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La avenida del miedo

Al paladín del consenso se lo tragó la grieta. Los halcones lo pusieron bajo fuego y quedó expuesto, pegado a los Kirchner. Sacar leyes, ¿misión imposible?.

Le toca comprobar, como nunca, la inexistencia de la avenida del medio. Sergio Massa no sólo vio frustrado su objetivo de llegar a un acuerdo con la oposición para sesionar bajo el paraguas del consenso, sino que fue la pieza más expuesta en el choque por el formato del debate en Diputados, dentro y fuera del Congreso. El presidente de la Cámara sabía desde hacía un mes que tenía por delante un escenario adverso en el que ni siquiera podía sacar un dictamen favorable, pero esperaba imponer su muñeca para lograr un mínimo entendimiento, ganar tiempo y trabajar una mayor legitimidad. El 30 de julio pasado, cuando la reforma judicial entró al Senado, se le venció el protocolo que había acordado con Juntos por el Cambio dos meses antes. Entonces, se inició un proceso de distanciamiento entre oficialismo y oposición que terminó con el show de la grieta, el martes pasado, y delató la rosca insuficiente con los jefes parlamentarios del PRO, la UCR y la CC.

La novela de las ocho horas en la comisión de Labor Parlamentaria tiene distintas versiones según quien la escriba, pero consagra una polarización que no beneficia a las palomas, abanderadas de palabra del acuerdo permanente. Unos y otros se acusan de compromisos incumplidos, le facturan al rival falta de conducción y responsabilizan a sus bases por la negativa a llegar a un acuerdo. Massa fue el blanco predilecto de la oposición más rabiosa y el rencor que le guarda el macrismo duro desde que decidió dar el salto de regreso al útero materno del cristinismo se expresó con más fuerza que nunca.

La primera en apuntar contra el fundador del Frente Renovador fue una vez más Elisa Carrió, que volvió a la pantalla de TN en horario central para acusar a Massa de “golpista” y de convertir en consigna política lo que hasta entonces sólo circulaba como hashtag. Después, vino la difusión de su teléfono, las amenazas que recibieron él y su familia, la denuncia en la fiscalía de Rincón y el bocinazo en la puerta del country de Tigre en el que vive. Es un nivel de bullying tan peligroso como inédito.

Según pudo saber Letra P, en cuanto al número que comenzó a circular entre odiadores seriales del macrismo, el exintendente sospecha de algunos diputados que se fueron de madrugada del Congreso y se cruzaron con la secta que comandaba afuera Alfredo Casero.  El humorista fue filmado mientras hacía el skecht de “llamar” a Alberto Fernández.

Al final del día, Massa no pudo imponer su juego de mediaciones, decidió como parte del Gobierno y quedó recostado del lado de Máximo Cristina Kirchner. Es lógico, son parte de la misma alianza, pero el exjefe de Gabinete siempre apuesta a conservar un margen de autonomía que esta vez quedó por completo diluido. Puede haber sido una victoria de la oposición talibán y un fracaso de la política, la suya en primer lugar.

El miércoles, Massa recibió el llamado de Horacio Rodríguez LaretaMaría Eugenia Vidal Cristian Ritondo, que se solidarizaron con él después de las agresiones a su familia y fueron criticados por eso en las redes sociales. Para el sector más duro de la oposición, las amenazas que denunció son parte de un proceso de “victimización” que delata la “impotencia” del presidente de la Cámara. Es uno de los mayores déficits de Massa en todas las encuestas: aún cuando se mueva con coherencia, le facturan actuar de modo impostado.

Este jueves, el jefe de la bancada del PRO volverá a tomar contacto con Sergio en busca de desandar el camino de confrontación que se impuso el martes último, pero hará falta también el aval de Mario Negri, que decidió viajar a Córdoba.

CHAU CONSENSO. A Massa le fue imposible saldar una diferencia de interpretación que se originó el 30 de mayo pasado cuando se incluyó la palabra “consenso” en el protocolo. Con los puentes rotos, el término “refrendar” desató una batalla entre diputados, producto del arrastre que se reedita con cada prórroga de un mes para sesionar en forma virtual. Subida al tren de pagarle al kirchnerismo duro 2015-2017 con macrismo duro, la oposición desconfía del oficialismo y piensa que la forma terminará definiendo el fondo y las votaciones que vienen por temas sensibles que trascienden a la reforma judicial: el Presupuesto 2021, el impuesto a la riqueza y la nueva forma de ajuste jubilatorio, que, según JxC, el FDT quiere aprobar sin pagar el costo político que tuvo que enfrentar Cambiemos en la calle.

El martes, durante nada menos que ocho horas, el presidente de la Cámara de Diputados jugó su partido como acostumbra, dentro y fuera del Palacio. En la comisión de Labor Parlamentaria se cruzó con su amigo Ritondo.

-Tenemos entre 90 y 100 diputados acá- le dijo el exministro de Vidal.

-No los tenés, respondió Massa.

-Contalos.

Poco después, desde la presidencia de la Cámara se filtró a la prensa el dato de que había sólo 34 integrantes de la bancada de Juntos por el Cambio. Sin embargo, la mayoría estaba en el anexo y fue finamente al recinto en una sesión a pura histeria en la que alrededor de 90 diputados se negaron a loguearse bajo el sistema conocido como VPN, la red privada telemática que dispuso Massa para la cuarentena.

Más tarde hubo, una reunión en el despacho de Massa con los jefes de bloque y Eduardo Bucca, diputado de Consenso Federal, estuvo a punto de torcer en favor del oficialismo la negociación desde su rol de médico. La oposición pidió un cuarto intermedio y al regreso se negó a acordar lo que parecía un hecho. Hubo otro episodio en el que el presidente aludió a un “legislador pampeano” que le había planteado que no podía ir porque tenía una enfermedad prevalente. Era parte de un tira y afloje agotador que concluyó mal para casi todos.

DEBE Y HABER. Al final de una jornada interminable, con un mar de confusión, operaciones de corto alcance, Massa se quedó con un sabor amargo. Según dicen a su lado, hacia adentro del FdT se vio fortalecido como nunca. Por un lado, por la alianza cada vez más firme que lo une a Kirchner y cotiza más alto en situaciones difíciles, donde Massa se muestra alineado. “La relación es perfecta y el reparto de roles se mantiene. Él actuó de manera correcta y la pasó mal”, le dijeron a Letra P cerca del jefe de la bancada oficialista. El massismo también está satisfecho, porque advierte que se cumple el acuerdo político de origen y le respetan las “diferencias” que plantea sin salir a cruzarlo como antes. Ejemplo de esta misma semana: la advertencia que hizo el exjefe de Gabinete de quitarle la AUH y el IFE a las personas que participen en la toma de tierras.

La simbiosis entre Massa y Máximo Kirchner es tanta como para fastidiarse juntos por las declaraciones de Fernández, que dijo el miércoles en Ezeiza que el Congreso no había podido sesionar y recibió un rato después la visita de los dos en Olivos. En el oficialismo de Diputados, culpan no sin inocencia a Fernando Navarro, el enlace Parlamentario y dirigente del Movimiento Evita que discute con la línea dura que fomentan Massa y Berni, pero además está enfrentado desde hace tiempo con La Cámpora. Por otro lado, en la presidencia de la Cámara registran que un grupo de intendentes -y hasta influencers de Twitter– identificados con CFK salieron a respaldarlo ante las agresiones que recibió.

Sin embargo, los colaboradores del exintendente admiten que no pudo cumplir con el objetivo del consenso, uno de los activos que distingue el rol del presidente de la Cámara y también el diferencial que Massa le puede aportar al FdT. Se vio desbordado por la tensión entre el macrismo duro y el cristinismo. Sus amigos del peronismo amarillo afirman que “se comió una paliza” de cara a una parte de la sociedad y le facturan dos oportunidades perdidas. En primer lugar, que no apeló a una salida política de emergencia como hubiera sido la de extender el protocolo por un día para votar las leyes de turismo y pesca, que no generaban mayores diferencias, y seguir negociando. En segundo, no haber aprovechado para suspender la sesión y denunciar que la oposición estaba impidiendo el funcionamiento del Parlamento y la resolución de problemas para sectores afectados. Pero una performance de ese tipo no hubiera tenido respaldo en el oficialismo. Massa laudó a favor de su espacio y decidió avanzar sin consenso. Su objetivo a partir de ahora es seguir legislando y aprobando las leyes que necesita Fernández. Fácil no va a ser

Por Diego Genoud – Letra P