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Obama, el publicista de Macri

Un plan de marketing de gran impacto pero con irremediables limitaciones.

Barack Obama desplegó en Buenos Aires un catálogo de elogios sobre la administración de Mauricio Macri. Le adjudicó el título de líder regional y sobre todo volcó un sorprendente respaldo sobre sus primeros 100 días de gestión. El presidente de los Estados Unidos dijo estar “impresionado”. Así quedó el auditorio local: como si fuera su publicista, Obama resaltó los logros de un gobierno que recién se inicia, que aún representa una promesa para el electorado que lo llevó a la Casa Rosada.

La proximidad del cierre del juicio con los fondos buitre, la eliminación de las restricciones cambiarias, el reconocimiento de los atrasos tarifarios y su ajuste, las modificaciones arancelarias para la producción agropecuaria, son medidas que la Casa Blanca celebra porque representan un desplazamiento hacia una economía abierta y de “reglas claras”.

Nadie había hecho tanto hasta ahora para reproducir el discurso de optimismo que pregona Macri como parte de su principal meta a corto plazo: lograr confianza para atraer inversiones, reactivar el mercado de trabajo y estimular al consumo interno.

“Su visita ocurre en el momento perfecto en que los argentinos hemos aprendido que queremos construir relaciones sensatas con todos los países del mundo y basados en tres compromisos fundamentales: diálogo, beneficio mutuo y responsabilidades compartidas”, resumió Macri su agradecimiento en la cena de honor que le ofreció a su invitado.

La contracara del optimismo es la inflación y la caída en el nivel de empleo. El Gobierno promete que los precios comenzarán a bajar en el segundo semestre. Y recién habrá creación de nuevos puestos de trabajo en el sector privado cuando se recupere el consumo y, más tarde, cuando impacten las prometidas inversiones.

Obama se entusiasma con las promesas. Los consumidores locales piden resultados.

El caso argentino le permite a Obama cerrar la idea que expresó en La Habana: “El futuro de Cuba debe estar en manos del pueblo cubano”. Es decir, en un sistema de partidos políticos con elecciones libres.

La Casa Blanca identifica en Macri el paradigma de una transición ideológica dentro de las reglas democráticas. Sin dudas, el perfil dialoguista de Cambiemos, frente al estilo de la confrontación K, es clave para construir esa imagen. “Estados Unidos está listo para colaborar con la Argentina”, ratificó Obama. Al parecer, antes no lo estaba.

La oposición peronista ha contribuido tanto como el Gobierno al entusiasmo estadounidense. Su participación en el debate de la ley que requirió el gobierno para sellar el capítulo con los buitres fue clave.

Obama como vocero de la confianza macrista trata de revertir la imagen que el Departamento de Estado había contribuido a crear en el mundo financiero. En su declaración sobre el clima de negocios en la Argentina de mayo de 2015, la oficina comercial estadounidense destacaba que las restricciones del Banco Central para operar con divisas “limita la posibilidad de una compañía o inversos de remesar utilidades, dividendos o invertir fuera del país”. La otra debilidad argentina que indicaba el paper era el creciente nivel de corrupción con un sistema judicial permeable al poder político.

En ese documento, ya vislumbraban cambios a mediano y largo plazo. Aunque nadie imaginaba entonces que el entusiasmo llegaría al punto de una visita de Estado.

Como suele ocurrir en un país dividido por grietas de todos las profundidades, la presencia de Obama generó reacciones de los más contradictorias ante los mismos episodios. Basta con advertir los análisis sobre la “fuerte autocrítica” o la “no crítica” que hizo el Presidente sobre la responsabilidad de los Estados Unidos en las dictaduras militares latinoamericanas sobre los años 70.

Pero en los planes de la Casa Rosada no figuraba como objetivo “unir a los argentinos” en torno a la figura de Obama. Sino proyectar la imagen de la Argentina como un país para hacer negocios. El Presidente de los Estados Unidos se convirtió en el principal promotor del proyecto macrista.

Un plan de marketing de gran impacto pero con irremediables limitaciones: a Obama le quedan solo 10 meses en el cargo.

Por D