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Pierre Salama: “La pandemia precipitó la crisis en América Latina, no la provocó”

El economista estima que la crisis ya estaba en marcha en la región en 2019.

América Latina es una de las regiones más afectadas por el coronavirus. Sin embargo, la crisis que afecta a la región no puede comprenderse sin tener presente la fragilidad económica y social que precedió la llegada del virus. “La pandemia no ha golpeado un cuerpo sano”, escribe Pierre Salama, experto en la región, en su más reciente publicación ‘Contagio viral, contagio económico, riesgos políticos en América Latina’, publicado por la editorial ‘Le Croquant’.

La mayoría de países de la región, particularmente los de Sudamérica, sufren un proceso de reprimarización de la producción; son muy dependientes del mercado mundial ya que no cuentan con una verdadera estrategia de política industrial, y su participación en las cadenas de producción, así como en el comercio intrarregional, es muy baja, destaca Salama.

El autor derriba el mito de países emergentes. Para el economista, ni Brasil, ni México, ni otro país de la región compiten realmente con los países que han logrado “salir del subdesarrollo”.

Los países latinoamericanos, cuando se les analiza “en el largo plazo no son países emergentes”, es decir, no logran acercarse al Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos, situación muy distinta a la que viven los países asiáticos y en particular China, que logró crecer en “los últimos 40 años”.

Por si fuera poco, los países de América Latina dedican una parte ínfima del Producto Interno Bruto (PIB) a la innovación. En 2016, Corea del Sur dedicó a este sector el 4,1 % de su PIB; China el 2,1 % y Alemania y Estados Unidos le dedicaron el 2,9 % a investigación y desarrollo. Por su parte, Argentina le dedicó un 0,6 % y Brasil poco más del 1 %. Cifras mínimas cuando se trata de crear vacunas y prepararse para nuevas epidemias.

“Están pasando de lado de la revolución tecnológica en marcha, no tienen capacidad para producir nuevas tecnologías, son países completamente dependientes de ellas. Y mañana será peor, pues podrán usarlas, pero no producirlas, lo que traerá más informalidad del trabajo y polarización social”, precisa Pierre Salama.

El horizonte de su superación no se anuncia fácil, porque “los pobres pagan un precio demasiado alto, no hay movilidad social y la pobreza es extrema”. Pero el investigador apunta a que “la pandemia puede ser una oportunidad para cambiar los problemas estructurales” y evitar así la tentación de “las soluciones autoritarias” a largo plazo.