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La última ola radical

Cualquier dirigente de la UCR, que posea lectura política de la realidad, sabe que el 2019 va a ser el último año para poder acomodar sus ambiciones personales, ya que los principios ideológicos los perdió hace tiempo.

Desde el plano de Cambiemos, que está a un paso de la implosión interna, Mauricio Macri cerró filas con Marcos Peña y se profundizaría el “duranbarbismo”, línea de acción inspirada en la llamada antipolítica que impulsa el gurú macrista, Jaime Durán Barba.

Desde lo electoral, hay fuertes posibilidades que los argentinos digan basta en octubre, cansados de un gobierno que no cumplió nada de lo que prometió y que bajó el nivel de vida de la gente, llevando la pobreza a cifras alarmantes y pegándole en la línea de flotación a su electorado de clase media. Es por esto que renace la posibilidad, casi inexistente hasta hace un año atrás, que el 10 diciembre del 2019 asuma un nuevo presidente y no sea precisamente de Cambiemos.

Mientras que Lilita Carrió nunca los respetó ni los va respetar y Macri que los utilizó hábilmente, el Gobierno al radicalismo solo le regaló unos cargos y no los tiene en cuenta para ningún tipo de decisión, apenas los llamó para las fotos cuando las papas quemaban. Ahora solo le queda esperar el desenlace político, ya que una vez más van a pagar el costo de apoyar proyectos que solo traen caos y crisis a la sociedad.

Hay una esperanza para un reducido grupo de correligionarios, aunque, al menos por ahora, no son muchos en todo el país, pero son los que empezaron a despegarse de los cómplices de su partido y sumarse a algún proyecto que levante algunas de las banderas históricas de la UCR, porque hoy, según mencionó uno de ellos, “se defiende lo indefendible de las políticas macristas, fueron cómplices del nefasto acuerdo con el FMI y hasta les entregaron una oficina en el Banco Central”, y agregó “se transformaron en burócratas que solo repiten un discurso que le bajan aquellos que llegaron para destruirnos” y lo están logrando, al menos en el plano orgánico partidario.

La última ola radical está a tiempo de reaccionar y esperar su momento para agarrar nuevamente las riendas de su partido y sino, ir por afuera a las elecciones, con otro sello. Pero ¿cómo diferenciar a estos dirigentes y militantes radicales de los otros? es fácil, no defienden ni justifican las políticas de Macri ni pregonan el mensaje sociocultural de Cambiemos y muchos menos niegan la realidad de una forma escandalosa.

“Asesorarse con los técnicos del Fondo Monetario Internacional es lo mismo que ir al almacén con el manual del comprador, escrito por el almacenero”. Arturo Jauretche