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Sobre Lula y latinoámerica: basta de fanatísmos Por Fernando Santacruz

El principal órgano judicial del Brasil habilitó, a que el ex presidente Lula Da Silva pueda ser apresado para cumplir una condena a 12 años de prisión por un hecho de corrupción, probado en dos instancias judiciales federales. Muchos adherentes de Lula ven en esta decisión, una especie de percusión política contra un líder popular, honesto, y revolucionario que sacó a millones de brasileros de la pobreza y al que le inventaron una causa irrelevante; y también ven en el actual presidente Michel Temer, a un oligarca, 10 veces más corrupto que Lula, aliado a la derecha golpista y neoliberal que viene a avasallar por todos los derechos conquistados.

Si tales argumentos fueran verdad, y tenemos en cuenta que desde el año 2004 hasta el 2016 el partido de Temer (PMDB) y el de Lula (PT) gobernaron en conjunto y compartieron la fórmula presidencial: o tendríamos que suponer que Temer y su partido mientras eran socios al PT eran honestos, austeros y favorecieron al pueblo, o que Lula y su partido mientras fueron socios del PMDB eran corruptos, ladrones y oligarcas.

La foto a plena sonrisa de Lula, Dilma y Temer, que acompaña estas palabras, nos deben llamar a la reflexión para dejar de lado los fanatismos, y entender que este y cualquier hecho político no son maniqueos (no enfrentan a buenos contra malos). Los sucesos de la política son complejos y atravesados por múltiples factores. En el apresamiento de Lula, hay de todo: desde un hecho de corrupción “pequeño” al lado del de sus adversarios (algunos ya presos), hasta la presión de quienes no quieren que Lula sea nuevamente presidente; pero también hay otros políticos y empresarios presos por corrupción y un juez de apellido Moro que quiere hacer cumplir la ley, que le comprobó un hecho de corrupción a Lula ratificado por un tribunal de alzada y avalado (en lo atinente al proceso) por el superior tribunal del país (con 9 de sus 11 integrantes elegidos durante el gobierno de Lula y Dilma).

Nuestras ideologías, más a la derecha o a la izquierda no deben cegarnos cuando se comprueba un hecho de corrupción por más pequeño que sea. Si Lula va preso, el PT, el socialismo y los deseos de unidad latinoamericana no van a desaparecer, y si algún día Temer va preso, el PMDB y el deseo de acceder a bienes de consumo y el capitalismo tampoco. Con Lula en prisión la democracia seguirá funcionando, y debe seguir funcionando: el PT podrá presentar otro candidato con las mismas ideas que Lula, y sus abogados podrán litigar contra los hechos de corrupción de Temer.

Ojala en el futuro de América Latina haya menos fanáticos, y como sociedad podamos ser menos tolerantes con la corrupción, exigir que funcione la Justicia, y entender que si se demuestra que alguien de izquierda o de derecha es corrupto, tiene que cumplir una condena, más allá de que haya hecho muchas cosas positivas para su país.

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Definición de fanatismo según la RAE: es el apasionamiento desmedido en defensa de nuestras creencias y opiniones.