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Malamud: “El mundo de Trump al que Macri no quería llegar es el que lo tiene en el pulmotor”

El politólogo radicado en Lisboa afirmó, en una charla con Giselle Romeau, que Macri se equivocó con el diagnóstico porque su ilusión de volver al mundo carece hoy de substancia en un planeta que se cierra cada día más. “Cristina está más cerca del futuro que él”, dice. Aunque aclara que el Presidente tuvo la suerte de que su par norteamericano lo financie. Y agrega que el G20 ya no sirve.

Andrés Malamud se ríe cuando se le pregunta si tiene alguna idea de la magnitud del impacto que provocó entre los empresarios con su exposición en el último Coloquio de Idea. “Lo único que sé es que esta vez estaban dispuestos a escuchar”, dice con tono divertido este porteño de 50 años, criado en Olavarría y radicado en Portugal, donde se desempeña como investigador de la Universidad de Lisboa. Quien lo haya escuchado alguna vez entenderá por qué es uno los politólogos más respetados del país. Pero hasta ahora, los hombres de negocios no habían reparado en su análisis filoso y contundente, que suele destacarse por romper con ironía todos los esquemas académicos.

De paso por Buenos Aires, Malamud recibió a 3Días para analizar los efectos de la Cumbre del G20 que se desarrollará entre hoy y mañana en Buenos Aires, y pensar hacia dónde va el mundo, que ya no es aquel “suave, liberal y progresista” de Barack Obama, sino el planeta rabioso de Donald Trump.

– El Gobierno presenta a la Cumbre del G20 como un logro de gestión. ¿Se puede tomar como un apoyo a Mauricio Macri por el sólo hecho de que se realice en Buenos Aires?

-Puede que sea un reconocimiento pero la realidad es que la decisión está tomada desde hace muchos años. La sede es rotativa, ya hubo una incluso en Turquía. Puede ser un reconocimiento a lo que ellos llaman la salida del populismo pero acá hay un problema con eso, que es concebir al populismo como un régimen político, cuando el régimen es la democracia y lo que hubo fue un cambio de un partido al otro. También es un problema pensar que los otros 19 países están interesados en dar un mensaje negativo respecto al populismo. Habría que ver si China, Rusia o Estados Unidos piensa lo mismo al respecto.

– ¿Sirve para algo hacer esta Cumbre? Porque el año pasado en Hamburgo no se llegó a ningún acuerdo, y en el G7 de Canadá, Trump se fue dando un portazo…

-Sirvió. En 2009 coordinó la salida de la crisis. Pero ahora ya no sirve para nada. Hay un autor, Ian Bremmer, que escribió el libro GZero y se refiere justamente a que no hay un número que sirva para tomar decisiones relevantes en coordinación de políticas mundiales.

– Entonces no hay que tener demasiadas expectativas sobre el resultado…

-No. Será una reunión, nada más que una reunión, que le hará la vida imposible a los porteños y va a colocar a la Argentina en la vidriera del mundo.

– Bueno, esto último le gusta al Gobierno…

-Sí. A la Argentina eso le sirve. Es un bien intangible estar en la cabeza de las personas, de los inversores o de los turistas, porque cuando tienen que invertir dinero o irse de vacaciones, piensan en el país al estar disponible en su cabeza. Pero no le servirá por un hecho concreto.

– Usted suele decir que Mauricio Macri pensó el futuro sobre el mundo suave, liberal y progresista de Barack Obama que ya no existe. ¿Cómo es hoy el mundo?

-Es un mundo de transición. El mundo que le gustaba a Macri es el mundo de las democracias liberales encarnado por Barack Obama. El mundo que Cristina creía que nos dirigíamos es el mundo del opuesto occidental, de las potencias emergentes lideradas por China. Como está ahora el mundo, Cristina Kirchner está más cerca del futuro que Macri. Ya no hay dudas de que Macri se equivocó en el diagnóstico, porque el mundo ya es de (Donald) Trump. Pero tuvo la suerte de que el Presidente norteamericano lo financie. Es decir, el mundo al que Macri no quería llegar es el que lo tiene en el pulmotor.

– ¿Todas estas propuestas soberanistas, neofascistas, populistas, xenófobas o totalitarias de este nuevo mundo, que están apareciendo en Europa y América, implican un cambio de paradigma o son sólo reactivas a una coyuntura determinada?

-Las dos cosas. Son reactivas a un sistema que ya no rinde, que son las democracias liberales. Enfrente tienen algo que podemos llamar autocracias digitales. China es el mejor ejemplo. Y se basa en una transformación tecnológica. Antiguamente, el manejo descentralizado de la información era más eficiente, la información estaba desperdigada. Por lo tanto, la democracia además de legítima era eficaz. Ahora con inteligencia artificial, el manejo centralizado es más eficiente. Por lo tanto la dictadura tecnológica es más eficiente que la democracia para gobernar. Hay una disociación entre legitimidad, que sigue siendo la democracia, y eficiencia, que la tiene esta autocracia digital. Y lo que estamos viendo es justamente una reacción contra la ineficiencia de las democracias liberales para producir y distribuir.

– ¿Y eso genera la aparición de personajes autoritarios e intolerantes como Trump, Jair Bolsonaro, Recep Erdogan o Mateo Salvini?

-Sí, porque la gente se rebela contra la ineficiencia percibida en las democracias liberales. No le rinde, no le da lo que espera, no satisface sus expectativas. En la Argentina se llama voto bronca y no hay mejor manera de llamar así a lo que está pasando en todo el mundo. Hay estudios muy interesantes de la Unión Europea donde se ve que los sectores trabajadores votan incluso en contra de sus propios intereses y votan a candidatos que proponen la retracción del Estado de bienestar para castigar a los oficialistas. No les importa perder algo a cambio de sacrificarse para perjudicar a quienes sienten que los están perjudicando. Entre los votantes del mundo hoy define más la rabia que el interés. Entonces, las democracias liberales ya no rinden, las autocracias digitales requieren de eficiencia y mucha tecnología, y cuando no hay esa tecnología, la gente lo que hace es buscar la legitimidad y eficiencia en el hombre fuerte. Fijate que acá también hay un péndulo porque pensamos que era el siglo de las mujeres, y lo que estamos viendo es que hay menos gobernantes mujeres que nunca. La reacción ante la falta de respuesta y el desorden proferido es buscar un hombre fuerte.

– ¿Este escenario podría terminar afectando a los bloques regionales? Concretamente: ¿Europa podría desaparecer para dar lugar a las naciones?

-La Unión europea podría implosionar. En las explosiones, los países comienzan a irse, como pasó con el Brexit. Una implosión significaría que el euro colapsa. Estar con el euro colapsado es estar exactamente igual que con la salida de la convertibilidad, enero de 2002, a escala planetaria. No hay salida ordenada del euro en 19 países, muchos de los cuales no pueden mantener la sustentabilidad fiscal, y por lo tanto necesitan que el banco Central europeo les dé euros. Si no lo hacen, porque está impedido de hacerlo o porque Alemania no lo permite, entonces esos países empiezan a emitir bonos, como los patacones. Es la tendencia que se está viendo en Europa.

– ¿Y es una tendencia irreversible?

-No, Europa puede hacer dos cosas. Una es integrar la fiscalidad. No existe mantener la moneda integrada (el euro europeo) y la fiscalidad (recaudación y gasto) desintegrada. O Europa integra la fiscalidad o desintegra la moneda.

– Los analistas aseguran que este escenario es muy similar a los que antecedieron a ambas guerras mundiales. ¿Podríamos estar en las puertas de un tercer conflicto bélico?

-No. El escenario es similar pero el resultado no puede ser similar por la demografía. Hace cien años, en Europa había sociedades jóvenes. Tenían soldados. Hoy son sociedades envejecidas. Así que lo que podemos ver es una implosión económica pero no un escenario bélico. En otros lugares, como África o Asia, hay mucha población joven. Pero en Europa no tienen con qué matarse. Igual, una implosión económica tendría consecuencias trágicas a nivel global, porque Europa sigue siendo entre el 20 y el 25% de la economía. Es decir, eso haría que la economía del mundo también pare.

– Las condiciones que llevaron todas juntas al triunfo de Bolsonaro existen en casi todos los países de América. ¿Hay riesgo de que surja otro personaje similar en la región?

-Todas existen irregularmente distribuidas. En Brasil se dieron todas juntas y genraro la tormenta perfecta: recesión, la más grave en los últimos 80 años de Brasil. Corrupción en una escala enorme, vinculada a políticos y empresarios. Alta tasa de criminalidad: Brasil tiene el 15% de los homicidios mundiales con el 3% de la población. El año pasado fueron 63.000 homicidios. Y la última, la crisis política, que derivó en una presidenta destituida y un ex presidente, con posibilidades de volver a serlo, encarcelado. En la Argentina, tenemos recesión, que aún no es tan grave. La corrupción afecta sobre todo a la oposición y no al Gobierno. La inseguridad, aunque no parezca, es muy inferior a la brasileña y está descendiendo. La Argentina tiene un sexto de la tasa de homicidio de Brasil. Y si por ahora no hay una crisis política de esa magnitud es porque la grieta nos salva. No estamos en el 2001 con el que se vayan todos. Hoy estamos lejos de la tormenta perfecta. Y en el resto de Latinoamérica habría posibilidades de que aparezca otro Bolsonaro, pero ningún país es relevante como Brasil.

– ¿Está migrando el populismo de izquierda a populismo de derecha en Latinoamérica?

-Sí, pero eso se explica bastante fácil. Los partidos llegan al Gobierno por derecha o por izquierda. Pero gobiernan por izquierda sólo cuando hay plata para distribuir. Cuando no hay, sólo se puede ser de derecha. (Carlos) Menem llega por izquierda, con el salariazo y la revolución productiva. Pero no tiene plata y debe ajustarse. (Alberto) Fujimori llega por izquierda. (Néstor) Kirchner no llega tanto por izquierda, sino con (Eduardo) Duhalde. Pero después se izquierdiza porque tiene plata, porque puede.

– En los últimos años se vio que después de cada intento democrático liberal en Latinoamérica, hay un retroceso populista. ¿Puede pasar eso en la Argentina con un regreso de Cristina?

-Voy a recurrir a las estadísticas. Del 68 en adelante, hubo 20 presidentes de América latina que buscaron su reelección. Lo consiguieron 18. La tasa de reelección es del 90%. Si la economía no revienta, Macri tiene chances de ser reelecto. Hubo un par de excepciones como (Fernando) De la Rúa, por la crisis, y Kirchner porque optó por la alternancia conyugal. En los Estados Unidos, la tasa es del 75%, igualmente positiva. Sobre la tasa de probabilidad de retorno, el llamado come back presidencial, no tenemos todos los números pero hay 15 casos exitosos en América latina, algunos muy cercanos, como el del presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, y el de Chile, Sebastián Piñera. Y en esos mismos países, (José María) Sanguinetti y (Michelle) Bachelet. Es un fenómenos familiar pero con menos tasa de éxito que la de las reelecciones. Tanto Macri como Cristina tienen chances comparativas, pero Macri mucho más. Eso, si la economía sigue estable. Si no se disparan las tasas en los Estados Unidos y no se derrumban los commodities, Macri gana.

– ¿Y si se unifica el peronismo?

-Si el peronismo se unifica, hay directamente mayoría electoral. Pero es difícil que eso ocurra con Cristina liderando el proceso. Porque ella es el elemento que mantiene al peronismo dividido. Y para unirse, debería haber un candidato moderado. Ella debería dar un paso al costado. Estratégicamente, no me cabe dudas de que es el mejor escenario para el peronismo. Ahora no sé si es un escenario psicológicamente digerible para ella. Así como en los votantes, la rabia define más que el interés para las políticos también.

– El kirchnerismo dice que nos gobierna un Presidente neoliberal indolente y Cambiemos insiste en los peligros de un retorno del populismo corrupto. ¿Son esos los dos modelos entre los que vamos a tener que elegir los argentinos?

-El modelo es la polarización porque los dos tienen una tasa de rechazo muy alta. Hay mucha insatisfacción en el medio, pero no aparecen alternativas. Para mí, Cristina juega con blancas: ella es la que puede modificar el escenario bajándose y dejar su lugar a un candidato moderado del peronismo. En ese escenario, el Gobierno juega con negras: podría desdoblar la elección en la provincia de Buenos Aires para que Cristina no esté pegada con los candidatos a intendentes del peronismo y los gobernadores puedan hacer su juego también. Mantener dividido al peronismo. Pero la primera que decide es ella. Macri no tiene opción ahí. Lo único que le queda como iniciativa es bajarse y dejar a María Eugenia como candidata. Pero esa sería una opción de debilidad.

– “El problema del Papa con Macri es personal”

– ¿Hay una ofensiva de la Iglesia, con el aval de El Vaticano y el Papa, hacia el gobierno de Macri?

-Hay una ofensiva contra el Gobierno pero no para voltearlo. Más bien es contra la agenda del Gobierno. No tengo ninguna duda de que el Papa siente además desagrado personal hacia Mauricio Macri y también hacia Marcos Peña. En cambio, tiene buena relación con Carolina Stanley, María Eugenia Vidal y Gabriela Michetti.

– ¿Es un Papa peronista?

-Como dice Luis Tonelli, el Papa no es sólo vicario de Dios, sino vicario de Perón en la tierra (risas).

“Las inversiones no llegan por nuestra reputación”

– ¿Por qué no llegan las inversiones que se esperaban a la Argentina? ¿Es por la amenaza de un retorno de Cristina Kirchner?

-Cristina no es bien vista afuera por casi nadie. Pero yo no sé si los inversores pondrían la plata en el país aún sabiendo que ella no vuelve más. Porque la Argentina no es un país atractivo. No atrae inversiones salvo en nichos puntuales como Vaca Muerta.

– ¿Y esto tiene que ver con nuestra historia?

-Sí, más bien con nuestra reputación. Y con que el país no ofrece oportunidades de negocio.