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Los pecados ocultos de Cristina y la inteligencia boba de Mauricio

Déjenme que les cuente rapidito dos noticias de hoy, que en realidad son de antes pero demuestran que el pasado siempre es un arma poderosa para exponer cuando convenga…

Noticia 1: La sala de la Cámara Federal que integran Martín Irurzún y Mariano Llorens exhortó al juez Adolfo Canicoba Corral que se ponga las pilas y active de una vez la “pista iraní”. Una coincidencia: estamos a dos semanas del 26° aniversario del atentado terrorista que costó la vida de 85 personas y nada serio ha pasado para resolverlo. Otra coincidencia: con el actual EspíaGate con sede en la Justicia Federal de Lomas de Zamora, está saltando una vez más la mugre de la estructura histórica de inteligencia que consolidó su poder político instalando y sosteniendo la “pista iraní”.

Noticia 2: El juez federal Daniel Rafecas acaba de descubrir que, en la misma manzana del barrio de Floresta donde funcionó el campo de concentración conocido como “Automotores Orletti”, funcionó otro centro clandestino de detención que estaba a cargo de la vieja SIDE, a cargo durante la dictadura de un temible militar del Ejército, llamado Otto Paladino. Una coincidencia: Rafecas sigue sumando puntos para ser aceptado como futuro Procurador General de la Nación, es decir, jefe máximo de los fiscales. Otra coincidencia: ubicar a la estructura actual de la AFI como hija y heredera de aquella SIDE, golpea a su columna vertebral histórica, que desemboca en el actual EspíaGate.

No estoy planteando acá, de ninguna manera, quién hizo o no hizo el más tremendo atentado terrorista sufrido por la Argentina, ni mucho menos negar o desmerecer el ADN dictatorial de los servicios de inteligencia que nuestra democracia recuperada en 1983 no supo (o no quiso) resolver. Digo que en esas movidas judiciales, y por no coincidencias casuales, se proyecta esa guerra entre los viejos “servicios” que no terminan de morir y una inteligencia nacional decente, que nadie sabe de qué se trata pero todos (kirchneristas, macristas y quienes no son nada de eso) tratan de hacernos creer que está en sus planes.

Habrá que ver, por supuesto, en qué lado de la raya se termina ubicando otra noticia caliente de hoy: la recusación del juez de Lomas, Federico Villena, anunciada hace un rato por la Cámara Federal de La Plata.

El EspíaGate (el de ahora, porque ya hubo varios antes) me hace acordar un poco a las peripecias del desopilante Agente Carré, protagonista de “El ojo de la Patria”, la novela de Osvaldo Soriano que desnuda la berretidad, grasitud e intrínseca violencia del espionaje argentino. Y no porque se deba dar por hecho que el espionaje de nivel internacional merezca de veras ser protagonizado por Tom Cruise o Sean Connery. ¿Ustedes recuerdan que, a fines de los 90, la mítica DEA puso de jefe en Buenos Aires a un impresentable ex sargento argentino, de Lanús para más datos, llamado Abel Reynoso y a quien le encantaba fotografiarse a lo “James Bond”, posando magnum en mano?

El problema de los servicios de inteligencia suele ser que, por lo general, está compuesto por personas “normales”, o al menos no mucho más raras que cualquiera. Y que en manos de esa gente se pone, por ejemplo, informar a jefes de Estado sobre la guerra de Malvinas o resolver casos como AMIA o cumplir misiones como las de espiar a sus “objetivos” fotografiándolos cuando van a jugar al básquet y compartiendo las fotos ¡por WhatsApp! Misiones delicadas, operaciones nefastas o actos lisa y llanamente ilegales son puestos en manos de personas así, es decir, de esas personas tan bien dignas de películas Clase B, como cualquiera.

Quedó probado a lo largo de casi ya 40 años: la política tradicional resultó inútil o desinteresada o estúpida para resolver ese problemón pendiente. Por acción u omisión, terminaron pactando con esas estructuras y usando sus “servicios” para enfrentar una de las principales falencias de los líderes: sus propias inseguridades y paranoias. Y si rompieron lanzas, fue cuando esa misma “tropa secreta” empezó a jugarles en contra.

Como Cristina en 2014, cuando decidió desbancar a Jaime Stiuso, con quien los K habían convivido felizmente durante 11 años y medio. Si la ruptura de CFK con Stiuso no hubiese estado rodeada de circunstancias tan graves, como la muerte de Nisman, podría equivaler a que ahora Salga Guillermina Valdés y le dé la razón a Lanata en que “Tinelli es un payaso”.

El problema de Mauricio Macri en la materia no fue ser peor que nadie, sino que los subordinados de su amigo Arribas dejaron un tendal de pruebas demasiado fáciles de ubicar. Inteligencia boba, digamos.

Columna de Edi Zunino para Radio Perfil FM 101.9