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Las dos caras de la selección argentina Por Alejandro Fabbri

El 2016 no perdonará la ambigüedad de un equipo plagado de grandes figuras que todavía no ha podido demostrar en el campo de juego todos sus quilates.

Será cuestión de decidirse. El 2016 no perdonará la ambigüedad de un equipo plagado de grandes figuras que todavía no ha podido demostrar en el campo de juego todos sus quilates, tanta repercusión mediática previa y el desencanto tras el partido de turno, salvo en contados momentos del ciclo que encabeza Gerardo Martino.

El popular Tata arrancó con una mochila pesada: se hizo cargo del combinado nacional tras la buena campaña y el subcampeonato mundial de 2014, pero llegó con algún margen de desconfianza en el gran público, porque no le fue bien en Barcelona. El inicio fue insuperable: 4-2 a Alemania, en Dusseldorf, ante los hinchas del campeón mundial. No era lo mismo, claro está, pero la prueba se superó con suficiencia y un ataque mortífero bajo la conducción de Ángel Di María. Esa noche no jugó Lionel Messi y casi nadie se dio cuenta. Hubo derrota ante Brasil pero las alarmas tampoco funcionaron. Era el inicio de un nuevo ciclo.

Pasaron los insulsos amistosos con derrota ante Croacia y Portugal, llegó el 2015 y quedó claro que la verdadera medición del trabajo de Martino se iba a desarrollar durante el año que ha finalizado. Un par de amistosos y a comenzar el trabajo pensando en ganar la Copa América, ese trofeo esquivo que la Argentina no ha logrado recuperar desde 1993. El esfuerzo se dirigió hacia ese objetivo y el 13 de junio se inició la fiesta americana en Chile.

Hubo floreo y buen fútbol en el primer tiempo del debut, contra el Paraguay de Ramón Díaz, pero los guaraníes reaccionaron y empataron al final. Sabor a derrota que cambió tras la victoria 1-0 ante Uruguay (gol de Agüero) y el insípido 1-0 frente a Jamaica (gol de Higuain) que aumentó ciertas dudas en el funcionamiento y la falta de gol. Hubo dura lucha para eliminar a Colombia y se triunfó en los penales y en las semifinales llegó el mejor rendimiento del equipo, con claro espíritu de revancha.

El lapidario 6-1 frente a Paraguay puso a la Argentina en la final ante Chile, que venía entonado por sus triunfos y porque se había sacado de encima a Uruguay y a Perú. El empate sin goles fue una frustración, sobre todo porque el equipo nacional dio la sensación de no haber entregado todo lo que tenía y porque Messi fue un actor secundario. Chile terminó siendo el mejor en la serie de penales y ganó en buena ley su Copa América. La que había organizado para obtenerla.

La Argentina quedó en deuda, jugó menos de lo que se esperaba, se defendió más de lo que insistió por ganar el partido, luchó y no pudo ni supo superar la previsible telaraña del local. Sampaoli, con un equipo inferior pero rebosante de entusiasmo y actitud positiva, llevó a Chile a la victoria. La persecución por las lesiones se cobró otro crack: Ángel Di María no pudo completar la primera media hora de juego y fue una baja sensible. Y hubo frustración fuerte en la gente y en buena parte del periodismo argentino.

Exactamente pasaron 95 días entre la decepcionante final jugada en Santiago de Chile y el inicio de las eliminatorias para Rusia 2018. En el medio, goleada a una Bolivia caótica y empate ante un aguerrido México sin casi nada para mencionar. Enseguida, en los inicios de septiembre, otro golpe durísimo para Martino y los jugadores: pésima tarea ante Ecuador en el Monumental y derrota 2-0 sin atenuantes. Sorpresa, asombro por la floja actuación, decepción general. Algún fanático pidió el alejamiento del entrenador. Claro, para muchos la ausencia obligada de Messi nos hizo mucho mal.

Pasó rápido el empate ante Paraguay en Asunción y llegaron los dos partidos más complicados del inicio, más allá del traspié en el Monumental. Hubo empate contra Brasil –mereciendo la victoria- y la vuelta a la vida con un muy festejado triunfo ante Colombia en el terrible calor de Barranquilla. Mucha humedad sí, pero una cancha que nos favorece ampliamente, habida cuenta que ni los propios colombianos se sienten ya cómodos allí.

El resumen de los primeros cuatro partidos de eliminatorias terminó mucho mejor de lo que pasó al principio. Cinco puntos para ocupar el sexto puesto, a siete (¡7!) de Ecuador, un líder que parece incombustible y a cuatro del escolta Uruguay. Después a pelear con los que nos preceden con 7 unidades (Brasil, Paraguay y Chile). Justamente los trasandinos nos recibirán el próximo mes de marzo y la Argentina será local ante Bolivia, que parece ya a esta altura eliminada, lo mismo que la débil y caótica Venezuela.

El equipo: hay jugadores fundamentales que levantaron su nivel en los dos últimos partidos y son titulares sin dudas como Sergio Romero, la dupla central Otamendi-Funes Mori (¿Martino se animará a reponer a un Garay ya recuperado marginando al zurdo duro del Everton inglés?), la dupla Biglia-Mascherano, Messi-Agüero y Di María en el reencuentro. Por lo demás, falta la vuelta de Zabaleta por la derecha y la de Rojo por la izquierda, que entre Banega y Pastore encuentre los destellos futboleros que pueden colaborar con el lucimiento de sus compañeros y la posible participación de quienes están al acecho como Lavezzi e Higuain adelante, aunque Paulo Dybala viene pidiendo pista fuertemente gracias a su calidad y poder de gol.

Jugadores no sobran, pero alcanzan para ser ese equipo temible en los papeles. La prédica tranquila y sin histerias de Martino acerca de entender la idea, tiene un año largo y desafiante para desarrollarla y quitarnos de la cabeza los pronósticos funestos. La Argentina no ha sido de casualidad el subcampeón mundial. Ahora hay metas más cercanas y accesibles, como la clasificación para Rusia 2018 y pelear con lo mejor la Copa América que se hará en los Estados Unidos. Son estímulos que no pueden desaprovecharse.