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Imágenes obscenas Por Mónica Gutiérrez

Contar plata delante de los pobres es siempre un acto de impudicia. La imágenes que muestran a Martín Báez, controlando cápsulas selladas de fajos de dólares y euros que suman millones mientras consume whisky con el contador Pérez Gadín es un acto lisa y llanamente obsceno.

Lo que antes te contaban, ahora lo podés mirar en full HD.

Ver para creer. Creer o reventar.

Con la displicencia de quien cumple una tarea a la que está acostumbrado, el hijo de Lázaro, abre los paquetes y los hace pasar por la maquinita.

Luego en tremendos bolsos los millones parten hacia la bóveda o el lavadero.

¿Quién sabe hacia dónde si la justicia no investiga?

Todo esto ocurría en 2012, cuando ya el cepo asfixiaba empresas, cuando no se podía importar ni insumos médicos sin un interminable papeleo y cuando la presidenta agobiaba a todos y todas con sus diatribas pesificadoras por cadena nacional en las cuales, además, humillaba a propios y extraños, entre otros a su ministro estrella mandandolo a cambiar la “tarasca verde” primero en la fila y “con bonete”. O sea…

En el mismo momento en que el dólar era ilegal y los sabuesos recorrían la citi dispuestos a clavarte el tarascón, en Puerto Madero, Martín B y sus amigos embolsaba billetes de a kilos como si nada.

¿Qué cepo ni qué ocho cuartos?

La platita que “encanutaba” el joven y acaudalado empresario era de la buena, contante y sonante, cash.

Ni negra, ni blue: oficialmente verde. Y lo hacía bajo el atento ojo de las cámaras de seguridad, en las oficinas de la financiera que tiene sede en el emblemático edificio Madero Center, el sitio en el que supo vivir Amado Boudou y en el que tiene lujosos departamentos la ex Presidente de los argentinos.

El Juez Casanello tiene ahora treinta horas de grabación con las cuales entretenerse, casi dos temporadas de una serie de Netflix. Una saga aún más apasionante que “House of Card”

Si cree que hace falta, si las escenas le resultan convincentes o conmovedoras, puede que llame a declarar a Martín Báez; o lo que sería aún más conducente, a su papá Lázaro, el ex empleado bancario que devino acaudalado empresario como contratista del Estado, el amigo y socio de la familia presidencial.

Lázaro el mismo que mandó a construir y financió el santuario que guarda los restos de Néstor Kirchner, a quien en vida le contrató y pagó cientos y cientos de habitaciones hoteleras que nunca nadie ocupó, el mismo buen señor que hoy dejó a cientos de familias en la calle.

Mientras el Juez Federal se lo va pensando, nosotros la vemos por TV.

Ni a Kevin Spacey si le ocurrió hasta aquí una escena tan brutal.