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Macri, el neokeynesiano

La economía podría recuperarse en un corto lapso, según evalúa el economista Martín Tetaz en este artículo publicado en el semanario especializado El Economista. Aventura una reactivación de la demanda con un shock de expectativas y un fuerte crecimiento del PBI para los próximos cuatro años.

Uno de los aportes más disruptivos de la “Teoría General” de John Maynard Keynes fue el planteo de que, al contrario de la Ley de Say, que sostenía que toda oferta generaba su propia demanda, era la demanda agregada la que determinaba la oferta.

En particular, Keynes denominó “demanda efectiva” a aquellos niveles de demanda agregada de equilibrio, estableciendo que el ingreso de la economía dependía de los factores autónomos de esa demanda y del multiplicador, que a su vez dependía de la propensión marginal a consumir, la propensión marginal impositiva y la propensión marginal a importar.

El marco teórico sirvió de fundamento para las medidas que buscaban superar recesiones, vía el incremento del gasto público. La política fiscal contracíclica es, desde entonces, una de las herramientas principales de cualquier gobierno, de derecha y de izquierda, cuando hay que estabilizar la economía, con las limitaciones que impone el régimen cambiario y la apertura de la cuenta capital del balance de pagos.

Obviamente, el éxito de las políticas expansivas depende, además de las condiciones cambiarias mencionadas y de la sensibilidad de los precios al déficit fiscal (inflación y riesgo país), de la magnitud del multiplicador, que será más chiquito en los países que tengan mayor propensión al ahorro (los asiáticos, por ejemplo), mayor presión fiscal marginal (los europeos, Argentina y Brasil, por caso) y mayor elasticidad ingreso de las importaciones (los subdesarrollados en general y los latinoamericanos en particular).

La novedad de los pensadores neokeynesianos como Pierangelo Garegnani, Franklin Serrano y Anthony Thirlwall es que, además de subirse a la idea que ya había planteado Michael Kaleki en el sentido de que la inversión era endógena en el ingreso, dando lugar a un supermultiplicador, pusieron en debate el poder de la demanda efectiva para empujar el ingreso más allá de las fluctuaciones cíclicas de corto plazo, abriendo una teoría neokeynesiana no ya de las crisis sino del desarrollo.

Pero, claro, para que la demanda sea la locomotora del crecimiento es preciso postular que son los componentes autónomos de la misma los que ponen en marcha el proceso puesto que, de otro modo, si se planteara, por ejemplo, que el consumo es la base del desarrollo, un clásico podría contraargumentar que como el consumo depende del ingreso es, en realidad, el mayor ingreso el que alimenta al consumo, y no a la inversa.

Quedan entonces como candidatos, el consumo autónomo, la inversión autónoma, el gasto público autónomo y las exportaciones (netas de importaciones) autónomas, donde aquí “autónomo” quiere decir que no depende del ingreso.

En ese marco teórico, de particular relevancia para el caso argentino, son las investigaciones de Thirlwall, porque postula a la restricción de balanza de pagos como la explicación de las diferencias en las tasas de crecimiento que pueden alcanzar los países. Si la elasticidad ingreso de las importaciones es mayor a uno, y el crecimiento se logra empujando el consumo autónomo o el gasto público, pues tarde o temprano el proceso se verá malogrado por una crisis de balance de pagos, tal y como postulan los famosos modelos de “stop and go” a la Guillermo Calvo.

Es verdad que la clave de estos modelos son los precios fijos, en particular el del tipo de cambio, porque se podría pensar que el deterioro del balance de pagos no sería tal si la moneda local se devaluara (endógenamente).

Thirlwall entonces plantea a las exportaciones como el motor del desarrollo económico de largo plazo, estableciendo una ley que denominaremos aquí Ley de Thirlwall, según la cual la tasa de crecimiento de un país se puede aproximar por la razón entre la tasa de crecimiento de las exportaciones y la elasticidad ingreso de las importaciones.

¿Un modelo neokeynesiano?

El sostenimiento de un tipo de cambio alto opera, en la práctica, como un estímulo a las exportaciones (netas de importaciones), ceteris paribus el ingreso. En el mismo sentido, la eliminación de las trabas (ROES, por ejemplo) y los impuestos (retenciones) a las exportaciones, empujan las exportaciones netas (no dependientes del ingreso), apuntalando la demanda agregada autónoma de la economía. En segundo lugar, la baja en la inflación y el acceso a un financiamiento más barato del exterior, que se obtiene resolviendo el conflicto con los buitres y normalizando el Indec, generan una caída fuerte en el costo financiero del crédito, reduciendo la relación entre la cuota de un préstamo y el monto otorgado por el banco, lo cual empuja el componente autónomo del consumo.

En el mismo sentido, el crédito más barato y las condiciones más “market friendly” del nuevo modelo harán crecer la inversión autónoma, que es la variable más volátil del ciclo y la que más espacio tiene para expandirse en el nuevo contexto. Combinadas con un gasto público que se mantendrá sin cambios en términos reales, estas medidas garantizan una expansión de los componentes autónomos de la demanda agregada que, supermultiplicador mediante, generarán un fuerte crecimiento en la economía.

El economista Javier Milei estimó que dado el estancamiento de los últimos cuatro años y tomando como referencia la tendencia de largo plazo de la economía, el PIB podría crecer al 8% durante los próximos cuatro años y dada la promisioria, aunque prematura, salida del cepo con un dólar libre que sorprendió por su bajo precio, es incluso plausible pensar en un shock de expectativas que se sume a los efectos anteriores y empuje un poco más tanto al consumo autónomo como a la inversión que no depende del ingreso.

Si los modelos de los neokeynesianos son correctos, la economía se recuperará más rápido de lo que todos piensan y dado que el nuevo plan económico apunta a un empujón de la demanda efectiva a la Thirlwall, que evita el choque con la restricción externa, puede que esta vez el crecimiento sea sostenido.

 Macri, el neokeynesiano