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Leopoldo Moreau: “El radicalismo es una expresión de centroderecha por eso forma parte de Cambiemos”

El  dirigente del Movimiento Nacional Alfonsinista fue entrevistado por Página/12. Leopoldo Moreau habló escenario político  actual y la detención de Milagro Sala.

–Se cumplió un año de la detención de Milagro Sala, casi lo mismo que lleva de gestión el presidente Mauricio Macri. ¿Fue la primera señal de lo que venía?

–Creo que en términos institucionales es uno de los hechos más graves que ocurrieron en el año de mandato de Macri. Todas las evidencias ponen de manifiesto que Milagro Sala tiene el status de un detenido por estado de sitio, sin que se haya decretado el estado de sitio. Pero además es víctima de un complot que pone a sectores del Estado en una tarea de persecución o, mejor dicho, en una cacería que debe llevarnos a reflexionar seriamente sobre la posibilidad de la intervención federal a la provincia, habida cuenta de que está implicada la presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Jujuy, el fiscal de Estado y varios jueces, complotados con la querella que encabeza el gobernador Gerardo Morales. La independencia del Poder Judicial no sólo no se verifica sino que, por el contrario, lo que está a la vista es que está actuando como un brazo político del Ejecutivo provincial.

–¿Qué siente al ver a un radical forzando la Justicia desde la gobernación?

–Hoy las denominaciones tradicionales por sí mismas no definen una identidad. Precisamente por eso creo que tal vez hay que darnos cuenta que a lo largo de estos 33 años de práctica democrática se ha ido reconfigurando el sistema político. Hoy ya no vivimos un escenario bipartidista sino más bien “bifrentista”. El radicalismo viene hace ya mucho tiempo, desde el gobierno de la Alianza en adelante, deslizándose hacia posiciones de centroderecha, por eso es natural que hayan terminado confluyendo con el macrismo en Cambiemos.

–¿Y el resto?

–El  aprendizaje que hicimos en estos años de democracia es que los que pensamos parecido debemos actuar en el mismo espacio. El mismo desafío tiene por delante el peronismo. Por ejemplo, si renegaran del liderazgo de Cristina le pasaría lo mismo que le sucedió al radicalismo cuando dejó de lado el liderazgo de Raúl Alfonsín. Estallaría en varios pedazos y tendría una crisis identitaria. Yo veo con buenos ojos que el justicialismo esté empezando a ganar en homogeneidad opositora. Es una condición necesaria pero no suficiente porque ese aprendizaje democrático nos hace ya un nuevo sujeto político en el que se une lo mejor del peronismo, del radicalismo, de la izquierda, y de muchos compatriotas que sin pertenencia partidaria tienen un compromiso con un proyecto de nación autónoma y con una sociedad inclusiva. Y ese espacio a mi juicio tiene una enorme trascendencia respecto a las siglas tradicionales o a los sellos partidarios.

–¿En qué estado ve a la Justicia argentina?

–Se inscribe en uno de los peores momentos de la historia democrática del país. Solo comparable con aquella Corte Suprema que convalidó el golpe de Estado de 1930. Porque hay sectores del Poder judicial que se han coaligado en una alianza mafiosa con grupos económicos concentrados, medios hegemónicos e incluso con servicios locales e internacionales para llevar adelante un ataque sistemático contra el movimiento popular argentino. En ese sentido el caso Nisman es paradigmático. Se cumplen dos años del suicidio de Nisman y la derecha ha redoblado su campaña político mediático judicial con el objeto de transformarlo en asesinato. Es repugnante. A eso hay que sumar la actuación de jueces federales, como el caso de Claudio Bonadio que se arroga atribuciones que la Constitución no le otorga como querer juzgar actos de política económica, mandar a destruir cunitas, o sacar de prepo del área de la Universidad de San Martín un equipamiento audiovisual y trasladarlo al Poder Ejecutivo. Si yo dijera que estamos viviendo una dictadura cometería una desmesura pero sería igualmente desmesurado decir que estamos viviendo un Estado de derecho pleno. Nos encontramos en una situación intermedia que marcha hacia un estado de excepción.

–Este es un año electoral. ¿Cree que se va a mantener la dinámica de las presidenciales y se elegirá entre dos modelos?

–Sería lo deseable. Que de una vez por todas se entienda que las camisetas que cada uno de nosotros lleva orgullosamente tiene que dar lugar a la vereda que se transita. Hoy con distintas camisetas se pueden transitar solamente dos veredas, la vereda del proyecto nacional y la vereda del proyecto neoliberal.

–¿Cuál es su pálpito para este año?

–La síntesis del primer año del gobierno de Macri es que puso en crisis el consumo la producción, el trabajo, la industria y hasta el fútbol. Pasó la primera etapa del ajuste bancada por los mercados financieros internacionales, ahora se viene la segunda con las recetas del FMI. Flexibilización laboral y reducción presupuestaria para la educación es lo que se viene casi con seguridad.