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Recuerdos del olvido – Una bitácora desmemoriada Por Gustavo Druetta

Devoré la “Bitácora de un soldado” (2015) de Martín A. Balza. Quería saber sus impresiones al regreso de Perú a fines de 1977 en pleno terror de Estado y sus vivencias como jefe de tropas en el Gran Bs. As. y el Litoral en dos subzonas de seguridad antisubversiva (ver “Justicia. ¿Y Balza?”, Perfil, 27/11/15). Nada de nada. Su vida se esfuma durante la mayor parte del “Proceso de Reorganización Nacional” en tiempos de J. R. Videla (1976-1980) y R. Viola (1981). Reaparece fugazmente durante el conato de guerra con Chile en 1978 y resurge en la guerra de Malvinas en la cual, junto a Aldo Rico, recibe la condecoración “al mérito militar”. Finalmente se dedica a destrozar como perversos, soberbios, criminales, inútiles y a veces idiotas, uno a uno, a conocidos jerarcas del PRN responsables de haber ordenado torturar, asesinar y desaparecer a miles de argentinos. Balza hizo 15 años de su carrera durante gobiernos de facto y fue leal ejecutor de la estructura vertical que aquellos y sus predecesores comandaban. Dejó de obedecerlos sólo cuando se cayeron del poder y fueron destituidos, condenados y presos.

Su futuro pasaporte a la diplomacia K -la “autocrítica” contra la obediencia debida- enmascara haberla practicado a rajatabla durante cuatro dictaduras intermitentes, entre 1955 y 1983. El 25/4/95 afirmaba por TV que a pesar de la disciplina militar era posible negarse a cumplir órdenes inmorales e ilegales ajenas al cumplimiento del servicio. Podía y debía ejercerse el derecho a la desobediencia. Ocultaba un detalle: más de un millar de oficiales subalternos que en los ’70 estaban en primera línea de nuestra “guerra civil larvada”, en la que muchos caerían víctimas del terrorismo guerrillero, habían sido formados en el Colegio Militar de la Nación en los ‘60 por el mismo Videla, primero como Mayor Jefe del batallón de infantería y luego Tte. Cnel. Jefe del cuerpo de cadetes, y por los Tenientes M. A. Balza, y M. Seilneidín entre los más destacados instructores. Apenas pisaban El Palomar los llamados “bípedos implumes” incorporaban dos consignas si querían ser soldados: “¡La orden es sagrada y se cumple sin dudar!” y “¡El superior siempre tiene razón y más cuando no la tiene!”. Seguidas del grito “¿¡Estamos en claro!?” y contestada en rígida formación con un “¡¡Estamos en claro mi sargento cadete!!” que debía atronar al unísono. Un chiste negro decía que podía apelarse ante un superior la orden de pegarse un tiro… sólo después de cumplirla. La única alternativa era solicitar la baja, cambiarse de civil y salir por el arco de entrada a gozar del libre albedrío.

Enemigo (ex post facto) de los golpes de Estado nos preguntamos qué hizo Balza ante las reiteradas órdenes, paradigmas de ilegalidad e inmoralidad, de desalojar a punta de bayoneta a tres gobiernos civiles en 1962, 1966 y 1976. Cadete de 4to. año en septiembre de 1955 quedaría excluido de luchar durante la “Revolución Libertadora” pues un acuerdo tácito en el Ejército inhibía hacer fuego contra los noveles alumnos. Entre el 9 y 12 de junio de 1956 son fusilados/asesinados un total de 33 ciudadanos entre ellos 19 militares; los últimos el Gral. J. J. Valle en la Penitenciaría Nacional y el herido Subteniente A. Abadie en La Plata. Resulta extraño que estos crímenes, fruto del temor y el odio, no hayan motivado en el joven Subt. Balza (21 años) alguna reflexión sobre el verdadero rol de las FF.AA. en la política nacional. Fácil le resulta hoy repudiar ese “hecho epocal” que junto a los bombardeos de junio del ´55 marcaron a su generación. Más difícil es recordar que en los ´60 sus cadetes del CMN marchaban a instrucción cantando la “Marcha de la Libertad” (gestada en la conspiración contra Juan D. Perón) cuando “La Libertadora” ya sufría el desprecio de “La Fusiladora”. Sin duda era muy difícil cuestionar órdenes con la formación recibida. Sin embargo, siendo ya oficiales subalternos, algunos de aquellos ex cadetes quebrarán el mandato de la obediencia ciega o automática desafiando gobiernos de facto que Balza siempre acató.

En la Calera, Córdoba, 1965, la “diplomacia militar paralela” proveerá al curso básico de subtenientes una batería de obuses 10,5 usados en Vietnam, junto a cajones de munición. Lo entregan en solemne acto un coronel y un sargento de USA veteranos en esa guerra perdida en el primer lustro de los ´70 cuando el conflicto Este-Oeste nos estaba ensangrentando. En aquellos años ´60 se inició, como efecto del triunfo de la Revolución cubana (1/1/59) y los amagos guerrilleros en el noroeste argentino, el entrenamiento bajo la “doctrina contrainsurgente francesa” proveniente de la guerra colonial de Argelia. Ya veterano instructor ¿Balza ignoraba que la misma incorporaba la tortura y la desaparición como método oprobioso de victoria? Contaba con 10 años de servicios cuando el golpe del 28/6/1966 contra el Dr. Arturo Illía. Sus pecados: la intención de legalizar al peronismo, la ley medicinal antimonopólica y la negativa a enviar tropas argentinas a invadir Santo Domingo en abril del ´65 junto a una fuerza de intervención interamericana bajo mando de un general brasilero a órdenes del Pentágono, para aplastar la revolución antiimperialista del Presidente Constitucional Cnel. F. Caamaño Deñó. ¿Hubo algún intento de cuestionamiento del entonces Teniente 1ro. Balza ante su jefe inmediato por la tropelía del Gral. Juan C. Onganía y secuaces de desalojar al Presidente de la Casa Rosada a punta de pistola y aplastar la Constitución Nacional con un estatuto “revolucionario”? La gran mayoría de los militares, salvo contados oficiales superiores, acató sin chistar (¡la orden era sagrada!) el regreso a la “hora de la espada”. Había además que cuidar la carrera. Se espanta 50 años después de la “noche de los bastones largos” (29/7/66) contra la autonomía de las universidades nacionales. Hubo en cambio, en los años siguientes, un puñado de camaradas indignados que pensaron, actuaron y pagaron por ello. Una veintena de tenientes y capitanes concurren en 1968/1969 a charlas con el escritor de la izquierda nacional J. Hernández Arregui. Por expresar sus críticas a la política económica neoliberal de J. A. Martínez de Hoz serán sancionados. Los generales de la “Revolución Argentina” apresan, interrogan y echan a los más comprometidos: los Tenientes F. J. Licastro, J. Vergara, J. L. Fernández Valoni y C. Pastoriza, egresados un lustro después de Balza. Decenas de jóvenes oficiales miraban con simpatía la “Revolución Peruana” del Gral. Juan F. Velazco Alvarado que enfrentaba oligarquías y monopolios bajo la consigna “Campesino: el patrón no comerá más de tu pobreza”. A partir del Cordobazo (29/5/69) el “Día del Ejército”, algunos de ellos que aislados y en soledad rechazan la función crecientemente represiva de las FF.AA., terminan arrestados, descalificados, alejados a destinos inhóspitos, sin mando de tropa, o solicitan la baja. El Capitán Balza promediaba su treintena y en su bitácora no aparece mención alguna a esos precursores de la desobediencia debida. Mientras tanto la “Doctrina de Seguridad Nacional” se imponía como ideología del imperialismo para América Latina. Las caídas entre 1973 y 1975 del gobierno socialista del Dr. Salvador Alende en Chile, y social nacionalista de los Grales. Juan José Torres en Bolivia y V. Alvarado en Perú, que preceden al golpe contra M. Estela de Perón en 1976, son producto de esa DSN y la violencia contestataria que, al margen de sus razones o paradójicamente en contra de ellas, le hace el juego. ¡Que el general-embajador acuse hoy como “ejército de ocupación” y “no sanmartiniano” al corazón acorazado de sucesivas dictaduras cívico-militares en las cuales prestó servicios distinguidos e hizo todos los deberes, suena patético!

En vísperas del regreso de Perón a la Argentina (22/11/1972) circulaba la declaración de un nonato “Ejército Nacional”. Más de una centena de oficiales firmantes se habían comprometido a levantarse en armas si el presidente de facto, Gral. A. A. Lanusse, impedía su regreso o suspendía el proceso electoral de 1973. Balza tampoco lo registra. ¿Lo desconocía o no lo compartía? El futuro ícono militar de los DD.HH. con casi 40 años de edad y el grado de Mayor seguía impertérrito golpe tras golpe sus ascensos en el “partido militar”, practicando lo que unos llamarían oportunismo prescindente, y él defiende como profesionalismo no politizado. Lo que no admite discusión es el servicio del Oficial Jefe Balza a la última dictadura. ¿Acaso no lo fue desempeñarse de 1978 a 1982, entre sus 44 y 48 años, como Tte. Coronel, en dos importantísimas guarniciones con gran poder de fuego? En ellas habrían penado sus últimos días de vida muchos hombres y mujeres jóvenes “oponentes”, cuyos horrorosos padecimientos y asesinatos afirma haber desconocido hasta los juicios a los ex Comandantes en 1985. Eran unidades equipadas con poderosos “fierros” en territorios estratégicamente cercanos a la sede del poder central. El generalato del Proceso nunca las hubieran confiado a jefes no probados y seleccionados entre la “propia tropa” político-militar. Balza calificaba entre centenares de su mismo grado y arma. Sin el despliegue y control territorial de algunas decenas de unidades de combate como ésas, los siniestros “grupos de tareas” militar-policial-civiles no hubieran podido cometer con impunidad las atrocidades espeluznantes conocidas por el libro “Nunca Más”. Balza no podrá explicar nunca su estricta subordinación a la “dictadura que provocó decenas de miles de muertos y desaparecidos (mientras aclara) los muertos por acción de los efectivos irregulares fueron 680…”  (“Bitácora….pág. 418). Su ejercicio del mando táctico durante un lustro, en el cenit del Proceso, no figura ni en la solapa de su libro. Hay que buscarlo en google. ¿Será por eso que también ignora olímpicamente lo ocurrido a 33 jefes y oficiales expulsados del Ejército entre 1979 y 1980, que por sus ideas, antecedentes familiares y contactos políticos serán acusados de ser “nocivos a la cohesión espiritual del Ejército”. Entre ellos el Capitán Guillermo Cogorno, hijo de un coronel fusilado en La Plata en 1956.

Maguerite Feitlowis (“Un léxico del terror”, 1998) le pregunta a Balza en julio de 1995 si siendo uno de los oficiales jefes sabía que había un centro clandestino de detención en Campo de Mayo, y que se estaban dando y recibiendo órdenes inmorales e ilegales. Niega saberlo. ¡Se escuda en que no era general! Luego le dispara: “Si siempre se opuso a los golpes militares ¿cómo pudo permanecer en una fuerza que produjo tantos… y cómo siendo una persona de naturaleza democrática se quedó durante el Proceso?”. Balza escuda en una media verdad su descarada mentira: “Muchos se opusieron. Yo no soy el único”. El Capitán. Mario Rossi, líder de aquellos “33 orientales” y ascendido a Mayor (RE) por la democracia, certifica los nombres de otros 49 oficiales también investigados en los ’70 por la inteligencia del Batallón de Icia. 601 pero que no sufrieron retiro obligatorio aunque sí persecución. Balza no figura en esa lista.

En un capítulo especial de su libro detalla con orgullo su determinación al dirigir la represión contra el último levantamiento “carapintada” a fines de los ‘90. El premio: casi una década al frente del Ejército durante los dos mandatos de Carlos S. Menem. En 1930 el Gral. Félix Uriburu había utilizado cadetes del CMN para luchar entre argentinos; un monumento en el CMN rinde culto a dos de ellos caídos “cuando eran una bella esperanza para la Patria” en un tiroteo frente al Congreso. Balza, 60 años después, ordena a los cadetes tirar cañonazos contra rebeldes de la Base Aérea del Palomar y del Regimiento de Infantería Patricios. ¿La subordinación definitiva del Ejército a la democracia que atribuye a su triunfo del 3/4 de diciembre de 1990 (14 muertos), justificaba que el bautismo de fuego de los futuros oficiales fuera en lucha fratricida? Sabía que si Menem cumplía con supuestas promesas hechas durante la campaña presidencial al jefe de la sublevación Cnel. Seilneidín, su carrera terminaba. En su autocrítica de 1995 institucional, pero no personal, proclamará que “delinque quien vulnera la Constitución Nacional”. Sus delitos contra el Estado de derecho y partícipe en la opresión de los argentinos son obvios. La “justicia legítima” obvió su legajo. Como en los Kirchner, su relato adolece de verdades inconfesables. El engaño, la hipocresía y el simulacro son su indudable lugar común.

*Sociólogo, periodista y ex teniente de artillería (1965-1970)

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