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Gaudio la pasó mal otra vez

Café San Bernardo. Allí hay vida un miércoles a la madrugada. Se enciman los habitué del lugar y los otros. Y todos se acercan para curiosear alrededor de las mesas de cartas y dados, de pool y metegol, de tenis de mesa. Perdón: ahí, en la avenida Corrientes al 5.400, en pleno Villa Crespo, no se juega al tenis de mesa; ahí se juega al ping pong…

Llegan tres amigos después de la cena y de una sobremesa en la que las anécdotas, los chistes y las largas charlas no faltaron. Pasan por la barra y atraviesan el salón. Uno de ellos no pasa desapercibido para casi nadie. Aunque pretenda ser un ilustre desconocido en ese lugar en el que en cada mesa de ping pong se forman colas de diferentes tipos de jugadores: los buenos, los regulares y los apenas entusiastas. Como corresponde, “ganador queda en cancha”. Y la frase es ley.

En esa mesa del fondo hay un tipo que no se mueve. Pasan y pasan los adversarios y él mantiene su lugar. Hasta que divisa al nuevo, al que no quiere ser visto. “A vos te quiero agarrar”, le dice. El aludido responde con seguridad: “No gracias, no juego”. Hay insistencia. Es tenaz. Es obstinada. “Yo jugaba al tenis. No llegué pero jugaba bien. Y te hago un favor si juego acá con vos”, casi le ruega -y chicanea- el invicto de la noche. La gente ya lo escuchó. Y entre el campeón del San Bernardo y el campeón de Roland Garros, todos se detienen.

El visitante se rinde. Acepta el desafío. Pero los nervios lo paralizan como si enfrente volviera a estar Guillermo Coria en aquel domingo argentino de París. Claro que ahora no hay ola para distenderse y aflojarse. Los puntos se suman del otro lado: 1-0, 2-0, 3-0… 14-0. Hay un leve repunte, pero el 21-4 es inapelable.

La anécdota la compartió Gastón Gaudio con sus compañeros del programa Perros de la calle de FM Metro. Escucharla es admirarlo un poco más a uno de los cuatro campeones de Grand Slam del tenis argentino.

Por Mariano Ryan