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Macri frenó la Reforma Electoral

Pasó la fecha que había fijado el gobierno de Mauricio Macri para presentar el proyecto de reforma electoral y política que estuvieron elaborando en borrador desde enero el ministro del Interior y Transporte, Rogelio Frigerio, junto al secretario de Asuntos Públicos de la cartera, Adrián Pérez, y el subsecretario de Asuntos Electorales, Ezequiel Fernández Langan, sin que la mesa de entradas de la Cámara de Diputados tenga noticias.

Dentro de la Casa Rosada reina el hermetismo y caras de pocos amigos en el entorno de Frigerio, a quien en forma inversamente proporcional a lo que últimamente tocaba el tema con el Presidente evolucionó su fastidio al llegarle a los oídos que anda dando vueltas otro borrador que armaron cuatro legisladores ad hoc que reportan directamente al Mandatario: La Política On Line dio piedra libre a dos: Silvia Lospennato, quien encabezó la lista del PRO en la provincia en lugar de Fernando Niembro, y el diputado nacional Lucas Incicco, quien además es apoderado del PRO en Santa Fe.

La verdad es que la reforma electoral murió el día en que se anunció. En 1er. lugar, el ministro de Justicia, Germán Garavano, mencionó un instituto electoral que existe en México y que no sólo es difícil de aplicar en la Argentino sino que provocó el malestar de toda la Justicia electoral. Luego, los gobernadores, tan ponderados por Mauricio Macri como supuestos aliados, el mismo día cuando le daban su apoyo para obtener la aprobación del pago de la deuda externa en el Senado, le hicieron saber que esa intención de elegir autoridades en todas las provincias el mismo día no sólo era imposible constitucionalmente sino inviable políticamente.

Después llegó la tontería del cambio de sistema de votación: en ese momento, la reforma electoral pasó al área de Modernización del Estado, a cargo del todoterreno Andrés Ibarra. Se debatió cómo compatibilizar el régimen de internas abiertas con la pantalla digital, el soporte utilizado en Ciudad de Buenos Aires y que se había definido como el paradigma. Resultó que, tal como ocurrió en Ciudad de Buenos Aires, es una metodología que no sirve para las internas abiertas que requieren de elegir entre muchas opciones, y menos si se quiere armar todas las elecciones en forma simultánea. Entonces se habló de utilizar el sistema de boleta en papel convencional para las internas abiertas y la pantalla digital sólo para el comicio de verdad. Luego se terminó dejando de lado la modernización de los sistemas electorales para autoridades provinciales y municipales y restringir el cambio exclusivamente al comicio nacional que habitualmente ocurre en octubre.

Ahí se pasó al siguiente paso: si convenía comprar los equipos -una tontería mayúscula por la velocidad conque evoluciona la tecnología y que convertiría esas máquinas en dinosaurios en menos de 1 año- o establecer alguna forma de contratación periódica eventual. Ya para entonces, la reforma electoral de Macri sólo provoca socarronas bromas entre los conocedores del tema.

Del punteo que hicieron del trabajo elaborado por el ministro Rogelio Frigerio y su colaborador Adrián Pérez, que contemplaba:

> la implementación de la boleta única electrónica,

> la unificación del calendario electoral, la obligatoriedad del debate presidencial y

> el marco legal para avanzar hacia transiciones ordenadas,

algunos ítem no superaron las exigencias básicas de viabilidad para convertirse en anteproyecto.

Hasta discutieron con los referentes de los partidos políticos algunos detalles menores, como la sanción a aquellos candidatos que se nieguen al debate presidencial.

La reforma política busca agilizar el proceso electoral, garantizar la transparencia y, de alguna manera, unificar el calendario de votación para evitar que los habitantes de algunos distritos, como ocurrió en la Ciudad de Buenos Aires en 2015, tengan que sufragar 6 veces por el desdoblamiento de la elección nacional y la realización de primarias tanto para cargos locales como nacionales.

Pero hubo no pocos escarceos en cuanto a la implementación de la Boleta Única Electrónica -la misma que se utilizó en los últimos comicios porteños- y establece que las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) serán optativas para la elección de cargos nacionales, según declaró Pérez, quien viene de protagonizar distintas reuniones con gobernadores, legisladores, catedráticos y representantes de ONGs.

Hace pocos días, Pérez había confraternizado en el salón Norte de la Casa Rosada con la cúpula de la UCR -participaron del convite el titular del Comité nacional, José Corral, y el diputado Mario Negri- y hablaron de un cambio en la forma de sufragio que implica dar por finalizado el sistema de votación a través de boletas por partido para ir hacia un sistema de sufragio con boleta única -electrónica-.

Implementar el voto electrónico forma parte de un debate interno dentro del macrismo, que divide las aguas entre la Ciudad y la provincia de Buenos Aires en forma mucho más marcada que la avenida General Paz o el Riachuelo, porque implica armar una infraestructura tecnológica que lo posibilite. Según los funcionarios del Poder Ejecutivo involucrados en la cocina de la reforma, el padrón nacional necesitaría de unas 120.000 máquinas para cubrir el total de electores y el costo, todavía prematuro, que le demandaría al Estado sería de entre 10 mil y 15 mil millones de pesos, aunque se descuenta que el año próximo será difícil votar con ese sistema en todo el país. Mendoza, Córdoba, Buenos Aires y Tucumán, además de Salta y de la ciudad de Buenos Aires –que ya implementaron el sistema a través de la firma MSA, de los Angelini-, darían el puntapié inicial.

Juan Luis Manzur ya se encargó de ventilar que quiere limpiar su nombre y archivar la boleta en papel tras las turbulentas elecciones del año pasado. El ministro de la Modernización, Andrés Ibarra, ya cuenta con todos estos elementos y busca presupuestos para un eventual equipamiento de computadoras.

El balance del radicalismo sobre la incorporación de las primarias es positivo, al opinar que alientan la participación y generan mejores condiciones de competitividad regulando los espacios de publicidad en medios.

Durante la ronda de consultas propuesta por el gobierno, muchos gobernadores y dirigentes plantearon la necesidad de modificar la ley que creó las PASO por el alto costo que requiere su financiación, entre otras causas, pero algunos dirigentes de Cambiemos rechazaron modificar la obligatoriedad de las primarias. Si hay cambios en las PASO deberán ser refrendados en el Parlamento, aclaró el funcionario que se bajó de la banca del Frente Renovador.

En el 2009, las PASO surgieron con el fin de democratizar internamente la selección de candidaturas de las fuerzas políticas y de reducir la fragmentación del sistema de partidos.

Un paper preparado por la coordinadora del Programa Instituciones Políticas de CIPPEC, María Page, advierte que “ningún otro país obliga a partidos y electores a concurrir a la selección de candidatos”.

En efecto, “nuestras PASO son primarias porque definen las candidaturas a cargos electivos nacionales. Son abiertas porque todos los electores del padrón nacional tienen un voto por categoría y pueden participar en la primaria de cualquier agrupación (sin importar si están afiliados ni a qué partido). Son simultáneas porque las primarias de todos los competidores ocurren el mismo día. Son obligatorias porque todos los partidos que quieran competir en la elección general deben participar, aún si presentan una lista única, y porque también son compulsivas para los electores”,enumera.

Afirma que en términos del comportamiento de los partidos, apenas se empiezan a ver los efectos. “En 2011 prácticamente no hubo competencia pero sí se redujo el volumen de la oferta por el umbral electoral. En 2013 vimos algo más de competencia y todavía menos competidores. En 2015 hubo competencia en cargos y distritos más relevantes, y las PASO facilitaron la conformación de una coalición opositora que terminó ganando la elección presidencial”, describe.

Destaca asimismo que “en cuanto a la aceptación por parte de los ciudadanos, la participación promedio en las PASO (75,5%) ha sido similar a la de las elecciones generales (78,2%). Además, encuestas realizadas en el conurbano muestran que el 75% de los votantes está de acuerdo con el sistema. Aún más interesante, algunos resultados electorales sugieren un uso muy sofisticado de las PASO por parte de los votantes. Un ejemplo: en las últimas elecciones nacionales los votantes que participaron en primarias de fuerzas opositoras reorientaron su voto en las generales para llevar al candidato opositor con más posibilidades al balotaje”.

Y cuando se pregunta: ¿qué puede pasar si se quita la obligación a los electores? insta a mirar el caso de Uruguay, donde las internas simultáneas son obligatorias para los partidos pero no para los electores?

Allí la participación en primarias (38% en 2014) es muy inferior a la de las generales (que ronda el 90%).

Además, después de 15 años de usar ese mecanismo – Argentina lleva apenas cuatro años -, estudios muestran que los electores más propensos a participar son los más educados, los que simpatizan con los partidos y los que tienen posiciones ideológicas más extremas. “Esto sugiere que cuando las primarias son abiertas y optativas la definición de las candidaturas queda en manos de un grupo de votantes que no son los afiliados de los partidos ni tampoco se parecen al votante promedio”, pone de relieve.

A la luz de estos datos y del desempeño que las PASO han tenido en su breve historia, la pregunta más relevante en términos de política pública no refiere a la obligatoriedad sino a los ajustes que podrían hacerse para que las PASO generen más competencia interna, faciliten la agregación de intereses y permitan la presentación de opciones más claras para el elector, finaliza.

Fuente: Urgente24