Image default

Siria: guerra cultural de inteligencia Por Jorge Asís

Por sobrevolar su espacio, con un rotundo misilazo Turquía derriba un avión de Rusia. En el mismo martes en que Francia, en su más alto nivel, trata de convencer a Estados Unidos -aliado de Arabia Saudita- en que la manera más eficaz de aniquilar el Estado Islámico (Daesh) es a través de la asociación con Rusia, la principal aliada en la región de Irán (máximo enemigo de Arabia Saudita). Y sostén -junto con Rusia- de lo que queda del régimen de Siria, que aún preside Bashar El Assad, el oftalmólogo.
Los países citados en el párrafo anterior registran, en su totalidad, una coincidencia de fondo: quieren terminar con la aventura del califato demencial.
Un desafío para el conocimiento. Resume la melancolía del falso regreso hacia el Siglo XIII, pero a través de los instrumentos más sofisticados del siglo XXI. Combinan el medioevo con el marketing.
El avión ruso patrullaba la región en conflicto. Bombardeos de posiciones rebeldes que luchan contra Daesh. Pero también -sobre todo- contra Bashar. El oftalmólogo se obstina en la resistencia, en plena destrucción de su país artificial. Pero no quiere terminar como Ben Alí, ni Hosni Moubarak. Menos como Khadaffi. O Sadam.

Es un embrollo geopolítico donde convergen intereses cruzados, contradicciones para especialistas, etnias que confrontan.