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¿Qué hacemos después del orgasmo?

No solo el sexo habla del estado de conexión o desconexión de una pareja, sino la actitud que se tiene después de hacerlo. ¿Es distinto para hombres y mujeres? ¿Cuáles son las actitudes más molestas? ¿Qué tics, manías o desconsideraciones se despiertan?

“Terminamos, se higieniza, beso de buenas noches y a dormir”, dice ella; él responde con cara de fastidio: “siempre insatisfecha… ¿no te hice tocar el cielo con las manos? Bueno, de una vez por todas acostumbrate a la caída”. Este relato de una sesión de terapia de pareja expone las diferencias y las necesidades individuales que suelen aparecer después del coito. Además, pone en evidencia que el encuentro sexual se extiende en un recupero fisiológico y emocional luego del orgasmo. Así como las formas de iniciar el cortejo erótico tienden a repetirse, también al finalizar la relación sexual lleva a conductas rígidas que se establecen como una costumbre, a veces con reclamos de una de las partes, otras con resignación y en algunos casos, con la esperanza de un cambio.

Diferencias según el género

La fisiología en esta fase de resolución (postorgasmo) marca algunas diferencias de género, pero de ninguna manera debe tomarse como una condición única. En los hombres, la caída brusca de testosterona, dopamina y el incremento de serotonina provoca un estado de relajación, somnolencia o la necesidad de levantarse de la cama y cambiar de actividad. Se denomina “periodo refractario” a esta etapa en la que “refractan” nuevos estímulos sexuales. El período refractario se extiende con la edad: corto en los jóvenes, más prolongados en los hombres adultos. En las mujeres, los niveles de oxitocina (hormona del apego) se sostienen más tiempo, generando la necesidad de continuar abrazados, disfrutando del momento.

Cuando la rutina avanza

Como la mayoría de las conductas humanas, las sexuales tienden volverse rutinarias y lo mejor que puede suceder es que surja el interés individual o de pareja para plantear el tema e introducir cambios. Nada se modifica sin preguntarse primero qué está pasando, sin sacudir la monotonía para que entre un poco de aire fresco. El deseo no aparece si no se lo ayuda con acciones, gestos que lo detonen e incremente. El recuerdo de una buena relación sexual que incluya el permanecer juntos, abrazados, hablando, compartiendo un trago, escuchando música, etc., será un buen aliado a la hora de recuperar el deseo.

Muchas veces las parejas dan por sentado que el comportamiento postcoito “es como en la mayoría de las personas” y no se lo cuestionan, sin embargo cada vez se escuchan más reclamos sobre todo de las mujeres que se animan a romper con lo establecido. Una mujer que se “queda esperando un poco más” puede sentir que su compañero solo cumplió con un acto fisiológico, especie de “descarga” que, aunque placentera para ambos, es vivida luego como un acto egoísta. Otras se sienten insatisfechas, con ganas seguir compartiendo el momento, comentando lo sucedido o hablando de cuestiones de la pareja. En los tiempos que vivimos, llenos de corridas y responsabilidades por cumplir, el espacio para el encuentro desempeña un papel fundamental a la hora de comunicar cuestiones más profundas. El contacto erógeno crea un discurso de confianza corporal adecuado para que luego se convierta en un relato, un decir sincero que solo se puede expresar en la intimidad.

Disforia postcoito

Se denomina euforia postcoital a malestar anímico que aparece luego del orgasmo y que puede durar unas horas hasta que cede gradualmente. Los síntomas incluyen irritabilidad, angustia, sensación de vacío, intranquilidad, etc. No se sabe a ciencia cierta el motivo de este estado de angustia transitoria, se cree que podría responder a causas hormonales. Es importante en este caso descartar la sensación de frustración por no haber llegado al orgasmo o temas relacionados con conflictos vinculares.

¿Cuáles son las conductas más molestas luego del orgasmo?

* Darse vuelta y dormir.

* No higienizarse.

* Vestirse rápidamente.

* Levantarse y mirar el celular.

* Encender la TV o la computadora.

* Hablar de otro tema como si nada hubiera sucedido.

* Poner cara de enfado y no decir nada.

* Abrir enseguida la puerta del cuarto (cuando hay chicos).

* Limpiar la cama o el lugar del encuentro apenas terminada la relación.

* Ponerse “empalagoso” y no dejar que el otro se tome unos segundos de relax.

Por el doctor  Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo para EntreMujeres