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La persecución judicial “light” al cristinismo, un tanteo macrista

Tres días atrás, la causa Hotesur, talón de Aquiles de la familia presidencial, sufrió un retroceso en su investigación. Esto justamente cuando el mundo político y tribunalicio estaba expectante de si CFK sería llamada a declarar en la misma.

El juez federal Daniel Rafecas se declaró incompetente para impulsar uno de los ejes centrales de la causa Hotesur, al considerar que las presuntas maniobras de lavado denunciadas en los hoteles de la familia Kirchner deben ser investigadas por su colega Julián Ercolini.

Rafecas decidió quedarse, sin embargo, con otros tres tramos del expediente. El primero, centrado en el controvertido acuerdo comercial que el hotel Alto Calafate mantiene con Aerolíneas Argentinas; el segundo, los supuestos delitos cometidos dentro de la Inspección General de Justicia (IGJ) para obviar las inconsistencias de la sociedad Hotesur, y por último, las supuestas falencias en las declaraciones juradas patrimoniales de la ex presidenta.

Ercolini debe analizar ahora si acepta el planteo de Rafecas y se queda con el tramo de la causa Hotesur, que llega hasta Lázaro Báez, Cristóbal López y el fallecido Juan Carlos Relats, entre otros, o si, por el contrario, rechaza la decisión de su colega. En ese caso, será la Cámara Federal porteña la que definirá quién asumirá la instrucción.

La decisión de Rafecas de declararse incompetente para investigar la licitud de esa operatoria llegó en un momento sensible de la pesquisa. Ocurrió después de que el fiscal federal Carlos Stornelli le pidió que ordenara un peritaje contable sobre toda la actividad sospechada. Y en momentos en que la Sala I de la Cámara de Casación Penal -integrada por Gustavo Hornos, Mariano Borinsky y Ana Figueroa-, la máxima instancia penal del país, se apresta a resolver tres incidentes simultáneos de competencia.

Rafecas, sin embargo, se adelantó a la Casación -dos instancias por encima de él-, evitó ordenar el peritaje que pidió Stornelli y se declaró incompetente. Es decir, un camino que ya adoptó -o intentó hacerlo- en otros expedientes sensibles que pasaron por sus manos durante los últimos años. Entre otros, el de Papel Prensa y la denuncia contra la ex presidenta del fallecido fiscal federal de la Unidad AMIA, Alberto Nisman.

El caso es que, 24 horas después esta noticia, el juez Claudio Bonadío citó a declaración indagatoria a la ex presidente Cristina Kirchner en el marco de la causa que investiga negociados en las operaciones de venta de dólares a futuro. La ex jefa de Estado deberá presentarse en Comodoro Py el próximo 13 de abril a las 10. En las oficinas cristinistas, ya se están preparando movilizaciones para victimizar a su jefa.

Una primera y obvia comparación entre las dos causas: en Hotesur está prácticamente demostrado el enriquecimiento ilícito de CFK, su hijo Máximo y otros asociados. Las negociaciones de ventas de dólares a futuro constituyen una cuestión penalmente muy discutible y donde la responsabilidad directa de la ex presidente podría diluirse fácilmente, junto con la ilicitud de las decisiones tomadas. En una escala de gravedad de 1 a 10, Hotesur está en un nivel 9 y la causa de los dólares en no más de 2 ó 3.

Es costumbre en la Argentina interpretar que la justicia federal acompaña las estrategias políticas del gobierno. De ser así, en este caso, se optó por la mínima persecución legal necesaria para no instalar la idea de que la ex presidente esta al borde de la impunidad. O sea, en otras palabras, que el macrismo se muestra extremadamente prudente en su nivel de confrontación con el kirchnerismo. Los motivos son varios. El Papa Francisco se interesa sobre la suerte de Cristina y esto formaría parte de la agenda de Roma. Para Francisco, una fuerte persecución judicial al kirchnerismo pondría en la picota al peronismo en su conjunto y esto podría afectar la paz social.

Por algo la pieza maestra que el cristinismo dejó en el poder, la Procuradora General Alejandra Gils Carbó, tampoco está bajo fuego graneado del oficialismo.

En este juego sutil cuentan muchos factores. Nestor y Cristina Kirchner, siguiendo el ejemplo de Raúl Alfonsín con los militares, construyeron su poder a partir de elegir un enemigo -en este último caso los militares- al cual persiguieron sistemáticamente culpándolo de todos los males del país.

Los Kirchner, fieles a su estilo, subieron la apuesta y emprendieron una interminable cruzada contra la derecha en todas sus expresiones.

Con un estilo totalmente distinto, Mauricio Macri intenta construir su poder negociando sector por sector y sin elegir un enemigo al cual intenta destruir. En el discurso de apertura de sesiones legislativas del próximo 1° de marzo, probablemente aflorará esa impronta personal.

La diferencia con la herencia que recibió Carlos Menem, por desgracia, le juega en contra. Los radicales huyeron del poder dejando contados casos de corrupción en su débito. Apenas el escándalo de la importación de pollos de Ricardo Mazzorín y la prisión del administrador de la Aduana Juan Carlos Del Conte. En cambio, el kirchnerismo protagonizó un saqueo sistematizado de las finanzas públicas. Si la justicia federal actuara con excesiva lentitud o blandura, el macrismo podría ser erosionado por la acusación de que se trama un pacto de impunidad.

Muchas más dudas que respuestas

En este delicado equilibrio se mueve Macri, sabiendo que su jefa de la oposición ideal es CFK, porque tiene un altísimo porcentaje de rechazo en la opinión pública. Pero cabe preguntarse si, aun golpeado y con divisiones, el kirchnerismo no es todavía demasiado peligroso como para hacerle la vida fácil en tribunales. A partir de la semana que viene, el gobierno de CAMBIEMOS empezará a experimentar el aumento del descontento social por el ajuste y sólo entonces sabrá si el actual desorden peronista lo favorece o por el contrario lo perjudica. Una cosa es cierta: si las turbulencias sociales que se avecinan son importantes, paradójicamente este mal ambiente podría persuadir a los holdouts más renuentes a que es mejor llegar a un acuerdo rápidamente, no sea cosa que la era de Macri sea breve.

En torno a este punto, el macrismo también tiene un toque original: a tres meses de asumir, ya son un tema importante ciertos comentarios de Macri acerca de que no se presentará a la reelección, y Horacio Rodríguez Larreta ya se imagina candidato en una interna donde el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, es para algunos el verdadero delfín presidencial.

Esta incipiente interna, que probablemente incorpore a Gabriela Michetti y a otros más adelante, refleja apenas una parte de la realidad: el PRO necesitó de los votos radicales y también peronistas para ganar y esto no parece fácil de modificar. Sergio Massa entendió claramente cuánto vale ser el aliado peronista del gobierno.

Ahora, cuando el ajuste va a revelar hasta dónde llega la reacción peronista, el mundo de negociaciones en el cual teje bien Macri puede agrietarse. La llegada de Obama a fines de marzo será sin duda un espaldarazo, pero también un gran incentivo para que la izquierda y parte del peronismo y de la UCR salgan a capitalizar uno de los bienes políticos más preciados por los argentinos: el antiyanquismo como bandera populista.