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Guzmán y el manual de la rosca política

Teje acuerdos puertas adentro y afuera del Frente de Todos. Los tres niveles de consenso y el paquete que piensa para febrero.

Martín Guzmán pasó el último fin de semana con Alberto Fernández en Chapadmalal. La excusa formal fue el acompañamiento en el encuentro del G-20, que tuvo la vacuna contra el coronavirus y la economía pospandemia como ejes principales. Pero en los dos días compartidos en la residencia de descanso presidencial, entre reuniones, partidos de pádel y asado, las charlas entre el primer mandatario y el ministro también estuvieron dedicadas a la rosca política y a la necesidad de tejer acuerdos que Guzmán entiende como centrales para cerrar los detalles del programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que la rueda argentina empiece finalmente a girar.

Con varios años de academia encima, Guzmán cree que la salida de la crisis económica está en los acuerdos. “La economía es política”, repite el ministro ante los interlocutores que lo visitan en su oficina del Palacio de Hacienda. El arco va desde funcionarios y dirigentes políticos del Frente de Todos hasta opositores de primera línea, economistas y grandes empresarios.

Por allí pasaron este año, entre otros, el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, el último ministro de Economía de Mauricio Macri, Hernán Lacunza, y los empresarios más poderosos de la Argentina, los “titulares” del gran acuerdo nacional a los que aludió Cristina Fernández de Kirchner en su célebre carta del 26 de octubre, Héctor Magnetto, Paolo Rocca, Jaime Campos, Enrique Cristofani, Alfredo Coto y Federico Braun.

En las reuniones que celebra en los salones del quinto piso del edificio, Guzmán insiste con el diálogo y habla de los “tres niveles de consenso” que Argentina necesita conseguir para dar señales de confianza y blindar el pacto con el FMI, que proyecta cerrar en febrero, después de que se concrete el cambio de gobierno en Estados Unidos. La tríada se forma con los acuerdos básicos de la política interna – el apoyo tanto dentro del Frente de Todos como por parte de la oposición -, el entendimiento de toda la sociedad argentina y, por último, el acompañamiento de la comunidad internacional.

Como ya anunció públicamente, el Gobierno enviará el acuerdo al Congreso, donde el compromiso de oficialistas y opositores quedará plasmado en votos. Una garantía para el FMI, que pide señales inequívocas de la dirigencia argentina y que también servirá para empezar a colocar pilares básicos de entendimiento de todo el arco político.

Según explicó a Letra P una fuente calificada del ministerio, el programa que se cerrará con el Fondo quedará plasmado en parte en el proyecto que contiene las metas plurianuales que complementará en el Presupuesto 2021. Del mismo paquete formaría parte también la reforma tributaria. Todo se enviará al Congreso en febrero.

Con ese proyecto, Guzmán se asegurará el compromiso de propios y ajenos. En Economía aseguran que, pese a las tensiones, públicas y solapadas, el frente interno está ordenado. Guzmán no solo tiene el apoyo irrestricto del Presidente, con quien compartió la intimidad del fin de semana, sino también de Cristina, que lo adoptó casi como uno propio cuando supo que venía con cartas de recomendación de su admirado Joseph Stiglitz.

El ministro y la vicepresidenta dialogan con frecuencia y en profundidad sobre los problemas centrales de la economía. Las miradas no siempre coinciden pero Guzmán cree que los matices enriquecen al Frente de Todos, lo convierten en un “un espacio de reflexión y síntesis” y, contrariamente a lo que piensa parte del establishment, esa unidad en la diversidad garantiza que no haya volatilidad en la política económica.

Tapas de diario en mano, no faltaron empresarios que alguna vez interrogaron a Guzmán por la supuesta falta de apoyo del cristinismo al Presidente y su política. “Están confundidos, eso no es verdad”, les cortó el ministro, que mantiene los detalles de sus diálogos bajo estricta reserva, aun frente a su propio equipo. Las conversaciones avanzan, a pesar de los reparos que un sector del empresariado tiene con el peronismo, o con el kirchnerismo, en particular. “Va a ser un proceso para todos, hay que hablar y avanzar”, insisten en Economía, donde valoran al menos la predisposición al diálogo. Los acuerdos ya llegarán, piensan, porque el establishment “también está cansado de la inestabilidad”. En la base del consenso que imagina Guzmán y en el que deben coincidir oficialistas y opositores, empresariado incluido, están el frente externo, el endeudamiento y la política fiscal.

El ministro también mantiene diálogo constante con el resto de los referentes del Frente de Todos, el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, el titular del bloque oficialista en Diputados, Máximo Kirchner, gobernadores, intendentes y dirigentes sociales. A muchos los conoció cuando empezó lo que considera que fue una militancia activa, aunque con bajo perfil, durante los cuatro años del gobierno de Macri, mientras trabajaba como investigador en la Universidad de Columbia, Estados Unidos. En cada una de sus visitas al país, Guzmán aprovechó para tejer vínculos con las distintas vertientes del peronismo que después formaron el Frente de Todos. Y fue forjando con política su camino hacia Economía.

Ya como ministro, dedicó los primeros meses a las negociaciones de la deuda y después inauguró incursiones en el territorio, donde aprovecha para indagar sobre las preocupaciones que la dirigencia percibe en la microeconomía. Lejos de las coquetas oficinas de Hacienda, en el conurbano, el mes pasado anotó el aumento de precios en los comercios de barrio, el nerviosismo por la brecha del dólar. En los últimos días se encargó de enviar señales de tranquilidad por la inflación que, asegura, se irá desacelerando. Todo, según Guzmán, dependerá del mensaje de la política.

Gabriela Pepe – Letra P