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Histórico encuentro entre Francisco y Hassan Rohani

El Papa destacó el rol de Irán contra el terrorismo y para una solución en Oriente Medio. El presidente de Irán le pidió que rezara por él. Fue una visita esencial tras el deshielo con Teherán.

“Rece por mí”. La frase dio la vuelta al mundo tras el encuentro entre Francisco y el presidente de la República Islámica de Irán. Pero quien la pronunció no fue el argentino, cuya invitación a rezar por él es ya conocida por todos los católicos del planeta. Esta vez ha sido el visitante –jefe de gobierno del país de fe shiíta más importante– el primero en pronunciarla luego de una audiencia privada de 40 minutos en el Vaticano, parte esencial de la primera gira en 17 años que un líder persa realiza en Europa.

La cita en la Santa Sede, este martes, fue el momento más esperado en la segunda jornada del viaje de Hassan Rohani a Roma. El lunes, se había encontrado con el presidente italiano, Sergio Mattarella, y con el premier Matteo Renzi. Pero la reunión con el Papa tuvo un condimento particular: los dos son jefes políticos y también religiosos, como lo muestra el turbante blanco que luce Rohani. Cálida, sustanciosa en declaraciones, rica en gestos, la sintonía fue inmediata. Por el momento histórico que vive el planeta, necesitado de diálogo y racionalidad, la visita cobró relevancia. La última de ese tipo ocurrió en 1999 cuando Juan Pablo II recibió al presidente Mohamed Jatamí.

Según un boletín difundido por el Vaticano, durante la audiencia privada se destacó el gran valor politico del acuerdo nuclear con Teherán –que siempre fue defendido por Francisco– y se subrayó “el importante rol que Irán está llamado a desplegar para promover adecuadas soluciones políticas” en Oriente Medio. Ambos líderes hablaron de la necesidad del diálogo y de la tolerancia. “Tengo esperanza en la paz”, comentó entonces Francisco a su huésped.

Fuentes vaticanas subrayaron al respecto el relieve de una frase dejada caer en el corazón del encuentro por Rohani: “La iglesia, la sinagoga y la mezquita –dijo– deben estar una junto a la otra. Es más, debemos preservar primero a la iglesia, luego a la sinagoga y luego a la mezquita. Esta es la cultura de la tolerancia que nos enseña el Corán”. Sus palabras asomaron como un precioso comentario sobre la necesidad de rescatar el mensaje coránico desvirtuado por el terrorismo. Y también como un mensaje del Irán shiíta al rival sunnita en la interna del Islam, Arabia Saudita, y los rigoristas del wahabismo defendido por la casa real de Saud: la idea es que Teherán no tiene diferencias con los cristianos.  La frase pareció incluso continuación de un discurso que Rohani había tenido momentos antes de verse con el Papa ante un forum económico ítalo–iraní al que acudieron cientos de empresarios: “La falta de desarrollo crea las fuerzas para el terrorismo; la desocupación crea terroristas. Paralelamente sirve el desarrollo cultural, que significa lucha eficaz contra el extremismo. La cultura es el instrumento principal para dar consciencia a los jóvenes, para hacerles entender la belleza de un futuro en paz”.

Rohani pareció reunir, en esa frase, las dos puntas maestras de su viaje: promover a su país como interlocutor de paz en el regreso pleno de Irán a la escena internacional tras el levantamiento de las sanciones que lo aislaron de Occidente. Y marcar la necesidad de inversiones que modernicen las infraestructuras económicas de su país. Teherán firmará en Roma acuerdos por 17.000 millones de euros, revalidando la importancia que Irán le acuerda a Italia, su primer socio europeo. “Hoy hay espacios a llenar en Irán en una economía emergente. Italia –dijo el mandatario– tiene una importancia particular para nosotros, incluso por la histórica colaboración. Los iraníes conocen vuestra cultura y empresas y confían en Italia. Nuestra economía busca aumentar el empleo. De allí viene la importancia que le damos a las pequeñas y medianas empresas. Y en este ámbito, Italia tiene en verdad mucho que decir”.

En los minutos finales de su diálogo con el argentino, Rohani y Jorge Bergoglio intercambiaron los regalos de rigor. Según los testigos, el acercamiento mutuo se percibió incluso en ese momento. Rohani le regaló a Francisco unas miniaturas y una alfombra persa realizada a mano en la ciudad santa de Qom, una suerte de Vaticano iraní. A su turno, Francisco le obsequió una medalla de San Martín. “El se quita su capa para cubrir a un pobre, es un signo de hermandad”, comentó el pontífice, quien también le entregó al iraní una copia en árabe de su encíclica ecológica Laudato si. Fue en esa despedida cuando, con una sonrisa, Rohani le pidió al Papa que rezara por él. Quienes conocen la política iraní no pudieron disociar ese pedido de la difícil tarea que le aguarda a Rohani en su  casa. Los halcones conservadores desafían su poder. En las elecciones legislativas de febrero se verá si su agenda reformista se afirma y consolida definitivamente la nueva etapa que el presidente encarna.

Encuentro. El Papa y el presidente Hassan Rohani mantuvieron un diálogo amistoso en el Vaticano. /EFE