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La Unión Europea en la pospandemia

La UE comienza el 2021 con un Plan de Recuperación pospandemia y el nuevo presupuesto 2021-2027 ya en marcha. ¿Cuáles son sus claves y qué reflejan de la situación actual del proyecto de integración europea? Con el Brexit formalizado, los 27 miembros buscan encauzar una doble transición, digital y verde, que supere los disensos entre los distintos bandos dentro de la UE.

En 2020 la Unión Europea (UE) estuvo atravesada por tres hitos fundamentales: la concreción del Brexit, la asunción de la comisión liderada por Ursula von der Leyen con su propuesta digital y verde y el ambicioso Plan de Recuperación para enfrentar la pandemia del COVID-19. Al terminar el año, la UE aprobó el presupuesto para el próximo septenio (2021-2027). ¿Cuáles son sus claves y qué reflejan del proyecto de integración europeo?

Con 1,074 billones de euros en el presupuesto ordinario (o Marco Financiero Plurianual, MFP) para 2021-2027 y 750 mil millones de euros en el marco del instrumento temporal diseñado para impulsar la recuperación (Next Generation EU, en inglés), la suma total de casi 1,8 billones de euros es el mayor paquete de estímulos jamás financiado a través de las instituciones comunitarias.

El día de la aprobación del paquete el presidente del europarlamento, David Sassoli, resumió “Es un presupuesto histórico para un momento histórico (…) Con este paso, comienza el Plan Marshall europeo para salir de la dramática crisis generada por el COVID-19”.

La UE busca proteger a los ciudadanos, estimular a las empresas y asistir las regiones más afectadas por la pandemia. Más allá, el presupuesto también busca darle un nuevo rostro a Europa, más ecológico, más digital y más resistente a los desafíos geopolíticos futuros.

El último paso de la adopción del presupuesto de la UE se dio el diciembre pasado con la aprobación del Parlamento Europeo y el Consejo Europeo, 960 días después de que la Comisión Europea presentara su propuesta inicial en mayo de 2018. Los fondos del Marco Financiero Plurianual están a disposición de los miembros de la UE y otros Estados beneficiarios extracomunitarios a partir del 1 de enero de 2021.

 
LAS CLAVES DEL PRESUPUESTO
El MFP 2021-2027 abarca cuarenta programas de la UE, que se agrupan junto con el Plan de Recuperación extraordinario en siete ámbitos de gasto:
  1. mercado único, innovación y economía digital (7,8%);

  2. recursos naturales y medio ambiente (20%);

  3. seguridad y defensa (0,7%);

  4. cohesión, resiliencia económica y valores (60%);

  5. migración y gestión de las fronteras (1,2%);

  6. vecindad y resto del mundo (5,4%);

  7. administración pública europea (4%).

La previa definición de prioridades de la Comisión von der Leyen (2019-2024) ya pautaba un refuerzo hacia la doble transición, digital y verde, que la UE se propuso completar en 2050.

Tradicionalmente, la Política de Cohesión (parte del ámbito 4) y la Política Agrícola Común (parte del ámbito 2) fueron los dos programas privilegiados por los presupuestos europeos. Esta vez seguirán recibiendo una financiación importante (37% del gasto futuro total solo en estos dos programas), pero se modernizarán para garantizar que contribuyan de la mejor manera posible a la recuperación económica de Europa y a los nuevos objetivos ecológicos y digitales de la UE.

¿Cuáles son los programas que continuarán siendo prioritarios? Conectividad digital, el Programa Espacial Europeo, promoción de inversiones, economía del conocimiento e industrias creativas, ayuda humanitaria, el Erasmus+ y acción por el clima. Todas estas políticas comunitarias que se mantienen atienden a las preferencias de la juventud europea, pero también reflejan las duras negociaciones al interior de las instituciones de la UE, entre el Parlamento y el Consejo.

Dentro de este panorama, lo primero que destaca es la importancia prospectiva de las cicatrices de la pandemia. Alrededor de un tercio del gasto del MFP apuntará a reforzar el instrumento de recuperación Next Generation EU, lo cual busca extender la modernización y la capacidad de resiliencia del tejido productivo europeo.

Por otro lado, resulta llamativo el rol secundario que siguen ocupando las cuestiones de seguridad. El nuevo presupuesto proyecta 10.000 nuevos guardias fronterizos a disposición del Organismo Europeo de Guardia de Fronteras y Costas para 2027. Además, un nuevo Fondo Europeo de Defensa busca impulsar la competitividad, la eficiencia y la capacidad de innovación de la base industrial y tecnológica relacionada con la defensa de la UE.

Es cierto que por primera vez aparece en el MFP un ítem de seguridad y defensa (0,7%), otrora tabú en las oficinas de Bruselas. Pero un gasto en las áreas de migración, gestión de fronteras y defensa por menos de 36 mil millones de euros para los próximos siete años lejos está de señalar una UE “más geopolítica”.

Esto también encuentra un correlato en la Política Europea de Vecindad (PEV), programa que desde sus inicios hace 25 años busca generar estabilidad para la UE en su entorno inmediato: Europa del Este y el Cáucaso, y la cuenca del Mediterráneo. En el próximo MFP la financiación total para la PEV y otros programas para el resto del mundo ascenderá a 98.400 millones de euros, pero esto solo representa un 4% de aumento respecto del presupuesto 2014-2021, y en términos nominales.

Con todo, parece que no está dentro de las intenciones de la UE insistir en el terreno militar frente a cuentas pendientes en lo político, económico y social dentro del espacio común. Los conocedores del lenguaje político de la Comisión Europea señalan que quizás von der Leyen busque que la seguridad y la defensa cumplan también la máxima “prometer menos para superar las expectativas más tarde” (underpromise, overdeliver).

RUMBO FIJADO, TRIPULACIÓN INCIERTA
Como se comentó en entregas anteriores, la UE busca para 2050 alcanzar una doble transición: digital y verde. El nuevo MFP tendrá como objetivo global al menos el 30% del importe total en apoyo de los objetivos climáticos. La comisión von der Leyen ha sido enfática en cumplir con las metas del Acuerdo de París y el principio de no vulneración al Acuerdo Verde Europeo.

A fin de apoyar a las regiones más vulnerables e intensivas en carbono en su transición hacia una economía neutra en emisiones, se crea un nuevo Fondo de Transición Justa. Recibirá financiación tanto del próximo MFP como del instrumento de recuperación extraordinario, luego de las presiones de países como Hungría, Polonia y Chequia.

A la par, se establece el nuevo programa de financiación Europa Digital para promover el despliegue y la adopción en gran escala de tecnologías digitales clave, como las aplicaciones de inteligencia artificial y los instrumentos de seguridad cibernética más avanzados.

¿Con cuántos miembros se imagina la UE a sí misma llegando a destino? En lo inmediato, ahora que el Brexit concluyó formalmente, el nuevo presupuesto de la UE contempla una reserva de adaptación a las consecuencias de la salida del Reino Unido por 5 mil millones de euros.

Más adelante, el MFP del próximo septenio aspira a dinamizar la convergencia con los Balcanes occidentales (Bosnia y Herzegovina, Serbia, Montenegro, Kosovo, Macedonia del Norte y Albania), cuyos índices en todas las métricas de la UE resultaron insatisfactorios en las últimas dos décadas. Las seis prioridades son el Estado de derecho, la migración y la seguridad, el desarrollo socioeconómico, la infraestructura, la agenda digital y la buena vecindad.

A futuro, la doble transición hacia 2050 deberá superar la prueba del consenso entre los 27 miembros de la UE. No debe olvidarse que pese al padrinazgo de las dos grandes potencias “federalistas” comunitarias -Francia y Alemania- las iniciativas de la Comisión merecieron fuertes objeciones tanto de los gobiernos “frugales” (Países Bajos, Suecia, Austria, Dinamarca y Finlandia) como del Grupo de Visegrado (Hungría, Polonia, Chequia y Eslovaquia).

Con el plan de recuperación económica post COVID-19 y el MFP 2021-2027 ya en marcha, la Comisión von der Leyen cosechó un importante triunfo político, un “salto hacia adelante” respecto de las respuestas que la UE había dado ya en la crisis de 2008-10. La nueva emisión de deuda común y los contagios transfronterizos reflejan la alta interdependencia de los miembros de la UE, que necesita mantener máxima coordinación para hacer frente a las turbulentas aguas del siglo XXI.