero prácticamente toda la población utiliza barbijos.

Como los especialistas piden no comprar los barbijos descartables utilizados en los hospitales para que el stock existente se destine a los profesionales de la salud, en países como República Checa los propios ciudadanos se pusieron a fabricar millones de barbijos de algodón y el gobierno decretó obligatorio su uso.

En Japón el el primer ministro Shinzo Abe rechaza por el momento imponer un aislamiento obligatorio como reclama gran parte de sus ciudadanos. Cuando días atrás ofreció como respuesta hacer llegar barbijos a los 50 millones de hogares del archipiélago, recibió todo tipo de agresiones en las redes sociales.

En países como República Checa los propios ciudadanos se pusieron a fabricar millones de barbijos de algodón y el gobierno decretó obligatorio su uso.

Pero no todo es tan simple. Algunos especialistas consideran que si no existe un entrenamiento sobre qué hacer con los barbijos, cuánto tiempo usarlos y como lavarlos, su uso puede traer más complicaciones que alivio. Sin embargo, no precisan con claridad cuales serían esas complicaciones.

“Si estás a tres metros de una persona es poco probable que te contagies, pero si tenés un barbijo en tu casa y lo querés usar, bienvenido. Es posible que baje algo los contagios, pero lo más importante sigue siendo lavarse las manos, no tocarse la cara y desinfectar las superficies”, agregó el médico consultado.

En la Argentina, la biblioteca también está dividida, pero incluso entre los funcionarios que rodean a los mismos mandatarios. Frente a las imágenes de los principales referentes políticos sin máscaras o barbijos que les cubran el rostro, desde un importante distrito explicaron a LPO que era lo mejor “porque los médicos plantearon que hay que contagiarse para inmunizarse”.

Fuente: LPO