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La historia detrás de la alianza entre Del Potro y Mónaco

Enfrentados desde 2012, limaron asperezas y se pusieron al frente de objetivos en común; una decisión en beneficio del equipo

La temperatura derrite. Los 33° incendian las plantas de los pies. Los pinos del Circolo Tennis Baratoff ni se mueven, no corre nada de viento. Ni siquiera llega una brisa desde el Adriático, a pocos kilómetros del lugar. El mediodía es luminoso y todavía se sigue trabajando en las tubulares metálicas del estadio donde jugarán Italia y la Argentina desde el viernes. Juan Martín del Potro,el hombre que regresó a la Copa Davis después de casi cuatro temporadas, sale del vestuario con paso cansino, rumbo a la cancha. Gorrita blanca, raqueta en mano, toalla en el cuello, zapatillas con los colores de la bandera nacional. Lo acompaña el kinesiólogo Diego Rodríguez, el mismo que lo asiste desde que regresó al circuito en febrero pasado, en Delray Beach. Apenas unos minutos más tarde, Juan Mónaco aparece en escena y toma el mismo camino. Prueban la tensión de sus encordados, se ajustan los cordones, toman unos sorbos de agua mineral y se disponen a practicar. A practicar juntos. Uno frente a otro. La escena, por más usual que parezca, no lo es. Tiene un valor simbólico fenomenal. Porque hasta no hace mucho tiempo, esa acción entre los dos tandilenses hubiera resultado imposible.

Mónaco (32 años) y Del Potro (27) se conocen desde chicos. Al margen de la diferencia de edad, fueron al mismo colegio: el San José, de la ciudad serrana. Se formaron en el mismo club, en Independiente, que hace unos días cumplió 98 años. Compartieron varios años en el circuito. Pero en un momento la relación entre ellos se hizo añicos. El punto de quiebre fue, probablemente, en septiembre de 2012, cuando la Argentina perdió 3-2 frente a la República Checa, en el Parque Roca, por las semifinales de la Copa Davis. Ese fin de semana dejó heridos. Aquella había sido la última serie en la que ambos compartieron un grupo. Desde ese momento, cada vez que coincidieron en un torneo -no fueron demasiadas, ya que los dos sufrieron severas lesiones y cirugías-, se los vio distanciados. Las diferencias entre ellos fueron aumentando. El año pasado, cuando Mónaco no fue citado por Daniel Orsanic para la serie frente a Brasil, gente del entorno de Pico pensó que la decisión del capitán respondía a un pedido de Del Potro. “Mi relación con Del Potro es nula, me enteré de que volverá al equipo cuando se recupere porque leí uno de sus comunicados, y me alegra su decisión, pero no tengo diálogo con él”, afirmó Mónaco en febrero de 2015. A fines del año pasado, compartieron un casamiento de un conocido en común, en el Valle de Tandil, y estuvieron en sectores opuestos, sin diálogo. Pero, poco a poco, el escenario empezó cambiar. Desde que Orsanic asumió como capitán, se propuso difundir un mensaje de unidad y respeto; Del Potro, aun sin poder competir, se sumó a ese espíritu y acompañó al equipo desde afuera de la cancha. Impulsados por distintos objetivos en común, como participar de los Juegos Olímpicos y actuar en la Copa Davis, decidieron acercarse y solucionar sus mayores diferencias.

Este año, durante el torneo de Miami, se produjo una de las charlas. En Key Biscayne hubo cierta química. Y desde ahí, todo fluyó con mayor naturalidad. Incluso, durante el último Wimbledon ambos declararon que, en realidad, sus discrepancias no eran grandes y que habían sido potenciadas por la prensa., aunque ello no fuera así.

Por todo eso, y por los innumerables capítulos de fuego cruzado entre los argentinos cuando de Copa Davis se trata, esta suerte de alianza armoniosa entre ambos es, sin dudas, productiva y saludable. Representa un logro de Orsanic como conductor. Y también de los dirigentes de la Asociación Argentina de Tenis; ayer, algunos de ellos, observando práctica, no pudieron ocultar la satisfacción por haberlos reunido en el equipo. Bajo una temperatura sofocante, se entrenaron durante 50 minutos; hicieron distintos ejercicios y hasta se alentaron uno a otro.

“Para mí todo esto es tiempo, es trabajo, es simplificar las cosas, es usar el sentido común, que creo que todos lo tenemos. Es producto del mensaje, del tiempo que va acomodando las cosas. Nosotros, a nivel cuerpo técnico, no nos sorprendemos. Los jugadores no se sorprenden porque no hay ningún., está todo bien. Hoy les tocó entrenar a ellos. Me pone contento, muy contento, y a mí me ratifica lo que pienso desde el primer día”, aseveró Orsanic sobre la situación de los tandilenses.

“Siempre seguí mis convicciones -prosiguió el ex doblista-. Contra Brasil nombré al equipo que consideraba más competitivo. Es importante estar adentro, ver cómo están los jugadores y elegir. Justo coincidió con que Pico jugó muy bien el ATP de Buenos Aires y por eso hubo contradicciones o distintas opiniones. En ese momento hablé con Pico y le dije que, estando en su nivel, integraría el equipo. Y fue así. No lo confirmo ahora: yo ya quise que estuviera antes, pero por un tema de lesiones no había podido estar. Lo mismo que dijimos el primer día lo seguimos haciendo. Y es fácil porque es la verdad y como lo sentimos”.

Del Potro jugará con seguridad el punto de dobles, junto con Guido Pella. Por sus limitaciones físicas, parece difícil que participe en un punto de single. Mónaco jugaría en la primera jornada ante Fabio Fognini, la raqueta mejor ranqueada de los conducidos por Corrado Barazzutti. Del Potro y Mónaco viven a menos de un kilómetro de distancia, pero hasta no hace muchos meses, sus pensamientos estaban en puntas opuestas. Hoy, ambos conviven dentro de un mismo equipo. Es todo un mensaje. Es todo un avance.

Por Sebastián Torok