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La posibilidad de estallido social y la crisis económica aumentan la dependencia de Macri del peronismo

Las vulnerabilidades políticas que el gobierno empieza a exhibir tienen sus raíces en la economía. Lo que sigue siendo problemático es el manejo de la inflación. Esto se acentuó desde hace un par de meses. Con esta base monetaria y stock de Lebac, en un contexto de déficit fiscal, es sumamente difícil bajar la inflación a los niveles anunciados por Prat Gay para los próximos meses.

El aumento de los índices de desocupación y pobreza hacen que ya empiece a generalizarse la vuelta de la estanflación. Esta semana le tocó al presidente del PJ bonaerense Fernando Espinoza ser el pájaro agorero de lo que muchos piensan: que vamos rumbo a uno o varios estallidos sociales en los grandes conurbanos (Buenos Aires, Rosario, Córdoba, etc.).

En sus distintas variantes, la dirigencia peronista le está haciendo llegar al macrismo advertencias de todo tipo. Obviamente, se trata de una postura con un marcado interés político: se supone que sólo potenciando -es decir, dándoles recursos y protagonismo- a los caudillos peronistas el PRO podría encontrar los mecanismos de contención para evitar asemejarse a la imagen del gobierno de Fernando de la Rúa. Desde Sergio Massa hasta el intendente de San Miguel, ahora disidente suyo, Joaquín de la Torre, y desde Diego Bossio hasta José Luis Gioja, que puede llegar a ser electo presidente del PJ pero que perdió el control de San Juan en manos de un gobernador advenedizo, Juan José Uñac, todos ellos manejan más o menos la misma ecuación.

Si el gobierno admite que el peronismo es su único escudo de contención social, deberá ceder cuanto antes en su visión del escenario electoral del año que viene. El plan que proviene de los paladares negros como Marcos Peña y Jaime Durán Barba pasa por completar la victoria del 2015. Esto es, desmembrar el poder de los aparatos políticos peronistas mediante la instrumentación de un sistema de voto electrónico, imponer candidatos “de la nueva política” a la cabeza de las listas y barrer entonces al peronismo de sus tres grandes bastiones de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. De ocurrir esto, el PRO se podría convertir en un partido hegemónico y Macri podría aspirar a su reelección en el 2019, algo que aparentemente no lo apasiona pero que sí les interesa a los cuatros aspirantes a presidente, que ya hablan -en voz baja-.en su entorno: Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Marcos Peña y Rogelio Frigerio.

Frente a este plan triunfalista de máxima, está la realidad de una economía que no recibirá inversiones genuinas este año. Las reuniones con grupos inversores extranjeros en el exterior suelen tener más o menos el mismo tenor: ¿por qué invertir en la Argentina, cuyos capitales siguen depositados en el exterior y no hay señal alguna de confianza para repatriarlos (ahora se habla de un nuevo blanqueo, cuando el último ya fracasó en el 2008).

Macri ha demostrado ser un político realista y que rehuye la confrontación, prefiriendo siempre el acuerdo. De ahí que el grueso de la dirigencia peronista -sobre todo la bonaerense y los intendentes- espere que Vidal termine abriendo su mano para ir tejiendo acuerdos que le permitan al PRO sumar a buena parte del peronismo. Massa fue el primero que vio esto pero está muy lejos de controlar todo el proceso.

El ADN del antiperonismo

El renacimiento de una nueva versión de PRO-peronismo con fines electorales es entonces el camino de Macri para crear una red de contención a los conflictos sociales que avanzan a toda velocidad. Pero este rumbo significaría la derrota de su entorno de paladar negro y la admisión de que el PRO no podrá mantener la gobernabilidad sin fuertes apoyos en el justicialismo. Asi las cosas, ante la vulnerabilidad económica y social de la Casa Rosada, tanto la UCR como Elisa Carrió pueden pasar -o ya están pasando- a un segundo plano. En un país económica y socialmente estable, el poder se traslada a la negociación parlamentaria, donde la UCR tiene su punto fuerte. Pero la Argentina, después de doce años de populismo descontrolado, es un tembladeral donde el poder pasa por los que tienen capacidad de control territorial. Es decir, los que pueden evitar que la conflictividad termine en brotes de violencia que podrían poner al presidente en la puerta de un helicóptero.

Carrió reasumió esta semana su rol de jefa del antiperonismo para preservar a CAMBIEMOS de su eventual liquidación. Le apunta a un personaje en crecimiento, Daniel Angelici, como supuesto operador judicial, pero el tiro es por elevación contra el cerebro del acuerdismo con el peronismo: Enrique Nosiglia.

Carrió sabe, como cualquier analista, que si se desencadenara en la justicia federal un verdadero mani pulite, semejante al de Brasil, el impacto sobre los que dirigieron el peronismo -kirchneristas o aliados- en los últimos doce años sería enorme. Una explosión de causas judiciales que pusiera en el banquillo a las cúpulas peronistas le haría muy difícil a Macri pactar electoralmente con un partido que acumula cientos de causas de corrupción.

De ahí que el presidente se mueva con cautela y trate de hablar del tema sólo lo estrictamente necesario. Sin embargo, luego de que los casos de Lázaro Báez y Cristóbal López torpedearan la figura de CFK. La apertura de la caja de Pandora no se detiene. A mediados de mes habrá novedades en la causa en la que se investiga el supuesto pago de coimas por parte de BP (ex British Petroleum), socia de la petrolera Pan American Energy, a cambio de la extensión del contrato del yacimiento Cerro Dragón, en Chubut. El fiscal Guillermo Marijuán ya tiene agendadas tres reuniones en Nueva York en la que tendrá acceso al expediente que tramitó en la Securities and Exchange Comision (SEC).

Como siempre sucede en las causas que tramitan ante el regulador bursátil de Estados Unidos, fue la propia petrolera inglesa la que se incriminó y aportó los elementos probatorios. En estos procedimientos, las compañías prefieren asumir sus culpas y pagar las multas por sus inconductas antes de que sea cancelada su cotización bursátil.

Marijuán tiene agendadas reuniones el 11, 12 y 13 de abril en EEUU. Allí tomará contacto con las actuaciones y podrá extraer copias. La causa por el presunto pago de coimas es de abril de 2014, cuando se conoció la presunta existencia de una autodenuncia de BP para evitar quedar fuera del mercado de valores. Técnicamente, el caso ya está cerrado para las autoridades administrativas.

La investigación tiene que ver con la extensión por 30 años del contrato de concesión del área Cerro Dragón, que firmó en 2007 el entonces gobernador de Chubut, Mario Das Neves. Pese a ser una actuación provincial, en aquella renegociación también habría estado involucrado el ex ministro de Planificación Federal, Julio de Vido. Tanto PAE como el ex ministro negaron la existencia de irregularidades y acusaron al sucesor de Das Neves, Martín Buzzi, como el orquestador de la denuncia.

El caso Cerro Dragón no sólo se llevaría puesto a Julio de Vido. También podría tocar a Cristina Kirchner y, desde ya, al Grupo Bulgheroni, principal consorcio petrolero del país.

La reciente amenaza de Lula a los jueces brasileños vale para el caso: si quieren seguir a fondo con las investigaciones, terminarán destruyendo -pronosticó- a la economía brasileña y a muchos de sus principales corporaciones, llevando a una crisis social de proporciones insospechadas. Algo de esto empiezan a pensar algunos asesores de Macri.

Sin duda alguna, la matriz que expresa Carrió y una parte del radicalismo está pensada para ser oposición y no para gobernar. Por eso ella no puede evitar que aflore su naturaleza y ya es la primera objetora del propio Macri. La magia de este último reside en parte en su decisión de reinsertar a la Argentina en el mundo. Pero de poco le serviría esto si la situación interna se le va de las manos. Derrotado y confundido, sin liderazgos descollantes y con pocos presidenciables -apenas Massa y Juan Manuel Urtubey-, el peronismo sigue teniendo la llave de la gobernabilidad.

Por Carlos Tórtora para Informador Público