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Macri y la tentación del decreto

¿Tentación, torpeza o picardía? No termina de entenderse la razón por la cual Macri nombró por decreto a dos jueces de la Corte, en lo que a tan sólo cuatro días de haber asumido, ya le cosechó su primera lluvia de críticas, inclusive desde dentro su propio espacio.

La voz de indignación recorrió todo el espectro político hasta repercutir en el corazón mismo de Cambiemos, en donde los más cautos optaron por el reproche silencioso, mientras otros dieron rienda suelta sin más a su abierta desaprobación. La oposición por su parte, comparó la medida con la tomada por los jerarcas militares en tiempos
de la dictadura, y recordó que ningún presidente en democracia había nombrado antes a jueces, pasando por encima del Congreso, a excepción de Bartolomé Mitre, cuando en 1862 designó a los primeros magistrados en la historia de la política argentina.

La primera en poner el grito en el cielo, Margarita Stolbizer, fue quizás también la que pegó más duro; dijo que “Ni CFK se animó a tanto”. A ella le siguieron algunos de los referentes aliados de Cambiemos pertenecientes al radicalismo, como Julio Cobos, el jefe de bancada Mario Negri, Ricardo Alfonsín y hasta el constitucionalista Gil Lavedra, quien sentenció: “es un error y una lástima porque todos apostamos a la normalidad institucional”, en alusión a los preceptos acerca de transparencia, diálogo, y sobre todo respeto por las instituciones, que oficiaron de caballo de batalla del PRO en su derrotero hacia el poder. El sentimiento de decepción cobraba entidad con las declaraciones del magistrado.

La oposición en tanto, cargó con munición gruesa contra el presidente, a quien acusó de “retrógrado” y comparó con los militares; tal fue el nivel de condena que Macri recibió de parte de algunos, como Pino Solanas o Juliana Di Tulio. Por su parte, más moderados pero no menos molestos, Sergio Massa y José Manuel de la Sota, cada uno por su lado,
amonestaron también al mandatario, pidiéndole que “revea el error y mande los pliegos al Senado porque será un gesto de respeto al Congreso”, y que semejante actitud “No se condice con el llamado al consenso que saludamos cuando nos convocó a todos los líderes de la oposición”. “¿Qué tiene que ver la designación de dos jueces por decreto con garantizar la gobernabilidad? ¿Qué hubiese pasado si este decreto era firmado por el gobierno anterior?”, se preguntó Massa, quien también recordó que Macri “planteó en la Asamblea Legislativa que no iba a haber más jueces partidarios, que iba a haber jueces independientes y esto contradice”.

Michetti y Larreta en cambio, junto con gran parte del resto de la primera línea macrista, defendieron la medida, apoyados en su legalidad, algo que sin embargo muy pocos cuestionaron, dirigiendose mayormente las críticas no tanto al mecanismo, contemplado en efecto por la Constitución como una de las potestades presidenciales, sino
más bien al modo con que el presidente “resolvió” las vacantes en la Corte. Aquí uno de los testimonios más llamativos es el de la diputada Laura Alonso, denunciante compulsiva del kirchnerismo a quien había hecho blanco de sus numerosas denuncias precisamente por los DNU con los que los K se agenciaban los recursos y las voluntades necesarias para sus distintos emprendimientos; pero que ahora fue de las primeras en defender el decreto de Mauricio Macri.

Es cierto que el oficialismo es minoría en el Senado, pero ello no impedía a Macri que siguiera el procedimiento correspondiente convocando a cubrir esas vacantes; las cuales de todos modos estarían el 1 de marzo, culminado el receso estival, entre los primeros temas a atender por los magistrados. ¿Tentación? ¿Prepotencia? ¿Inversión de
signo o desesperación del gobierno? Las lecturas de este gesto son variadas y dependen del lugar desde el que se las realice. Lo único cierto es que, nuevamente, como en un pase de magia, el movimiento se percibe torpe y se alcanza a ver el andamiaje que lo antecede, que se revela como similar al de un truco anterior, sugerente de una época que se supone que acabamos de dejar atrás.