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Las puertitas que solo abre el rey Leo Por Andrés Eliceche

Busca por afuera, tira una diagonal, retrocede para entrar en juego. Se impacienta. La estadística del primer tiempo descubre por qué Gonzalo Higuaín es más el síntoma que el problema: apenas tocó la pelota cuatro veces. Que el número 9 de la selección esté tan despegado del circuito ofensivo del equipo grafica algunas carencias que ayer mostró el equipo, disimuladas cuando el señor Messi resolvió el asunto por su cuenta. Lo que vino después fue relleno, cachetadas a repetición en la cara de un rival vencido.

Decía Gerardo Martino antes de empezar la Copa América : “Nos falta que los delanteros hagan goles”. Gabriel Mercado acumula más festejos que Messi en las eliminatorias, por ejemplo, y eso es algo más que un accidente: a la selección le cuesta descifrar los enigmas que les presentan las defensas superpobladas. Un problema común en el fútbol, pero recurrente para la selección. Serán contados los partidos -en la Copa y también en las eliminatorias- en los que encuentre un espejo delante: la mayoría elige esperar en su retaguardia.

Hguaín tuvo una buena ocasión en el comienzo de la segunda parte, cuando Banega lo puso cara a cara con Jaime Penedo; su demora en resolver terminó con la pelota en el córner. La escena explica otro déficit que tuvo la Argentina en el Soldier Field: la falta de inspiración individual que disimule las carencias ofensivas.

Eso, claro, vale para todos menos para uno. Porque en esa bolsa no puede entrar el mejor futbolistas del mundo. El que no necesitó más que una pelota suelta en el área para terminar con la discusión que planteó Panamá. Y eso sin contar la delicia que inventó con su pie izquierdo en el tiro libre, un regalo para los fotógrafos, ni el recorte que dibujó su tercer gol. Es que Messi, se sabe, tiene la prepotencia de los que no necesitan nada para fabricar todo.