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Gallardo, el lector de libros de guerra que quiere soñar y ganar en La Ribera

El domingo, el DT River dirigirá su noveno superclásico oficial; es un estudioso del aspecto mental de los jugadores y de las particularidades de otros deportes. Por Ignacio Fusco | Para canchallena.com

El domingo a las 16.15, el técnico que lee libros de guerra dirigirá su noveno Superclásico oficial. Se escribe “el técnico” y no “un técnico” porque -sospechamos- no debe haber otro, al menos en la Argentina, al menos en Primera, que tenga la misma afición. “Leo libros de guerra, me gusta analizar, ver un poquito de todo en lo que tiene que ver con tácticas y estrategias, con formas de pensar”, le ha contado Marcelo Gallardo a Christian Leblebidjian, periodista de La Nación, en el libro “El pizarrón de Gallardo”, publicado por la editorial Librofutbol un mes antes de que River , el campeón de la Libertadores, disputara el Mundial de Clubes en Japón. “¡Sos Napoleón, Muñeco!”, le había gritado Atilio Costa Febre, entendiéndolo todo, unos segundos después de que terminara el 1-0 a Boca de la Sudamericana 2014, la revancha de la semifinal. “¡Sos petiso y bravo como Napoleón!”, le insistía -la voz arrabalera- el relator, la noche en la que Marcelo Gallardo había empezado a tramitar su inmortalidad.

El técnico que lee libros de guerra sólo ganó dos veces en sus ocho duelos contra Boca, pero fueron las dos veces que todos querían, necesitaban ganar: aquel 1-0 con el zurdazo de Pisculichi en la Sudamericana y, seis meses después, el 1-0 con el penal de Carlos Sánchez en la ida de los octavos de final de la Libertadores que también conquistó. Luego, cuatro empates (tres 0-0, incluyendo el del gas pimienta, que se suspendió, y el 1-1 del Transición 2014, el primero que dirigió, con los gritos de Pezzella y Magallán) y dos derrotas, ambas el año pasado, por el torneo local: el 0-2 con los goles de Pablo Pérez y Pavón, y el 0-1 con el bélico zurdazo de Lodeiro en el Monumental, el día que -se sonrió Tevez- volvió todo a la normalidad.

Aunque en estos años tendrá siempre el escudo de las copas, hay algunos datos que Gallardo querrá desterrar. Que nunca le ganó a Boca en un torneo local es uno; que sus delanteros no metieron goles en los ocho clásicos, otro. Que ninguno de los River que ideó pudo celebrar un tanto en la Bombonera podría ser un tercero, y el último, que desde que está él, los Súper tienen el promedio de gol más aburrido de los últimos 16 años: 0,87 por partido. Un dato más, que oficia de posdata: si gana, River igualará a Boca en las victorias de la década. Hasta ahora, cinco para Boca y cuatro para River; los empates fueron seis.

Además de haber traducido, amoldado, para su trabajo, lo que aprendió leyendo en los libros de guerra y estrategia, Gallardo también contó en El pizarrón. que suele tomar “cosas de otros deportes. Me gusta el tenis, aunque no tiene nada que ver con el fútbol, pero ¿viste? Lo hago por una cuestión mental. Hay personajes que te pueden aportar algo ya desde lo mental. Un Rafa Nadal, por ejemplo, que ya te ganaba con una filosofía mental que él tenía para sí y te lo expresaba cada vez que salía a jugar. En algún momento parecía que le tenías que pegar un tiro para ganarle. Nadal llevaba a un nivel de frustración a sus rivales. ésas son las cosas que vos intentás sacar, no sólo de los deportes en conjunto, las tácticas o estrategias, sino las personalidades, la parte mental. Y yo, como creo mucho en lo mental.”.

En lo mental, y también en la intuición. Suele contar el técnico que una de sus virtudes es ésa, detectar cuando algo le ocurre a un jugador, y por eso quizá le gusta charlar mano a mano con cada uno, buscarlos, caminar tranquilo con ellos, “mirarlos a los ojos”, porque así -y sólo así- siente Gallardo que los puede interpretar. Admirador de Arsene Wenger (porque -escribe Leblebidjian en el libro- gane o pierda se apoya siempre en una idea, su convicción), el entrenador que trabaja con casi 20 personas en su cuerpo técnico y que en sus primeros meses en River les mostraba a sus jugadores videos de la Universidad de Chile de Sampaoli, la Chile de Bielsa, el Barcelona de Luis Enrique y la Alemania de Löw, querrá que su equipo tenga el domingo la fiereza y la determinación de los que jugaron los clásicos de las copas. Hay un dato que entonces fue demoledor: entre los dos cruces de la Sudamericana le amonestaron 11 jugadores, y en el de la ida de la Libertadores, cinco, más un expulsado, Teófilo Gutiérrez, a dos minutos del final. Fiereza, determinación: prepotencia, podría escribirse también.

El domingo a las 16.15, entonces, en una Bombonera que se ha hecho últimamente del barro porteril, Marcelo Gallardo -el ocasional lector de libros de guerra- dirigirá su noveno clásico oficial. Análisis, táctica, estrategia, y otras tres palabras: soñar, jugar; ganar.