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Huber Matos y Fidel Castro – El duelo de la libertad Por Gustavo Druetta

Si en 2014 no hubiese leído “Cómo llegó la noche” (2002) de Huber Matos, comandante en la Sierra Maestra y jefe de la toma de Santiago de Cuba por el “Ejército Rebelde” el 1° de enero de 1959 -luego de caer Santa Clara en manos del Che y huir Fulgencio Batista- la noticia de que el norteamericano Alan Gross preso en Cuba desde 2009 por espionaje informático, había decidido suicidarse sin esperar completar sus 15 años de prisión, no me habría impactado. No llegó a hacerlo hizo pues fue liberado al poco tiempo ante la presión internacional y a cambio de la liberación de espías castristas en USA. 

Las torturas y el lento asesinato de compañeros de presidio que Matos padeció durante 20 años en La Cabaña y en la Isla de Pinos, luego de un juicio fraguado que tuvo que dictar la sentencia a puertas cerradas por la indignación y vergüenza de los compañeros de lucha de Huber, hacen de la dictadura del sargento Batista un mero y al mismo tiempo nauseabundo preámbulo del largo medio siglo en que la versión caribeña de la Gestapo nazi, o de la KGB de la exURSS, reprime a los cubanos resistentes a seguir siendo súbditos de la “nobleza comunista”.

Según el riguroso historiador inglés de la Guerra Civil Española, Hugh Thomas, Matos podría haber sido el líder de una oposición democrática asentada en los pequeños propietarios rurales y comerciales, en los profesionales, estudiantado, maestros y profesores socialistas y democráticos pero no marxistas, contrarrestando el designio de la trilogía de Fidel y Raúl Castro, y el Che Guevara, de encumbrar en el poder a dirigentes comunistas ausentes y aun contrarios de la lucha armada, que se fueron plegando agitando en las ciudades a medida que se vislumbraba el triunfo de la guerrilla. En la que Matos, integrado como simple combatiente del Frente Oriental  luego de llevar un cargamento de armas a Castro desde Costa Rica en un arriesgado vuelo clandestino, se ganó los galones de comandante por su arrojo, astucia táctica y capacidad de mando persuasivo como jefe de una de las cuatro columnas mandadas por el Che, Raúl, Camilo Cienfuegos y él. Había sido un excelente maestro en Camagüey y sabía entenderse con sus hombres del campesinado. Era un revolucionario.

Camilo, ídolo popular muy querido y algo distanciado de Raúl que lo celaba, compartía en reserva con Matos el alerta ante el desvío ideológico del sentido libertario y legalista de la lucha del “Movimiento 26 de Julio”, inspirada en héroes nacionales de la independencia como Martí y Maceo. El 21/10/1959, Fidel ordena a Camilo, jefe del Campo Militar de Columbia, detener a Matos, a la sazón jefe militar y político  de su provincia. Traicionera respuesta a la carta privada de renuncia que Huber le ha hecho llegar el 20 y que su mujer logrará publicar en un gesto desesperado por defenderlo de las acusaciones de contrarrevolucionario. Allí argumentaba: “No deseo convertirme en obstáculo de la Revolución y … teniendo que escoger entre adaptarme o arrinconarme para no hacer daño, lo honrado y lo revolucionario es irse. (….) Si se quiere que la Revolución triunfe, dígase adónde vamos y cómo vamos …. y no se tache de reaccionario ni de conjurado al que con criterio honrado plantee estas cosas”. Meses antes le habían ofrecido el ministerio de Relaciones Exteriores, o el de Agricultura, pretendiendo su complicidad o silencio. Se vivía la euforia del triunfo y nadie se atrevía a contradecir a Fidel. Ese desaire no podía quedar impune ante el resto; “vaporizar” al líder disidente se imponía.

Mientras los oficiales a las órdenes de Matos se disponían resistir con las armas las acusaciones calumniosas -muchos lo pagaron con largos años de prisión y vejámenes en terribles condiciones y otros murieron encerrados y enfermos-  Camilo había arribado avergonzado y pidiendo disculpas a su amigo, pero incapaz de disparar contra él, o de plegarse a la resistencia y provocar otra guerra civil; su personalidad conciliadora y cierta sumisión psicológica con Fidel se lo impedía. Éste esperaba matar dos pájaros de un tiro: si Cienfuegos era asesinado, Matos y los suyos podrían ser aplastados con apoyo popular y fusilados. No ocurrió pues el afecto privó y no hubo tiros. Fidel, enfurecido, se presenta en el cuartel de Matos una vez éste ha calmado el ánimo de sus camaradas y hecho entregar las armas a Camilo, a quien reitera que está dispuesto a retirarse a la vida civil como ya anunciaba en su carta de renuncia. Fidel, envalentonado y con Matos reducido a custodia, pronuncia un violento discurso ante el pueblo y soldados, intentando incitar al linchamiento del prisionero. Pero sus acusaciones carecían de asidero para esa gente que quería al maestro coprovinciano y acompañaba su gestión trasformadora en el medio rural. Huber había cerrado aquella carta deseándole a Fidel éxito para su afán revolucionario, firmando “como siempre tu compañero”.

Ya preso con sus oficiales en la siniestra Cabaña donde el Che dirigía los procesos y fusilamientos, recibe un recado de Cienfuegos ofreciéndo facilitarle la fuga; al día siguiente el avión en que Camilo viajaba desde el interior a La Habana desaparece sin dejar rastros. Lo conducía un ex miembro de la fuerza aérea que se había pasado a la revolución, experimentado piloto de caza.  Al borde de la muerte y la locura, destruida su salud por las sevicias y torturas físicas y psicológicas, separado de su familia perseguida, y desnutrido por la pésima alimentación, Matos pudo sobrevivir y cumplir su condena el 21/10/79. El presidente de Costa Rica, Rodrigo Carazo, negoció con Fidel Castro su libertad inmediata que peligraba y envió a su propio hijo para protegerlo con cobertura diplomática y sacarlo de Cuba. Al llevarlo personalmente en el auto oficial con la bandera costarriquense directamente al domicilio del embajador y de ahí al aeropuerto, Matos fue a duras penas convencido de desistir de llevarle flores a la tumba de su madre a cuyo entierro no le fuera permitido asistir. Los esbirros castristas acechaban afuera y en la isla campeaba la violencia de arriba.

El casi moribundo pero desafiante Huber, no pudo impedir la última golpiza que sufrió propinada en un auto por tres agentes de la policía política cubana camino del hospital donde fue recogido por Carazo hijo, en castigo por echarles en cara la traición de la Revolución a la consigna “Libertad o Muerte”. En su imperdible libro, recuerda con lujo de detalles el comportamiento tembloroso y lastimero de Fidel ante los bombardeos de la aviación batistiana, lejos de dar el ejemplo a sus combatientes, y su desazón creciente ante la vergonzosa conducta de Castro de echar la culpa a sus subordinados por sus propios errores de estrategia que costaban vidas o pertrechos. Matos, recibido en Costa Rica por el presidente y su familia exiliada, en estado irreconocible de vejez prematura cuando apenas pasaba los 40 años, fue invitado de honor del gobierno de ese pequeño país centroamericano que logró hasta el presente configurar una democracia con mejor nivel de desarrollo respecto del promedio centroamericano, sin déspotas de derecha o izquierda. Superado el grave deterioro de su salud por su extraordinaria fortaleza, Matos se radicará en los EE.UU. donde será referente del exilio cubano, falleciendo en febrero de 2013. Si hubiese otra vida, su cobarde verdugo temblaría en un mano a mano con Huber.

Gustavo Druetta es Sociólogo, periodista y ex teniente de Artillería (1965-1970).