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Moyano, el mionca, Tinelli, Segura y “Veo gente muerta’” Por Hugo Asch

El chico de Sexto Sentido y un diálogo con Julio Grondona sobre el futuro de la AFA. El fútbol es un enorme negocio, pero los que se benefician jamás son los clubes.

“El sentido común es ese hombrecito de traje gris que nunca se equivoca al sumar. Pero casualmente siempre hace sus cálculos con el dinero de los demás”Philip Marlowe en “Playback” (1958), Raymond Chandler (1900-1959).  

Es curioso que un país históricamente habituado a ganar títulos con sus clubes y selecciones en todo el mundo llegue tan apichonado a buscar el milagro de quedarse con el Mundial de Clubes frente a este Barcelona, uno de los mejores de la historia. El año pasado San Lorenzo no quiso exponerse frente al Madrid y logró un módico 0-2.

Durante el último semestre del año pasado, River y el Barça vivían realidades opuestas. Gallardo había alcanzado un nivel de juego estético, muy efectivo, y el Barça aún sufría  después un annus horribilis, con la Décima Champions en la Casa Blanca y el Aleti de Simeone campeón de Liga. Otra historia hubiera sido si jugaban entonces.

Este año, volvieron. Y cómo. Una máquina precisa, estética, con rápida recuperación –no hay equipo en el mundo que lo haga mejor–, circulación de balón y un Power Trío letal: Messi-Suárez-Neymar. Uf. Por lo que cuento, no hay chances, ¿no? Pues menos las tenían los uruguayos en el Maracaná, 1950, 0-1 con fiesta en las tribunas, hasta que Obdulio Varela apretó la pelota contra el pecho y caminó hacia el medio gritándoles a los suyos: “¡Los de afuera son de palo, que no ni no; y ahora se lo vamos a ganar! Y ganaron. Es que cuando la mente…

—Qué aburrido que está, Asch… Pero lo entiendo. Lindo lío tiene hoy, eh. Mucho bla, bla, pero los lectores verán el partido primero y después leerán. Qué peligro eso, ji, ji… Nada personal, ¿eh?

—Son los riesgos de esta profesión. ¡Ningún partido se juega a las fucking 7 de la mañana, maldito mundo globalizado! Y vos, Cole… ¿Cómo entraste a la redacción? ¡Y por qué no crecés nunca, eh…!

—Ah, no sé. Véalo en su análisis. Tranquilícese, por favor. Tengo algo que confesarle.

–Lo sé. Meté tu bocadillo.

–Veo gente muerta.

Cole es Cole Sear, el chico que volvía loca a su mamá en Sexto sentido (1999), dirigida por M. Night Shyamalan y protagonizada por Bruce Willis, porque veía y hablaba con los muertos. En 2011 me visitó luego de la horrible Copa América de la Selección de Batista: era fan de ese equipo. Desde su lógica, comprensible. Pasaron los años y él igual, empecinado en sus dulces ocho añitos.

—Me encontré con Don Julio y charlamos. ¿Le cuento?

—¿Sí? ¡Contame todo! ¡Este es mi chico! ¿Qué dijo sobre el despelote que dejó?

Cole tiembla un poco y mira para ambos costados antes de hablar en tono muy tenue. Se lo marcaron así en la peli y no sale de eso. Hay que hacer silencio para oírlo bien.

—Dijo… Ehm. No sé si se pueden decir algunas
palabras.

—Hablá. No hay problema.

—Dice que son una manga de pelotudos. Todos. Que no saben negociar; que se mueven como un elefante en una cristalería, que dejan los dedos pegados en todos lados. Quiere darles una patada en el culo a todos.

—No estaría mal.

—Hubo traidores, ventajeros que con su cuerpo aún tibio ya peleaban por un puesto. Otros, que eran sus pollos y se abrieron. Dice que es su culpa.

—¿Por eso sus hijos están con Tinelli?

—Le pregunté, suspiró y no dijo ni mu.

—Viejo zorro. Sabe que Tinelli ya tiene el paper de Segura sobre contratos, sponsors, caja, seguridad, deudas, marketing, dinero de la televisión, relación con la FIFA y la Conmebol y dará su opinión. Esta transición es para ganar tiempo. ¡Hagan lo que quieran pero arreglen!, les dijeron.

—Moyano quiere más plata del Gobierno y está como loco. En cualquier momento se sube al camión y…

—¿Qué? ¿Moyano sabe manejar camiones? ¡Qué exótico! ¿Le dolió a Don Julio que partieran en dos su torneo de 30?

—Nah… Dice que no está tan mal cambiar una de 30 por dos de 15. Je, je.

—¿Será consciente de que si hoy viviera estaría en la cárcel?

—No me hable de metafísica que soy un niño. Dicen que sí. Pero mire si daba el batacazo y era él y no Blatter el postulado por Putin para el Premio Nobel de la Paz! ¡Increíble!

—Increíble es… poco.

—Don Julio siempre se rió de las denuncias. Y mire que tuvo un montón. Nunca perdió la calma. Se lo ve igual.

–Era su gran virtud. Así formó un rizoma de lealtades internas y externas entrelazadas que lo protegía a él y a su sistema. Por eso siempre se sintió invulnerable. ¿Qué dice de los Jinkis y Burzaco?

—No le gusta meterse en los negocios ajenos. Que los manejen a su mejor saber y entender, repite…

—A pura chequera y cometas.

Cole me alcanza un recorte de diario de principios de 2013 con una frase de Grondona, cuando amagaba con su salida y buscaba a su delfín luego de las patinadas de Meiszner, Portell y Lerche. Los nombres se repetían. Raffaini, de Vélez, Marón, de Lanús. “En esta casa hay mucha gente buena, capaz, que puede entrar tranquilamente porque afortunadamente los recursos fijos que la AFA ya tiene de aquí al año 2022 están completamente cubiertos”.

—¿En serio? Mmm… No parece. ¿Te dio números?

—Tuvo la prudencia de no hacerlo, Asch. El fútbol es un enorme negocio, pero  los que se benefician jamás son los clubes. Por cada $ 1 que entra a un club, otros sectores ganan $ 3,7. ¿Qué le parece? A los clubes apenas llega un 20% de lo genera el fútbol. La mayoría sueña con solucionarlo todo con una buena venta en divisas al exterior, pero juntas esas operaciones representan el 7% de los ingresos. Nada. Cuando los contadores revisan la facturación, notan que son los socios los que más ingresos generan. Por sobre los de la televisación, marketing, auspiciantes, pases al exterior. Necesitan dar vuelta esa torta de manera urgente. Y que nadie se quede con lo que no debe.

—Ojalá puedan, aunque con ese plantel… Por cierto, Cole: ¿de dónde sacaste tanta data, vos que tenés menos fútbol que Para Ti?

—Tengo amigos en la Facultad de Economía, donde hicieron un estudio sobre fútbol hace un par de años. Y además…

—¿Qué?

—Veo gente muerta, Asch. Y a algunos vivos también.