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María Rosa Fugazot: “El único poder en el que creo es el del afecto”

La actriz que protagoniza “La casa de Bernarda Alba” le confesó a la periodista Marina Zucchi que “Hay cosas que no puedo descargar, y descargan mis personajes”.

¿Sentís una reivindicación artística en los últimos años? ¿Se hizo justicia con tu presente laboral?

Honestamente no lo sé. Sólo sé que en mi carrera fui haciendo lo que me gustaba, aunque a veces por necesidad hice lo que me tocaba o caía en mano. Pero sigo sintiendo la misma pasión del principio. Estoy viviendo un momento maravilloso con La casa de Bernarda Alba.

¿Qué tenés de Bernarda Alba? ¿En qué punto se conectan? 

En realidad no tiene nada de mí. Soy su antítesis. Ella es dura, es seca, mandona y su gran angustia es la pérdida del poder, lo que le genera desesperación.

¿Y tu relación con el poder cómo es? ¿Cuándo te sentiste más poderosa?

El único poder en el que creo es el del afecto. El mejor poder se ejerce a través del cariño. Mis maestros, por ejemplo, ninguno fue blando conmigo y me hicieron respetarlos. Yo, poderosa no me siento nunca. Cuando fui madre, me sentí poderosísima. El único momento en que sentí que era un ser elegido. Un poder especial fue haber visto salir ese nene de mí. Haberlo visto berrear sin que le pegaran. He priorizado la maternidad por encima de todo. Fundamentalmente, nací mamá. Por eso me dicen “Mami” todos. Es notorio en mí que lo que me importa es criar. Criar a gente joven. A mis hijos de 44 y 55, todavía los estoy criando. Y mis alumnos me dicen “Mami”.

¿Tus alumnos te dicen “Mami”?

Todos me dicen Mami. Soy mamá de todos. Mi abuela fue la mamá de todos, así que cuando murió mi abuela, mamá se metió a la cama, no se quería levantar, y yo tuve que decirle: “Mamá, soy yo la que tengo 16”. El problema es que yo me dejo cuidar poco. No es bueno ser la madre del hombre que amás. Por eso se terminan yendo. Siento que los hombres me han amado más como mamá, como compañera y amiga, que como mujer.

¿Estás arrepentida?

Me faltó a mí valorarme. No me di cuenta. Pero no es un reproche hacia ellos, ni hacia mí. Cuando lo aprendés, te morís. Ya está. No quiero volver a empezar, tener pareja otra vez se me hace cuesta arriba. Me faltó bañar a los hombres. Así fui, y ya no quisiera cuidar a alguien otra vez.

¿Te respondiste ya qué sentido tiene actuar?

Es que yo quise ser médica y no pude. Me dio un ataque y le dije a mi papá que iba a ser patóloga forense. Puso el grito en el cielo hasta que un día me presenté en un teatro y me tomaron. Mi papá, por supuesto, no me habló durante un mes. Hoy me doy cuenta de que crear es una parte mía importante. Salir de mí para ser otra persona me hace bien. Hay cosas que no puedo descargar y las descargan los personajes. Por ejemplo: hace mucho que no puedo llorar. Un día me sequé y no lloré más.

¿Cuánto hace que no llorás?

Fácil, hace diez años que no puedo llorar. No sé por qué. Me cuesta.

¿Estás como blindada emocionalmente?

No sé. Se me corta el llanto. Se me llenan los ojos de lágrimas y ahí quedo. Salir y desgarrarme como Bernarda Alba me ayuda. Pero bueno, es Bernarda la que se desgarra, no yo. Creo que tendría que hacer una sesión psiquiátrica. Pobre el que me agarre a mí, va a decir: “¿Esta loca de dónde salió?”. Soy de sentarme a analizar mucho. Y si algo malo me ha pasado, le he encontrado la punta del porqué. Entender y aceptar me mantuvo sana. Pero por qué no puedo llorar sigue siendo incomprensible.

Llevás la edad con mucha naturalidad (73) en un medio en el que cientos de colegas optan por el bisturí. ¿Te tentó alguna vez operarte?

Lo único que me saqué fue la panza, porque tenía siete kilos de más. Pero mi cara es ésta. Se me está cayendo, pero tengo pánico de despertarme y pensar: ¿Y ésta quién es? Me angustia. ¿No se dan cuenta esas mujeres de que ya no son ellas? Tengo pánico a que me quieran levantar de un lado y me cambien la expresión.

Temporada en Carlos Paz. Pese a tu perfil, ¿tenés miedo de quedar en el medio de algún escándalo sin buscarlo?

No. En eso soy antigua: la privacidad es intocable. Cuando tuvimos temporada con Carmencita Barbieri, intentaron remontar un tema de 30 años y preguntaban: “¿Qué sentís que ella te sacó a Santiago Bal?”. ¡No me acuerdo lo que hice ayer y voy a ir tan atrás! Dos veces me quedé en la calle. Con el corralito, perdí como 12 mil dólares, me quedé sin trabajo. Salí a flote. Desde los 15 años empecé a trabajar. Cuando me quedaba sin trabajo, iba a un lugar donde hacían calzones y me daban tres pesos por coser puntillas y los bordes de calzones. Los 73 años de mi vida fueron así, laburando siempre. Soy una laburante.