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Las pasiones en tiempos de la pandemia

Siete relatos Por Miguel Nuñez

El número siete ocupa un lugar místico en la historia de la humanidad. Desde la antigüedad está presente en casi todas las religiones del mundo, mientras que para los astrólogos tiene cualidades mágicas. Decía Hipócrates que, por sus virtudes ocultas, es el dispensador de la vida y la fuente de todos los cambios. Estos siete relatos hablan de las pasiones en distintas formas. Desde el amor filial y romántico, hasta los miedos del hombre y las causas sociales. En estos días en que el mundo parece haber entrado en pausa, las pasiones cobran todo su significado. Acaso el sentido de la vida no sea otro que la pasión. Acaso si podamos vivir con pasión, no hayamos vivido en vano.

  • Camino al horizonte

A Grace Otegui

Yo que los parí, que abrí mi corazón y se bebieron mi sangre, que los arranqué de mi vientre y se comieron mis entrañas, ahora ya no puedo caminar en sus márgenes. Yo que venía de otra tierra, más al sur y más al este. Que silbaba igual que silba el viento contra los acantilados. Ásperos, abruptos, desiguales, verticales, escalonados, escarpados. Los vi lloverse en lágrimas y me quedé sin agua en los ojos. Yo que sacrifiqué un perro para darles de comer de mi alegría. Un general, una cantora, una bailarina. Pétalos dorados de huesos quebrados, de brazos partidos y abrazos enteros. Lamiendo sus heridas, mis labios agrietados, mi lengua desgarrada. Tengo la memoria de una casa y un parque. Sol, nieve, pan, abrigo, caricias. Conmigo cantaban como pingüinos. Dormían soñando leyendas. Despertaban atraídos por mi risa. Se elevaban en tacos, en uniformes, rompían cualquier silencio de mis tristezas. Un eco lejano resonaba en sus tímpanos pequeñitos. Yo lo sabía. Podía olerlos. Los sentía llegar desde todos los puntos cardinales. A través de las ventanas, susurros de la brisa. Yo que fui rama de árbol de sus vuelos pajaritos. Yo ya no soy su madre. Los veo alejarse a cada paso, camino al horizonte de donde nace el fuego. Un día seré polvo. Yo que fui rayo.-

  • Feriado sin sombra

Es extraña esa hora umbría que se opone a la luminiscencia de un lunes de domingo. Es peregrino un lunes que será martes. Así, repetidamente, toda una semana de apelativos enredados. La péndola de recebo marca la marejada implacable de los días y de las noches. En la soledad del sol, en el desierto de luna, se repite el eterno ciclo de los astros. Entre los gallos y los búhos, lenta y pausada melancolía. Hombres y mujeres consagrados al regreso a su génesis. Del otro lado de sus puertas mágicas. Al silencio. Los espejos vacíos. Escapando de la emboscada de los feriados sin feria. De celebraciones imperiales. Éxodo laborioso del reposo, en el quebranto del rumor a la afonía. Un indio recordará haber visto un barco cercano a sus playas. El cielo y la tierra corren el velo de ciudades lánguidas. Constante devenir en medio de sucesos confusos y conciencias insustanciales. La vida y la muerte besándose en la boca en cualquier encrucijada. Nada de eso es motivo de temor. Ni razón para el asombro. Lo verdaderamente desgarrador, son los mediodías. Lo realmente triste, lo que no tiene perdón de Dios, es perder nuestra propia sombra. Venderle el alma al diablo.-

  • Los principios mágicos

Especie de los roles y las mercancías trabajando por la supervivencia, tributando en los altares del mercado, en los paraísos de la moneda, de los valores de intercambio. Homos œconomicus habitando islas y cavernas. Reino que nunca existió para las brujerías de los corredores de bolsa, en los postulados idiotas de los bufones de palacio. Encima del esfuerzo ancestral de almas gastadas, robinsones hipostasiados en el campanario de la modernidad. Payasos epistolares con su pregón cínico. Tribunos de la moral tratando de arrastrarnos a la comodidad marmota de las computadoras, la televisión y la coca cola, a existencias magras, identidades oscuras, en las altas cumbres de la pureza vacía. Gourmets de la mierda, respirando el mismo aire que respiramos, que aún no está en venta. Atrás quedaron la libídine inmaculada de la carne sobre las brasas, la excitación del vino, la alegría del encuentro con los compañeros. El rijo de la pasión, el amor auténtico, la vida plena. Hemos dilapidado siglos de conocimiento en el comercio de mercaderías publicitarias. Desperdiciado tiempos de comunicación en los fragores del chisme y el espectáculo. La dictadura de la visibilidad instantánea. Años sombríos nos apartan del espíritu humano. Los días más felices. Volveremos. Seremos millones.-

  • Melodías

Mírala cuán contenta te ríes, ¡mi niña! —dice una y otra vez, con ese talante empalagado de ternura que tienen algunos adultos para hablarle a los niños pequeños, una mujer morena a la que la vida hace largo rato le ha cantado las cuarenta.

Mírala cuán contenta te ríes, ¡mi niña! —repite la mujer, con la lengua que fue del poeta Miguel de Cervantes Saavedra, de Alcalá de Henares, con la que describió el largo peregrinar del hidalgo pobre, Alonso Quijano, por la manchega llanura.

La mujer habla como en una melodía, una canción de corro o de rueda, con la lengua que fue del poeta Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca, de Fuente Vaqueros de Granada, con la misma voz con que cantara “mi niña se fue a la mar, a contar olas y chinas, pero se encontró, de pronto, con el río de Sevilla”.

Asisten a la escena mis dos hijas. La mayor en sus quince naufraga en su teléfono celular, pero advierte el paso de la estrella fugaz:

—Habla raro, ¿no? —mientras la más pequeña asiente con una risa mordida entre los labios.

Desconocen los versos del poeta Jorge Luis Borges, de Palermo de Santa María de los Buenos Aires. “Ser esa cosa que nadie puede definir: argentino”. Ignoran que ellas mismas fueron montaña y llanura, que sucedieron mar y río, y más tarde incendio y desierto. Que estallaron desde otras cosmografías. No advierten el vuelo y el refugio.

Acaso no se reconozcan en la melancolía de sus dulces nombres propios, Paloma y Amparo.

Yo las observo. Cuán contentas se ríen, mis niñas.-

  • Que te quiero verde

A Grace Otegui

   “Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verdes ramas. / El barco sobre la mar / y el caballo en la montaña. / Con la sombra en la cintura / ella sueña en su baranda, / verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. / Verde que te quiero verde.” Federico García Lorca

Todo es verde a tu alrededor. Argamasa ciánica y dorada. Quintaesencia de la naturaleza. Variedades infinitas de la espesura. Jardín de la esmeralda. Verdemar sereno. Agua que alivia el dolor de las heridas. Brisa fresca en el verdegal después del aguacero. Trinar de golondrinas en los árboles. Cielo de aurora boreal. Último rayo de luz de sol que se esconde sobre el Pacífico. Todo es verde, origen esencial, raíz primaria. Ofrendas de jade en las tumbas de dioses olvidados. La cruz del madero en el tormento de Cristo. Anhelo de redención, la salvación eterna. El manto sagrado de Mahoma. Almas como aves entrando al Paraíso. La piel del dragón. El nimbo de Buda. Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. Chalchiuhtlicue, en el principio femenino de la existencia. Todo es verde, fermento y sustancia. Tinte aceitunado en el pellejo de los viajeros. Parietaria creciendo en las grietas de los muros. Aceite ardiendo en las lámparas. Alumbre de hierro. Alquimia que convierte los metales en oro. Oscuro dinero capital. Crímenes nefandos. Laurel de paz en el pico de la sisella de Picasso. Todo es verde, y es bálsamo. Fragancia de lima. Perfume de albahaca. Aroma de menta. Sabor de hierbabuena. Frescura de manzana luminosa. Todo es verde, influyo vital y fecundo. Nuestro eterno y sonámbulo romance lorquiano. Savia de tu corazón. Tu vientre y tus manos. Secreto lenguaje emiliano. Alborotado vuelo de paloma. Apasionado territorio de amparo. Pequeños cronopios, idealistas, sensibles, ingenuos. Perros diferentes y extraños. Todo es verde, espectro de la primavera. Equilibrio de inviernos y veranos. Paisaje de la resistencia. Esperanza del porvenir. Traigo un ramito fresco del olivo del perdón de los enamorados. La vida es sólo un relámpago que verdece. El lugar más solitario del mundo es donde no llega tu mirada. Acaso en tus ojos, pájaros volando a verdear.-

  • Señaladores

Flores desgajadas, marchitas. Hojas secas. Ramitas de árbol. Tallos verdes de pasto, tiernos y delgados, mordidos entre los dientes. Brizna de la hierba. Envoltorios de terrones de azúcar, sobrecitos edulcorados con moralejas. Paños gastados. Cintas, hilos, cables, cordones, elásticos. Una pluma de paloma de la plaza del Congreso. El silencio cómplice. La garganta seca, el carraspeo nervioso. El suspiro, la lágrima. La mano balanceándose en el andén de una estación. La última mirada. Alambres de cerraduras de las bolsas de pan de molde. Láminas de afeitar, de cuchillos que trozaron el pan, cortaron la carne, clavaron la herida. Lápices mordisqueados. Fotos descoloridas. Recortes, fragmentos, apuntes, dibujos garabateados. Broches. Hebillas del pelo de una mujer hermosa. Boletos de tren de paisajes suburbanos. Cartas de amor. Barajas y naipes marcados. Postales de playas lejanas. Entradas de cine. Billetes de lotería. Tiques de las compras. Vales, cupones, volantes, tarjetas, comprobantes. Recetas médicas. Etiquetas de cigarrillos. Retazos de telas. Cáscaras de naranja secadas al sol para el mate de la tarde. Pétalos de jabón de colores, hojitas de laurel, y hebras de tabaco, que perfumaron el aroma de la tinta en el pliego. Dónde van a parar tantos cabos sueltos dentro de las páginas de los libros. Vástagos y filamentos. Tanta urdimbre, tanto resplandor. Acaso sean sólo rastros del pasado. Hilvanes en la constante quimera del tiempo. Adónde quedaron tantas extrañas pequeñas cosas. Todas esas palabras. Memoria que sigue sangrando.-

  • Teoría de los signos

Saussure estudiando sánscrito a los 21 años en Leipzig bajo el influjo de los neogramáticos. La memoria de un sistema primitivo de vocales. La dicotomía de la lengua y el habla. El fonema y el morfema. Bally, Sechehaye, Frei, Meillet, Vendryes, tomando apuntes en clases. El signo lingüístico humano, el concepto y la imagen acústica. Significados y significantes en signos que configuran el lenguaje. Las expresiones del presente y las terminologías a través de todas las épocas. Los tristes trópicos de Levi-Strausss. Las afasias de Jakobson. Las teorías de Lacan tratando de sintetizar a Freud. Los animales irracionales y el homo sapiens, detrás de un significante en el que no hay nada. El verbo que es forma y no sustancia. La restauración del hebreo. Cinco mil lenguas buscando entenderse en el planeta. Veinticinco idiomas desapareciendo cada año. Un rey disertando sobre un Borges destinado a perderse, definitivamente. Acaso sólo algún instante podrá sobrevivirlo. Un escritor ciego intentando librarse de él mismo, pasando de los paganismos del arrabal a las mitologías con el tiempo y lo infinito. Un presidente eunuco, bastardo de un dialecto mercantil, hablando nagamés en las alturas de su propio Himalaya. En la colonización de las palabras la historia semiótica del mundo cruje. El español restalla. Y el lenguaje criollo clama resurrección.

*Miguel Núñez es periodista. Fue Vocero Presidencial de Néstor Kirchner (2003-2007) y de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2009).