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No puede

La vice no logra asumir el rol que ella misma se dio. En La Plata, volvió a debilitar al presidente que inventó.

Con una jugada tan genial y sorpresiva que rompió en mil pedazos el tablero político hasta entonces conocido, permitió el final del ciclo catastrófico del macrismo en la Casa Rosada y resolvió la ecuación aparentemente imposible del peronismo 2015/2019 (con ella sola no alcanzaba, pero sin ella no había ni para empezar), Cristina Fernández de Kirchner le dio vida a un Frankenstein impensado: Alberto Fernández presidente. Desde que la criatura asumió, hace ya un año, la vice se ha encargado de debilitarla. Este viernes, en La Plata, lo hizo de nuevo. ¿Real malicia? ¿Decepción? ¿Incontinencia de poder?

Está demostrado: la expresidenta no puede asumir el rol que ella misma se dio cuando eligió el segundo término de la fórmula presidencial. Era perfecta la escenografía montada con cuidado por algún cráneo de la coalición peronista en el ahora Estadio Ciudad de La Plata Diego Armando Maradona: el Frente de Todos estaba unido. Esa era la joda: a un año de andar gobernando a los tumbos entre calamidades heredadas, infortunios universales, errores no forzados y desavenencias internas, la alianza se presentaba decidida a consolidarse en las urnas del año que viene. ¿De qué había que hablar, entonces, en ese teatro de la unidad? ¿De unidad? Y sí. Pues no: ella no puede. No puede parar.

“Les digo a todos y a todas: aquellos que tengan miedo o que no se animen, por favor, hay otras ocupaciones además de ser ministros, ministras, legisladores, legisladoras. Vayan a buscar otro laburo.”

¡Zas! La vice lanzaba la temporada II del suceso “Funcionarios que no funcionan”, anticipaba el vendaval que azotaría la madrugada y el decorado de la unidad volaba por los aires. ¿Un exabrupto? ¿Un rapto? ¿Un lapsus? Nada de eso. Incontinencia planificada:

¿Importa por qué dijo eso que dijo? Nada. Dijo eso y lo demás no importa nada.

Resultado inevitable, cantado, más fácil que la tabla del 1: nadie habla de unidad, al menos de la que se imaginó algún cráneo de la coalición. Dos botones de muestra:

“El verdadero acto por un año de gestión: Alberto Fernández buscó mostrar unidad y CFK volvió a marcar la cancha”, tituló Infobae.

“Cristina, guardiana del modelo: avisa y después dispara”, dijo Clarín y amplió: “La vicepresidenta marca en público las pautas que debe seguir el Gobierno (NdR: en privado, donde acaso sería más prudente marcar lo que marca, no se habla con el presidente que inventó): jubilaciones, precios, tarifas, salarios y sistema de salud. Primero pidió correcciones en el equipo y ahora ya reclama renuncias”.

¿Es esperable que InfobaeClarín y otros ejércitos de la alianza por el periodismo de guerra antiperonista se pierdan ese caramelito? ¿Por qué, entonces, tanto caramelito gratis? El primero se lo regalan, el segundo también y el tercero, el cuarto y dale que va.

Resultado (aparentemente) inevitable II: al día siguiente, el 1 tapando los cráteres que abre la 2 a pura bomba. Método conocido: entrevista en El Aclare Radio. Con tal de evitar que sigan diciendo que CFK tiene su propia agenda, compra la de ella. O jura, jura y vuelve a jurar que está todo piola. “Nada va a quebrar mi amistad con Cristina”. Y aclara para que siga oscureciendo: “El objetivo del acto era disipar las dudas”. ¿Es nesario hablar de ciertas cosas, como cuando, hace demasiado poco, dijo que en su primer año de gobierno no hizo lo que esperaban de él? ¿Es nesario?

Resultado III: barbaridades en Twitter que mejor no reproducir y producen daños potencialmente irreparables en la imagen presidencial. La hinchada de ultras, de un lado y del otro, pide más, más sangre, y que a los tibios los vomiten.

También volvió a hablar Duhalde, el Zabeca de Banfield, que de psicótico tiene tanto como este cronista de experto en resonancias magnéticas. “Parece que le gusta que lo maltraten a Alberto Fernández”. Que se sepa, no hay comprobación científica que avale semejante afirmación. Lo que sí hay es una duda que mata y no fortalece al Presidente: ¿por qué que la madre de la criatura maltrata tanto a su pequeño Frankenstein? ¿Por qué, si cree que hace todo mal o algunas cosas mal, le aplica el correctivo adelante de toda la parentela? ¿Real malicia? ¿Decepción? ¿Incontinencia de poder?

Por Juan Rezzano – Letra P