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Florencia Kirchner se reencontró con Helena

La cineasta difundió un emotivo post en el que muestra cómo juega con su hija. 

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Mi maternidad es como la de un unicornio drogado. Ese disfraz se infla todo en las piernas y se hace nacer la cabeza y los brazos de un unicornio plástico. Mi hija lloró cuando me lo saqué. Ella se viste de una unicornia con tules. Seguro va a pensar alguna cabeza ¿La deja vestirse como hada? ¿No es todo muy de brillos patriarcas? Y no. Yo les digo que no. Hubo vez una, que una amiga me contó que a su hija le escondía los disfraces de princesa. Le pregunté ¿si fuera varón también se los esconderías? Me dijo que no. Y entonces ¿Qué, chicxs? ¿Ahora invertimos el binarismo? ¿Las nenas de Spiderman y los varones de Hadas? ¿Hay nada más que nenes y nenas? No, no. Hay más, mucho más. Todo es para todxs. Todo es para esx que desee. Permitan el deseo. Y además las Hadas siempre fueron hermosamente malvadas. Yo las buscaba entre las cortinas de mi casa y nunca vinieron a verme. Me dejaron sola y esperando. Por lo que le saqué las cabezas a mis barbies; esas forras no me respondían. Volé por la casa llorando hasta mi padre y culpé a mi hermano de la hegemonía rota en mis estantes. Mentí, le dije: fue él papá, fue él. La infancia es una cosa que no tiene título, vale únicamente lo que diga le niñe que ve. Ayer después de esta locura madre-hija, me fui a buscar uno de mis libros más viejos, Las flores del mal. Quería leer el dolor de la belleza. Quería leer el vino que hace tanto no tomo. Quería acordarme de mí. Dos días seguidos publicando textos de varones, deberían venir a buscarme de a quinientos y cancelarme.

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