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Las reglas de Macri para reunirse con sus ministros: prohibiciones, comida y horarios

La Casa Rosada tuvo remodelaciones desde que Mauricio Macri asumió como presidente. Muchos salones se convirtieron en oficinas o salas de reuniones. En general, suele cambiar el lugar de la cita. Intercala entre el Salón Sur y Norte, ambos conectados con el salón Blanco. Algunas, incluso, se hicieron en la Quinta de Olivos. Cada uno de estos espacios están equipados con proyector: hay presentaciones, fotos o videos de lo que se está trabajando. La puntualidad es clave y los horarios elegidos siempre son por la mañana, a las 8 h. Está prohibido llegar tarde y entrar con el smartphone. Si algún convocado espera una llamada, alguien deberá quedarse con su teléfono afuera para avisar en el momento justo. En las reuniones siempre hay un espacio con desayuno: frutas, café y masas.

No es lo único que parece haber cambiado en la Casa Rosada. Las reuniones son planificadas, breves y sin distracciones. Esa es la impronta que Mauricio Macri busca imprimirle a las reuniones que organiza con el número uno de cada ministerio. También lo hace con Horacio Rodríguez Larreta, su sucesor en la Ciudad de Buenos Aires, y María Eugenia Vidal, gobernadora de la provincia de Buenos Aires. Lo hace, al menos, una vez por mes.

En general, son unas 10 personas que acompañan a cada ministro. Los temas a tratar se establecen una semana antes de la cita y siempre son los que están en la agenda de prioridades del presidente. Sobre el final de reunión se hace una agenda de continuación. Es decir, los temas que hablarán en el próximo encuentro y en los que quiere ver avances.

Su estilo está orientado a dar libertad de acción, aunque le gusta el control. Valora, por sobre todo, la confianza en sus colaboradores. “Siempre está muy en tema, informado, pide ver avances y próximos pasos de los planes en ejecución”, confiesa un funcionario. En todo esto, la jefatura de Gabinete, con Marcos Peña a la cabeza, cumple un rol fundamental. Con Mauricio charla todos los días: temprano a la mañana, antes de que empiecen sus actividades en agenda.

De las reuniones “de actualización” con cada ministerio (como le dicen internamente) participan también Gustavo Lopetegui o Mario Quintana, parte fundamental del engranaje de gestión macrista. Sus cargos son secretario de Coordinación de Políticas Públicas y secretario de Coordinación Interministerial de la Jefatura de Gabinete, respectivamente.

De muy bajo perfil, ambos ex McKinsey, son mucho más que eso. Entre ellos se reparten el control de los ministerios, las secretarías que dependen de presidencia y, también, las empresas que tienen al Estado como accionista principal. Aunque al principio parecía estar más establecido el control de cada uno, en la práctica, fue rotando y cambiando. A veces son los temas lo que definen con quién se habla

Lo cierto es que ellos son quienes tienen mayor llegada a los ministros que no tienen oficina en Balcarce 50. Las reuniones se organizan cada 15 días, pero las charlas son diarias. Sin embargo, no están solos: tienen equipos de analistas (no son más de tres personas) asignados a cada ministerio que llevan un detalle de la evolución de las metas y objetivos planteados para los próximos cuatro años de gobierno.

En los primeros días –y se podría decir que hasta los primeros meses– trabajaron juntos en la misma oficina improvisada en El Salón de las Mujeres. Funcionan como un equipo, como dos personas en una. El objetivo que Macri les había planteado para los primeros 100 días se basaba en evaluar, armar los presupuestos y encarar el reordenamiento del Estado. Pasaban más de 12 horas en la improvisada oficina. Con el tiempo, en lo que se pensó que tendrían mayor involucramiento en lo económico, se extendió hacia otras áreas.

Por Cecilia Valleboni – Apertura