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Macrismo en clave K

El eventual veto a la ley antidespidos profundizará la pulseada política con un sector que está dispuesto a salir a la calle. Por Damián Glanz

Más de una semana le llevó al oficialismo firmar el proyecto que aprobó el Senado para imponer la doble indemnización y remitirlo a la Cámara baja. Sin excusas, y con artes que en otra época hubiesen denunciado en Tribunales, consiguió aplazar el debate. No es el único rasgo que los emparenta con sus antecesores: el debate sobre la estadística de despidos también huele a “década ganada”.

Ni el Gobierno ni los jefes sindicales tienen datos certeros y con el Indec paralizado, la discusión sobre el empleo se convirtió en un acto de fe. Mauricio Macri apeló a los datos de la AFIP para negar que hubiese una “crisis de empleo”. Según el jefe de Estado entre abril de 2015 y abril de 2016 se crearon 65 mil nuevos puestos de trabajo.

El dato viene a reafirmar la contradicción: el mismo Gobierno que le niega al kirchnerismo “haber creado un solo puesto de trabajo” en cuatro años le reconoce haber aportado algunas fuentes de empleo en su último año de gestión. El dato no refleja la economía informal, el primer lugar donde se destruyen los puestos de trabajo en medio de una crisis y que hoy es la principal fuente de preocupación del sindicalismo. Vale aclarar que el proyecto que prohíbe los despidos tampoco contribuye con los trabajadores en negro. Ellos no tienen, siquiera, el derecho a la indemnización simple.

Desde las centrales obreras tampoco coinciden con el diagnóstico: entre las CGT y la CTA se pelean por poner la cifra más alta. El piso: 120 mil despidos. El dato tampoco tiene una fuente segura. Pero hay algunos indicios. Solo en la industria de la construcción se perdieron desde septiembre 57 mil empleos, según datos del IERIC (Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción).

El gobierno apunta al kirchnerismo por esa situación: la obra pública, principal dinamizadora del sector, quedó paralizada en el segundo semestre del año pasado por la falta de pagos a los contratistas. El Presidente apuesta a que la reactivación de los obradores y el lanzamiento de nuevos proyectos revierta la crisis del sector.

La pregunta es cuándo.

El macrismo quiere convertir la discusión sobre la situación del empleo en un debate netamente político. Algo similar a lo que procuró el kirchnerismo con la inflación: la anteojera K sobre el nivel de los precios venía con un argumento. La supuestas fuerzas hegemónicas de la derecha se apoyaban en ese dato para reclamar una devaluación y estafar a los consumidores.

Esta vez en la vereda de enfrente está el PJ, aunque Macri haya intentado simplificar el escenario a una disputa con los ex inquilinos de Olivos. El Presidente le pidió a Massa que no apoye el proyecto del kirchnerismo. Erró en el disparo: la propuesta la impulsaron las CGT, especialmente Hugo Moyano, que nada tiene de kirchnerista, y fue el Frente para Victoria el espacio que vio la veta para escapar de la responsabilidad que le cabe en esta historia.

Las complicaciones judiciales por hechos de corrupción que mantienen entretenida a la familia kirchner habían funcionado para ahora como elementos para fracturar a la oposición justicialista. Macri apostó a ese cuadro para empujar a sus eventuales aliados, los gobernadores, los massistas del Frente Renovador, y el espacio que lidera en Diputados Diego Bossio. Pero la advertencia tensó más la cuerda: hasta el PJ ya da por descontada la extinción K.

La discusión con el “kirchnerismo” no reconoce la distribución de las fichas en el nuevo mapa político. No es el miedo a quedar “pegados” a la corrupción lo que motiva a las bancadas opositoras, sino antes los sindicatos, el temor a ser identificados con las subas de las tarifas, la devaluación y los despidos en el sector público.

El Presidente se irrita por los gremialistas y diputados que le dicen en privado que la ley antidespidos es inocua y que en público defienden la iniciativa. La norma crea una falsa expectativa sobre el empleo: probablemente evite el cierre de algún puesto, pero con certeza, no contribuirá a crear ni un solo trabajo nuevo.

Pero en la pulseada por las expectativas, los sindicalistas y diputados que irritan a Macri, le están señalando que gana el pesimismo. El principal problema que hoy complica al Presidente es la ilusión de lo que vendrá: el aluvión de dólares y el florecimiento del empleo de calidad que, por ahora, son una promesa.

Hasta que eso llegue, los consumidores se enfrentan a una etapa de reducción de la capacidad de compra, fuerte suba de precios, saltos tarifarios y caída en la actividad. Y el eventual veto a la ley antidespidos no va a cambiar la percepción sobre el contexto económico. En cambio, sí profundizará la pulseada política con un sector que está dispuesto a salir a la calle porque cree que sólo en la confrontación con el Gobierno puede recuperar el terreno perdido.