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La obesidad afecta los derechos de niños, niñas y adolescentes

La obesidad es un factor de riesgo determinante de enfermedades crónicas no transmisibles y también para desarrollar complicaciones por COVID-19.

El sobrepeso y la obesidad no sólo son perjudiciales para la salud física. Cada día vemos, en la calle, redes sociales o medios de comunicación, expresiones discriminatorias hacia personas con sobrepeso. Este discurso incluye situaciones de maltrato, violencia psicológica y verbal, fomenta los trastornos de alimentación, genera desigualdad en el acceso a la vestimenta y a los servicios públicos, entre otras situaciones. La discriminación y estigmatización de niños, niñas y adolescentes con sobrepeso u obesidad, no sólo afecta su autoestima, sino que generan una barrera para su desarrollo integral.

Muchas veces se atribuye la obesidad a una conducta exclusivamente individual: a una dieta desordenada y una falta de ejercicio que solamente se puede combatir con decisiones personales y fuerza de voluntad. Sin embargo, la obesidad y el sobrepeso responden a un “entorno obesogénico”, es decir, un contexto que favorece su aparición desalentando el ejercicio físico (privilegiando las escaleras mecánicas, o escondiendo las escaleras comunes en los edificios) y alentando el consumo de bebidas y alimentos “poco saludables” (por medio de la publicidad de alimentos hipercalóricos, proliferación de locales de comidas rápidas, etc.).

Diversos estudios han mostrado que los habitantes de zonas urbanas con más locales de comidas rápidas tienen mayores niveles de obesidad, situación que es común a distintas culturas y edades. A pesar de lo que se afirma, la falta de entornos que favorezcan la actividad física no se asoció significativamente a mayores índices de obesidad, aunque sí generan riesgos de otros tipos de enfermedades, especialmente cardiovasculares.

Para muchos expertos, la regulación de estos entornos obesogénicos, sobre todo lo que hace al consumo y la oferta de alimentos no saludables, es la clave para combatir la obesidad, y recuerdan la experiencia de la lucha contra el consumo de tabaco: recién cuando se limitó su publicidad y se prohibió su consumo en determinados ambientes comenzó a bajar el número de personas fumadoras, y de muertes causadas por el cigarrillo, en todo el mundo.

Es por esto que es fundamental la participación de los diferentes estamentos del Estado en este tema para poder brindar una respuesta integral a esta epidemia.

Algunos datos sobre la obesidad en la Argentina y en el mundo

La obesidad es un factor de riesgo determinante de enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT), como diabetes, cáncer, enfermedades cardiovasculares, trastornos músculo esqueléticos y enfermedades respiratorias. Para dimensionar la gravedad del problema: las ECNT representan el 71% de las muertes a nivel globalRecientemente, se agregó a la obesidad como factor de riesgo de desarrollar complicaciones por COVID-19, puesto que debilita el sistema inmunitario y genera una situación de inflamación crónica en todo el cuerpo.

La Organización Mundial para la Salud (OMS) da algunos datos alarmantes:

  • Desde 1975, la obesidad se ha casi triplicado en todo el mundo.
  • En 2016, más de 1900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales, más de 650 millones eran obesos.
  • En 2016, el 39% de las personas adultas de 18 o más años tenían sobrepeso, y el 13% tenían obesidad.
  • En 2016, 41 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos.
  • En 2016 había más de 340 millones de niños y adolescentes (de 5 a 19 años) con sobrepeso u obesidad.
  • En la Argentina, la mitad (49,3%) de los niños y niñas tienen sobrepeso u obesidad al terminar el ciclo escolar primario.
  • En la Argentina un 13,6% de los niños menores de 5 años tiene exceso de peso y la cifra se extiende al 41,1% en la población de 5 a 17 años, según la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (2019) del Ministerio de Salud de la Nación.

En términos internacionales, se ha observado que el consumo de productos ultraprocesados, que intervienen directamente en el aumento del sobrepeso y la obesidad, disminuye más rápido en los países más ricos que en los países más pobres: a mayor Producto Bruto Interno (PBI), mayor disminución del consumo de alimentos ultraprocesadosEn América Latina, donde el consumo de ultraprocesados está en aumento, el 7,3% de los menores de 5 años, y alrededor del 60% de los adultos tiene sobrepeso u obesidad, según datos de 2018.

La Argentina está en el primer puesto de la región en sobrepeso en menores de 5 años. Además, en nuestro país, 7 de cada 10 adultos tienen exceso de peso. La mitad (49,3%) de los niños y niñas tienen sobrepeso u obesidad al terminar el ciclo escolar primario independientemente del peso que tenían al haber ingresado a la escuela. Es decir: los hábitos de consumo que continúan reproduciéndose durante la escolaridad incrementan el exceso de peso.

La obesidad afecta a todos los niveles socioeconómicos, aunque tiene consecuencias más graves para aquellas personas de mayor vulnerabilidad. Esto se atribuye, entre otros factores, a que tienen mayor acceso a productos ultraprocesados, baratos y de bajo valor nutricional.

La obesidad atenta contra los derechos de los chicos y las chicas

Ante estos datos, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) señala que la obesidad afecta los derechos de los niños, niñas y adolescentes (NNyA) consagrados legalmente en la Convención por los Derechos del Niño (CDN). Si bien el derecho a la salud y a la alimentación son los más claramente afectados, la obesidad también afecta el derecho a la educación, a la información, a la no discriminación, al juego y al esparcimiento y, más ampliamente, a la vida, a la supervivencia y al desarrollo pleno.

La evidencia disponible hoy muestra que para abordar esta situación y construir una sociedad que proteja mejor a sus niños, niñas y adolescentes, no alcanza con medidas individuales de dieta y ejercicio físico. Luisa Brumana, representante de UNICEF Argentina, señala que “es necesario contar con una política integral, que incluya regulaciones que favorezcan el fácil acceso a información clara; entornos saludables especialmente en las escuelas; y protección de los niños contra la publicidad de productos no saludables. Las familias deben recibir todos los apoyos necesarios para elegir mejor sus alimentos y crear ambientes para que chicos y chicas puedan desarrollarse saludablemente”.

Una de las medidas concretas que se proponen es la ley de etiquetado frontal de alimentos y bebidas, que consiste en incluir en los paquetes una advertencia sanitaria bien legible y fácilmente comprensible, en octógonos negros de gran tamaño, donde se informe sobre el exceso de grasas, sodio y azúcares de productos comestibles. Este proyecto de ley, que se debate en la Cámara de Senadores de la Nación , tiene como objetivo ayudar a organizar entornos saludables, y a garantizar el derecho a la información y a la alimentación saludable de la población comenzando por los niños y niñas, y los hábitos alimentarios que los acompañarán toda la vida.

Obesidad y coronavirus

En lo que va del año 2020, las distintas medidas de aislamiento tomadas en todo el mundo a raíz de la pandemia de coronavirus cambiaron nuestros hábitos de sueño, ejercicio físico y alimentación. En un estudio realizado en Italia, se observó que la cuarentena alteró negativamente la alimentación en niños, niñas y adolescentes, aumentando el consumo de bebidas azucaradas, snacks y carnes rojas. Además, la situación de estrés, ansiedad y aislamiento genera desórdenes en nuestra alimentación, no solamente en su cantidad, sino en su calidad, al punto tal que algunos expertos y expertas prevén un aumento en los niveles de obesidad en la población mundial post-pandemia.

Además, se ha observado que muchos de los pacientes con más complicaciones por COVID-19 tenían sobrepeso y obesidad. Un estudio reciente, que analizó datos de 399.461 pacientes, mostró que las personas con obesidad tenían 113% más probabilidades de necesitar internación, 74% más probabilidades de necesitar terapia intensiva y 48% más probabilidades de morir por complicaciones de la enfermedad. La obesidad, además, puede desencadenar otros factores de riesgo de COVID-19, como el síndrome metabólico, que aumenta la necesidad de asistencia respiratoria y cuidados intensivos.

Por Fabricio Ballarini y Juan Eduardo Bonnin – Unicef Argentina