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Marcos Aguinis: “El kirchnerismo está terminado. Es el peronismo mismo quien se va a ocupar de enterrarlo”

En un mano a mano con la periodista  por Micaela Pérez de 3Días, el escritor reafirma su mirada hipercrítica sobre la herencia kirchnerista. Reniega del clima autoritario que, asegura, se respiró durante ese período y sostiene que con la llegada de Mauricio Macri a la Presidencia, la Argentina comenzó a recuperar la república. Cristina, el PJ que viene y su confianza en el esclarecimiento del caso Nisman.

Su marcada prédica anti K lo llevó muchas veces a situarse en el eje de la polémica durante la larga década del kirchnerismo en el poder. Pero a Marcos Aguinis no le tembló la voz ni la pluma a la hora de fijar posición sobre la Argentina de los Kirchner y retratarla, incluso, de manera descarnada en algunos de sus libros, publicados en estos años con gran éxito editorial.

Con la llegada a la Presidencia de Mauricio Macri, a quien brindó público apoyo durante la campaña junto a un grupo de más de 200 intelectuales, artistas y periodistas, su nombre circuló como posible reemplazante de Horacio González al frente de la Biblioteca Nacional (finalmente asumió allí está semana el escritor Alberto Manguel), pero él hizo saber que no estaba interesado en ocupar un cargo oficial.En una entrevista con 3Días en el cierre del año, repasa la herencia kirchnerista y se muestra esperanzado con el inicio de un nuevo tiempo en el que aspira, dice, a recuperar la república.

Termina el año y con él se despide un ciclo político que dividió aguas entre los argentinos. ¿Cuál es el legado que deja la década K?

– Son 12 años, un período muy largo. Ha sido una década que tuvo bastante inspiración en usar palabras que no sabemos bien a qué se refieren. Cuando hablan de “modelo”, “proyecto”, “década ganada…”, uno esboza una sonrisa triste, porque todo eso suena a mentira. El modelo, ¿en qué consistía? En que un grupo logra hacerse dueño del poder y en nombre del pueblo, al que evidentemente no representa, se enriquece de una manera desproporcionada, sin paralelo en toda la historia argentina, y manipula a la opinión pública de una manera absolutamente indecente. Pero felizmente la sociedad llegó a un punto en que se cansó, y entonces se produjo este resultado electoral notable. Por un lado, la coalición de Cambiemos, donde un partido radical, al que le cuesta hacer alianzas con otros partidos, aceptó integrarse, y un partido nuevo que tiene poca experiencia en este tipo de lides, pudo unirse con ellos y junto con la presencia de Lilita Carrió, que jugó un papel que debemos agradecer, y Ernesto Sanz, consigue que se forme esta coalición que finalmente ganó las elecciones.

De todos modos, la sociedad sigue partida. El kirchnerismo mostró que conserva un apoyo considerable en la población…

– Hay algunos datos que menciona la calle, y es que el porcentaje con el cual ganó Cambiemos ha sido más alto que lo que salió finalmente, porque ya se habían escrutado más de la mitad de las urnas y Macri tenía una ventaja de 7 u 8 puntos, no es posible que la otra mitad haya significado un vuelco tan notable…

Sin embargo, Macri minimizó este tema: dijo que posiblemente mucha gente se vio influenciada por la campaña del miedo que llevó adelante el FpV y en los boca de urna, por vergüenza, mintió diciendo que lo votó cuando en realidad lo había hecho por Scioli…

– A mí me sorprendió esa respuesta de Macri, pero después me dio como una suerte de placer darme cuenta de que Macri, a quien yo no considero un político de raza, sino que viene de la empresa, del deporte, mostró ahí cualidades políticas: porque en ese momento ya no importaba si eran dos, tres o cuatro puntos más, él gano las elecciones, y lo que él se fijó en el centro de su cabeza es la gobernabilidad: empezar desde el comienzo con una disputa menor sobre ese punto iba a generar un clima, que es el que usó siempre el kirchnerismo, el del enfrentamiento interno. Lo quiso evitar.

Arrancó con gestos significativos: las reunión con los ex candidatos, la cita con gobernadores en Olivos, apertura a la prensa… cosas que deberían ser normales y fueron vistas como “extraordinarias”. ¿Dejó la vara demasiado baja el kirchnerismo para que a Macri lo aplaudan por cuestiones tan elementales?

– Han sido 12 años de un autoritarismo destemplado, extremo, y cada vez se hacía más intenso, especialmente por la actitud soberbia de Cristina, mucho menos hábil que Néstor, porque ella se sentía la emperatriz, y eso llevó, incluso, a que cuando hacía anuncios oficiales, en esos “monólogos”, ni siquiera saludara a los gobernadores; un desprecio total. Uno recuerda como se comportó en Harvard, burlándose de los estudiantes, cuando dijo “estamos en Harvard, no en La Matanza”, con una expresión semejante, nos damos cuenta que ella despreciaba al país y lo usaba como su cuenta personal, de su propiedad.

¿Cuál fue, a su juicio, el cambio cultural que produjo el kirchnerismo?

– Fue una suerte de regresión al clima autoritario que hemos vivido durante las dictaduras, donde la sociedad se resigna, aprende a callarse, no dice lo que siente y piensa, tiene miedo de expresarse con fuerza y está resignada, deja que las cosas vayan marchando. No nos olvidemos que en la dictadura, cuando desaparecía alguien, la expresión más común era “por algo será”, una expresión de resignación, no es que lo aprobaba pero…

¿Cuál cree que es la marca de esta época?

– Un poco lo que decía, una época de autoritarismo, de involución en los valores de la democracia. Nos acostumbramos a tener un Congreso que era una escribanía, un poder judicial muy condicionado, porque tenemos que reconocer que hay algunos pocos fiscales, unos pocos jueces, que revelaron un coraje heroico, pero son muy pocos. La mayoría fue como resignándose, y eso se ve con el caso Nisman. Yo me pregunto, no sé si estoy equivocado o no, pero la jueza Palmaghini supongo que esperó este momento para apartarla a la fiscal Fein de la causa, porque sabía que si lo hacía antes las cosas no iban a mejorar porque seguía trabada por el clima general que existía en ese momento en contra de Nisman. De modo que la Justicia también estuvo muy retraída, ineficiente y generaba una sensación en la sociedad de desesperación. En esos años yo publiqué varios libros sobre Argentina, y cada uno era peor que el otro: Un país de novela, El atroz encanto de ser argentinos I, El atroz encanto de ser argentinos II, ¿Qué hacer? Pobre patria mía!, que fue el libro más vendido de 2009, durísimo, pero durante la década la sociedad estaba alienada y se usó el soborno de la limosna, que es muy negativo.

¿A qué se refiere?

– El subsidio es en el fondo una limosna, porque para que no sea limosna tiene que ser breve para superar una instancia urgente y facilitar la superación de esa etapa. En cambio, el subsidio eterno no es una conquista social, ése es un método para mantener la esclavitud, porque el que tiene subsidio empieza a conformarse con eso y no busca otra cosa por temor a perderlo. Es un método perverso de conchabo, como pasa con la trata de blancas, cuando a una chica la empiezan a meter en ese negocio y tiene para comer, sobrevivir y atender un hijo, dice, bueno, sigo acá.

Hay un sector social, sobre todo de la juventud que se dejó “seducir” genuinamente por el kirchnerismo, que “compró” el denominado relato. ¿Puede desmantelarse fácilmente el relato kirchnerista?

– De un día para el otro, no, a pesar de que Macri comenzó muy bien su gestión con medidas antikirchneristas muy sonoras, como fue el encuentro con gobernadores, opositores, levantar el cepo, del cual se hablaba tanto y parecía que era la revolución de Mayo. Ahora fue al Mercosur a enfrentar al elemento más degradante del populismo latinoamericano, que es Venezuela, con presos políticos, una situación que es indigno que la gente no se rebele en forma masiva. Aquí nos encontramos con organizaciones que defienden los derechos humanos, la democracia, y se callan la boca ante semejante agravio. ¿Hablamos de defender los derechos humanos de hace 40 años? ¿Y los que se violan ahora? Yo le pedí a Estela de Carlotto que me ayudara a sacar a Hilda Molina de Cuba y me dio vuelta la cara. Es muy fácil bajar el cuadro de Videla o hablar de los militares que fueron criminales hace 30 ó 40 años. Hablemos de los criminales de ahora.

Todo está teñido por la ideología…

– Está muy bien que digamos que está la ideología de por medio porque, la actual canciller, que es una mujer muy formada, con gran experiencia, dijo algo que a mí no me convenció: “Tenemos que desideologizar la política exterior”. Yo no estoy de acuerdo con eso: nosotros estamos con una ideología pro democracia, pro derechos humanos, pro justicia social, pro libertad de expresión. Mi ideología significa defender esos valores. Yo no puedo decir que para mí es lo mismo Corea del Norte que Holanda, estoy con uno y no con otro; estoy con la civilización y no con el terrorismo; con la paz y no con la guerra. No es todo lo mismo.

Usted decía al principio que Macri no es un político de raza, es un hombre de gestión, y quizá le falte llenar de política su gobierno…

– Todavía falta, Macri lidera un partido muy joven, cuya gran experiencia fue la ciudad de Buenos Aires y nada más. Quizá eso en un país como la Argentina, con tantos recursos, no solo naturales sino humanos, la gestión pueda significar un cambio de clima, que eso libere las fuerzas de la inteligencia que el país tiene, que están como dormidas o asustadas.

¿Qué va a pasar en el campo intelectual, donde hubo una gran divisoria de aguas entre el espacio de Carta Abierta, que defendía a ultranza al kirchnerismo, y otro grupo muy crítico donde se encontraba usted?

– Estamos recuperando el clima de la república del cual nos habíamos apartado mucho, y el clima de la república significa que las cosas no son de un solo color ni van en una sola dirección, sino que es un juego iridiscente de tendencias múltiples que acuerdan, desacuerdan, se acomodan y van buscando las formas de soluciones superadoras. Vamos a tener peleas en el Congreso, no hay mayoría absoluta, hay que negociar todo, el Presidente ha revelado comprender esto cuando dio marcha atrás con la designación de los jueces de la Corte, relativa, pero una marcha atrás.

Fue una medida difícil de entender. Macri sabía que las formas no dan lo mismo después del kirchnerismo. ¿Se equivocó políticamente aunque haya actuado dentro de la legalidad?

– Diría que fue errónea (la decisión), pero yo no le echaría la culpa a Macri, porque él no es un abogado, sino a los asesores jurídicos que él tiene, que no le dijeron esto que proponemos es legal, pero choca un poco con el espíritu de democracia y de república que se quiere llevar adelante. No es el camino ideal, creo que la mala suerte que tuvo Macri es que no lo tenía en ese momento a Sanz, que es el político y el abogado que le podría haber advertido.

Una versión dice que la medida la tomó por consejo de Sanz, precisamente…

– Me cuesta creerlo. El hecho de que Macri diera marcha atrás ya es un signo muy positivo al que estamos desacostumbrados y lo peligroso es que eso se tome como debilidad. Eso es república, se corrige, se mejora, se negocia.

Macri también carga con el estigma, injusto o no, que lo emparenta con la frivolidad… ¿Le hizo ruido su presencia en el programa de Susana Giménez?

– Me hizo ruido el ex candidato a gobernador de Santa Fe (N de R: por Miguel Del Sel, quien acompañó al presidente al programa y se dedicó a intercambiar bromas con la conductora). No es el lenguaje con el que tiene que expresarse un político, si él está actuando como cómico, le acepto todo, pero ahí no es así. Pero decir que Macri es un frívolo… no. También se ha dicho que es un vago y es lo contrario, es un trabajador hiperactivo, está desde la madrugada trabajando. ¿Frívolo porque fue al programa de Mirtha Legrand? Son programas muy vistos, o el de Susana Giménez… La pregunta que uno haría es ¿por qué no fue Cristina a esos programas, si Cristina es mucho más actriz que Macri? Las cadenas que hacía son de una actriz, la voz impostada, sufriente, alterada por el dolor, ¡Es una actriz total! Lástima que no es buena política y no es democrática para nada; además es una mujer muy resentida.

¿Se la imagina reapareciendo a CFK como jefa del peronismo?

– Me cuesta creerlo. Los peronistas tienen mucha historia, son muy hábiles políticamente y no creo que ellos se dejen entrampar otra vez. Ellos han sufrido a Cristina, en gran medida, porque los ha maltratado, los ha sometido, creo que el peronismo va a luchar contra ella. Ella, por supuesto, va a seguir pero, ¿quién es su tropa? ¿Máximo?

Pero tiene votos…

– Por ahora. Tiene votos y esa cualidad histriónica que no tienen los otros. Dirigentes capaces como Urtubey, Massa, que hablan muy bien, son jóvenes, pero la capacidad histriónica de CFK es superior a la de ellos. Veremos.

Llegó a su fin 678, el programa emblema del kirchnerismo que emitía la TV pública…

– A los medios de comunicación se los llamaba públicos cuando eran del Gobierno, del grupo que manejaba el Gobierno y el Estado estaba dominado y sometido por el mismo gobierno. ¿Cómo puede ser posible que yo jamás haya sido invitado a un medio público? Jamás. Una vez la invitaron a Beatriz Sarlo y después nunca más. Sebreli, Kovadloff, gente que tiene peso intelectual… Entonces, no era la TV pública, era televisión del Gobierno que pagábamos todos. Tiene que volver a ser pública, que refleje la pluralidad de la república. Recuperemos la república, entonces también se le va a dar la palabra a gente del kirchnerismo, del sciolismo, como tiene que ser.

¿Qué huella deja en la década kirchnerista la muerte del fiscal Nisman?

– Yo hace rato que no uso la palabra muerte sino asesinato. Estoy seguro de que Nisman fue asesinado. Sería algo que va en contra de una lógica elemental suponer que un hombre que está con un entusiasmo tremendo para convertirse en una figura mundial denunciando a una cúpula gubernamental que había traicionado al pueblo argentino y a la justicia argentina con un pacto que era absolutamente inapropiado se quite la vida. O le manejaron la mano o le dispararon el tiro. Y ese asesinato involucra a la cúpula gubernamental. Todo el mundo habla de su caso porque es realmente notable y va a ir evidentemente hacia un esclarecimiento, porque es muy fuerte la presión para que eso ocurra. Y todavía están vivos y cerca los protagonistas de lo que allí pasó.

¿Cómo imagina a la Argentina dentro de cuatro años?

– Es difícil, pero soy moderadamente optimista. No creo que en cuatro años logre superar todas las lacras que se han ido acumulando a lo largo de por lo menos dos décadas, desde el menemismo en adelante: la farándula, la corrupción, la violación de la majestad de las instituciones… Son deterioros profundos que exigen un cambio cultural. Los cambios culturales no son inmediatos, llevan su tiempo, pero surten efectos increíbles. Basta ver lo que pasó en China: uno ve la China de hoy y las imágenes de la China de Mao, y son dos países completamente diferentes, pero pasaron por una etapa de cambio que llevó a lo que China es hoy. Necesitamos continuidad.

Hay indicios que anticipan que Macri tendrá una oposición bastante virulenta de los K…

– Es que ellos están acostumbrados a que con esas actitudes feroces consiguen el apoyo y entusiasmo de la gente. Es como si uno estuviera viendo todo el tiempo un match de boxe, a ver quién pega más fuerte. La república no funciona así.

¿Va a depender de que a Macri le vaya bien que el kirchnerismo desaparezca finalmente?

– El kirchnerismo está terminado porque es el peronismo mismo quien se va a ocupar de enterrarlo. Son los últimos gritos del que se ahoga. Depende del éxito del macrismo que esta línea siga, pero tengo esperanzas de que el peronismo que queda ahora sea un peronismo más aggiornado, más a lo Cafiero, más moderno y, en ese sentido, el país va a ganar. No es que sea siempre Cambiemos quien dirija el país; pueden dirigir los peronistas, pero que se saquen de encima las lacras que el kirchnerismo amplió de forma desproporcionada. Tiene que darse un debate interno y empezar a reconocer los defectos que arrastra el peronismo y que tiene que eliminar por completo: el nepotismo, la corrupción, la falta de respeto a las instituciones, el desprecio por el disenso son herencias gravísimas que tiene el peronismo y tiene que eliminar por completo. El Frente Renovador está mostrando esa tendencia, que veo con buenos ojos. Creo que va a ocurrir. Massa se revela como una persona que no apuesta a la lucha feroz, el kirchnerismo sí. Es cuestión de decir: los ciudadanos argentinos, ¿van a optar por esa lucha feroz o por el que piensa en la ciudadanía, en paz, en acuerdos, en progreso real…? Vamos a ver la maduración que tiene el pueblo argentino.