Image default

Hartas del misionero: del sexo vainilla al kinky hay solo una actitud de distancia

BDSM, kinky boots, fetiches, roles dominatrix, sumisos, cross dressing. Todo lo reprimido -potenciador del deseo, por supuesto- sale a la luz. Bendícenos, oh espíritu de la aventura erótica, para que el misionero no sea nuestra única opción en la vida.

El conocimiento de las variantes sexuales lleva a que muchas parejas rompan con la rutina y se atrevan a probarlas. Algunas serán más osadas que otras, casi al filo de los riesgoso tanto lo corporal como en lo emocional, y en otros casos apenas probarán con el dedo la temperatura del “sexo caliente”. El sexo Kynky proviene de la expresión inglesa que alude a lo torcido, a lo enrulado, para diferenciarse de lo “lineal” del sexo vainilla.

El sexo kinky no es necesariamente sexo fuerte, se refiere a la introducción de constantes cambios para no entrar en la rutina. El ingenio, la sorpresa, el uso espontáneo de los espacios y recursos que están a mano son algunas de las opciones. Un baño en el mar, tomar aire en un bosquecillo, parar al costado de la ruta; así como un pañuelo, una soga o un objeto fálico, pueden ser algunos de los disparadores del encuentro erótico. La imaginación y la sorpresa convierten a espacios, objetos, situaciones comunes o impensadas, en una escena caliente. Todo sexo que se precie de Kynky requiere de predisposición mutua para transformar lo habitual en un acto placentero. El deseo estará siempre presente; se requiere de una mirada cómplice y de crear un momento de intimidad para generar la explosión kinky.

Como el sexo es una parte muy importante en la vida de estas parejas, estarán pensando en la innovación, en la creación de situaciones eróticas novedosas; de ahí que frecuenten sex shop , casas de lencería, estén en contacto con páginas BDSM (bondage, dominación, sadomasoquismo) para saber qué novedades se ofrecen. Además nunca convertirán en jactancia esta dimensión de la experiencia erótica, es un estilo de vida íntimo que tiene al erotismo como protagonista principal.

Kinky BDSM

El sexo kynky no solo resulta del deseo de disfrutar, también se nutre de recursos del bondaje (ataduras), dominación y sadomasoquismo (BDSM), con el consiguiente acuerdo entre las partes para no caer en situaciones riesgo. Este término Kinky, es acuñado en la década del 60 para referirse a las prácticas “fuera de la norma”, sobre todo aquellas usadas por las minorías sexuales (homosexuales, transgénero, transexuales, BDSM) y que pugnaban por visibilidad sin castigo. Es en este momento, cuando salen a las luz prácticas heterosexuales que antes se ocultaban: escorts, cross-dressing, BDSM, uso de fetiches, etc. El término Kinky se abre entonces para recibir a prácticas heterosexuales antes reprimidas por considerarse fuera de lo esperable.

Las kinky boots

Las kinky boots o botas sexys son un ejemplo de cómo un objeto fetiche se convierte en un accesorio de moda, cambiando la concepción errónea original (asociado a lo “perverso”) para convertirse en una tendencia que enriqueció las piernas de muchas mujeres con ánimo de expresar sensualidad y erotismo. La historia de las botas altas (hasta cubrir casi el muslo) o kinky boots (botas sexuales) comienza en la década del ‘60 como fetiche de dominación (dominatrix en el juego sado maso) para luego ser una tendencia de vestuario, primero entre la comunidad trans, luego como parte del show transformista y finalmente como una moda.  La película kinky boots (2005) basada en una historia real (luego se hizo la versión musical en 2013, con mucho éxito en Brodway) cuenta la historia de estas botas usadas en aquel tiempo por drag queens y que un fabricante inglés de calzado, muy puritano el señor, acepta fabricarlas para no caer en la quiebra. Las Kinky boots se hicieron famosas y trascendieron la comunidad gay y trans para ser usadas como un objeto erótico sofisticado. La primera protagonista de la serie Los Vengadores (Honor Blackman en el personaje de Cathy Cale) usa un traje de cuero con kinky boots, luego Julia Roberts en “Mujer bonita”, Madonna, etc.

El sexo kinky en estos tiempos

Las parejas que conviven saben que al sexo hay que tenerlo muy en cuenta. Si nos olvidamos de él, lo relegamos, o esperamos que el deseo se encienda espontáneamente seguramente se irá apagando. No se espera que todos lleguen al sexo kinky, pero vale la pena intentar usar algunos de sus recursos: sorprender al otro, usar la intrepidez, la osadía, aventurarse a lo nuevo, proponer opciones que pueden resultar insólitas, son algunas opciones. Ir a un sex shop juntos, o regalar al otro un juguete sexual, usar lencería erótica, cremas, películas, ataduras, aprovechar espacios inusuales, jugar a la dominación o a la sumisión, son todos recursos validos del sexo kinky. Si el sexo vainilla alude al clásico gusto de helado como la opción repetida, predecible, lineal; el sexo kinky propone lo contrario: enrulado, impredecible, espontáneo, lúdico, con picardía juvenil.

Por Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo.

Foto: iStock Photos.