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Las distorsiones cognitivas de los políticos argentinos Por Pedro Garassino

La miopía de muchos políticos, es determinar diagnósticos en escenarios fantasiosos acotados a grupos cerrados que los rodean. Activos y cerrados en sus núcleos de pertenencia, padecen de lo que el psicólogo estadounidense Aaron Beck, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Pennsylvania, denominó “distorsiones cognitivas”. Se producen por creencias sesgadas, hasta irracionales, que condicionan inconscientemente, la percepción e interpretación del pasado, el presente y el futuro. Un ejemplo, fue creer que el solo hecho de cambiar el gobierno en el 2015, iba a producir una “lluvia de inversiones”.

Es común que los entornos de la clase política, funcionarios de gestión,  militantes y/o asesores, centren sus esfuerzos en justificar las creencias erróneas y refutar aquellas que las contrarían desvalorizando cualquier otra posición disidente. Estas distorsiones cognitivas de “sesgo confirmatorio”, ocurren de un lado y del otro de “la grieta”. Los lleva a padecer de “falacia de la razón”, distorsión cognitiva de creerse poseedor de la verdad absoluta y no acepta otra posición diferente.

En su máxima expresión, la subjetividad y el fanatismo están lejos de todo método científico para determinar los reales fenómenos de causalidad que afectan a los argentinos. Se puede ejemplificar como un “unreality show” de la clase política y la gente espectadora detrás de una gran Cámara Gesell. ¿Son los representantes que elegimos a nuestra imágen y semejanza?.

Los filósofos españoles Jose Ortega y Gasett (una sola persona…) y su discípulo y continuador Julián Marías, amaban a nuestro país, “la Pampa” , la arquitectura, nuestra sociedad pero también agudizaron sus percepciones para caracterizar al “argentino promedio”.

Jose Ortega y Gasset describe con un toque de ironía: … “El argentino es demasiado Narciso; qué duda cabe, vive absorto en la atención de su propia imagen y lo grave es que se acostumbra el individuo a negar su ser espontáneo en beneficio del personaje imaginario que cree ser y, por lo tanto, al intentar hablar con él y buscar su intimidad, nos presenta su imagen ideal”…. “El argentino típico no tiene más vocación de ser ya el que imagina ser. Vive, pues, entregado, pero no a una realidad sino a una imagen. Y una imagen no se puede vivir sino contemplándola. Y, en efecto, el argentino se está mirando siempre reflejado en la propia imaginación. Es sobremanera Narciso. Es Narciso y la fuente de Narciso. Lo lleva todo consigo: la realidad, la imagen y el espejo”… agregó.

Los vínculos de ambos filósofos españoles con la sociedad argentina, se originaron en un entorno de clase media alta intelectual de la época donde obtuvieron las observaciones para obtener estas conclusiones.

En este marco, la omnipotencia de la clase política asociada a los fracasos, se relaciona, en gran medida, con las distorsiones cognitivas, en ocasiones, muy lejos de la realidad provocando errores de diagnóstico en detrimento del bienestar de la sociedad.

Bajo estas condiciones, las individualidades predominan frente al trabajo en equipo. La luchas internas y externas por el poder, producen un desgaste intelectual, psicológico, entonces poco queda para concentrarse, gestionar para la gente. El objetivo viciado por el narcisismo, la omnipotencia, es ganar. No importa tanto para qué, sino ganar la contienda de egos y poder.

Decenas de argentinos se destacan en el resto del mundo, desde los más notorios como el Papa Franciso, la reina Máxima, Messi, Ginóbili, científicos de la NASA, personalidades del mundo del arte, deporte, ciencias, profesionales y técnicos; individualidades e integrantes de equipos. La selección argentina fracasó con jugadores de primer nivel mundial, siendo la mayoría exitosa en equipos del resto del mundo.

En el sector público, el desgaste por las relaciones interpersonales, es mayor a la que produce la gestión en sí. La carencia de liderazgo e idoneidad para la gestión y formación de equipos de trabajo, sea por falta de experiencia o conocimientos, produce baja, hasta negativa productividad del Estado. En cada cambio de gobierno ingresan los amigos, no siempre los mejores. El mero hecho de asumir a un cargo, algunos servidores públicos creen tocar el cielo con las manos, condición suficiente y necesaria para sostener que son eruditos en la temática que les compete. A esta distorsión cognitiva se la denomina el “Efecto Dunning-Kruger”, la falsa percepción de las propias capacidades.

“¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos”, enfatizaba Ortega y Gasset

Pedro Miguel Garassino
Economista – Counselor