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La toga que puede cambiar Estados Unidos Por Jorge Argüello

El fallecimiento del influyente juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Antonin Scalia, deja una situación de empate entre conservadores y progresistas y ha convertido su sucesión en una cuestión central del debate político norteamericano. La mayoría conservadora que representaba Scalia modeló la sociedad estadounidense desde los 80.

Lo visité en 2012, como embajador, y quedé impactado por ese hombre, el primer ítalo americano del tribunal y fundador del originalismo, o interpretación literal de una carta magna del Siglo XVIII para resolver litigios propios de una sociedad tres siglos más avanzada.

Desde su nominación por el republicano Ronald Reagan, en 1986, Scalia fue decisivo en fallos a favor de la pena de muerte, de la portación de armas, de blindar los derechos religiosos frente al Estado y de condicionar, incluso, la reforma electoral de 1965 que había asegurado los derechos de participación de la minoría negra.

También le tocó perder en asuntos como el matrimonio igualitario y el derecho al aborto (“No está escrito en la Constitución”, alegó). En 2010, el voto de Scalia revirtió los controles de financiación de las campañas electorales y abrió la puerta a millonarios e ilimitados aportes a los candidatos.

La designación del noveno juez de la Corte Suprema puede extender por mucho tiempo el dominio conservador reinante desde hace 25 años. Pero la elección de un progresista puede reconfigurar por completo, en los años por venir, el escenario jurídico y social de Estados Unidos en cuestiones centrales de economía, ambiente, salud, educación, derechos de minorías e inmigración.

A Obama se le presenta ahora la inesperada oportunidad de nominar a su reemplazante y de volcar el equilibrio de la Corte. La primera reacción republicana ha sido darle al gobierno la misma medicina de los últimos años: obstruirlo.

El Presidente anunció su intención de nominar otro juez, pero el líder de los republicanos en el Senado, Mitch McConnell, lo cruzó con vehemencia: Obama debe dejar las cosas como están y ceder la decisión a su sucesor en enero de 2017. “Si nomina un candidato será rechazado”.

Durante sus dos mandatos, Obama logró mantener el bloque minoritario de los progresistas en la Corte Suprema. Esa influencia le permitió convalidar su reforma sanitaria (ObamaCare), pero no le alcanzó para evitar la suspensión de sus recientes medidas en favor de la inmigración, que la Corte puede revertir.

Obama hizo de la diversidad (género, origen étnico y orientación sexual) todo un sello de la nominación de más de 300 jueces desde 2009: 47% mujeres y 19% afroamericanos. “Cuando llegué a la Casa Blanca -dijo en 2014- solo un juez abiertamente gay había sido nominado. Yo postulé a diez”.

2016 es un año electoral. Los dos bandos deberán medir bien sus estrategias y dar sus próximos pasos con cuidado. La Corte Suprema es algo demasiado importante en Estados Unidos. Y como gusta decir Barack Obama en sus discursos, elections have consequences (votar tiene sus consecuencias).

Jorge Argüello – ex embajador en los Estados Unidos y Portugal -para Clarín