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Fin del bipartidismo en España y el papel del peronismo en la relación bilateral Por Gustavo Druetta

Ha triunfado el “Partido Popular” (PP) en España logrando 123 escaños en el Congreso de los Diputados sobre 350 en juego. Heredero del conservadurismo postfranquista modernizado por la Constitución de 1978, no le alcanza una eventual alianza con la novel agrupación liberal de centro derecha “Ciudadanos” que quedó en cuarto lugar con 40 bancas -seguida por varios partidos regionales que sumaron 28 bancas- para llegar a los 176 diputados (el 50% del total de bancas) necesarios para poder formar gobierno.

Presidente del gobierno y líder del PP, Mariano Rajoy, había logrado salvar apenas su prestigio rozado por episodios de corrupción dentro de su partido, amplificados por los que salpicaron también a la familia real, lo que influyó en la merma electoral respecto de 2011 cuando logró 186 bancas. Si formara gobierno ayudado por Ciudadanos y al menos 13 de los 28 escaños logrados por cinco partidos menores, implicaría el acceso a la administración del Estado monárquico parlamentario de una alianza inter-partidaria de centro derecha representativa de alrededor de un 50% del electorado, políticamente heredero de la gesta de Adolfo Suárez. Aquél moderado político franquista que a la muerte del generalísimo Francisco Franco, piloteó entre 1975 y 1982 con el apoyo del rey Juan Carlos I, una laboriosa y accidentada transición desde la férrea tiranía desarrollista del bando nacional vencedor en la guerra civil española internacionalizada (1936-1939), hacia una democracia que hegemonizaría durante 1982-1996 el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) liderado por Felipe González. Involucrado de muy joven en la resistencia de la izquierda pacífica a la opresión y a los crímenes políticos de Franco prolongados hasta los años ‘60, fue acunado e impulsado por la socialdemocracia alemana que lo consideró su vástago andaluz. Hoy el PSOE que quedó como segunda fuerza con 90 bancas, ha cedido gran parte de su gastado atractivo progresista al otro de los dos nuevos partidos emergentes, mayoritariamente sub-40, “Podemos” de centro izquierda con 69 escaños ganados. Ambos nuevos partidos surgidos como producto traumático del fin de la fiesta del consumo conspicuo que duró desde la entrada de España en la Unión Europea el 1/1/1986 hasta mediados de los ´90 cuando entró en fase descendente hasta la crisis económica del 2008, con su secuela de desocupación, especialmente juvenil (50%), ajustes fiscales y salariales, y desencanto general. El triunfo del PP, más los votos del PSOE y Ciudadanos, representan por otra parte una convicción común: el rechazo mayoritario a la pretensión separatista de Cataluña (Podemos propone un referéndum legal), cuna del combativo anarquismo español anterior a las revoluciones rusas de 1905/1917, trasladado con éxito a nuestro sindicalismo criollo-inmigratorio en las dos primeras décadas del siglo XX. Separatismo de base económica que amenaza la unidad del Estado nacional, exacerbando odios étnicos y lingüísticos entre catalanes y el resto de España –al margen del país vasco con sus propias reivindicaciones culturales e idiomáticas-. El independentismo catalán aflora durante cada crisis y luchas internas, y no por casualidad ha resurgido con fuerza, avanzado el siglo XXI, a caballo de la depresión económica peninsular.

Una comprensión sistémica de las novedades electorales españolas -y también argentinas- se halla en la teoría de la cíclica lucha generacional de José Ortega y Gasset, a la cual completa Wilfredo Pareto con la de la circulación de las élites. Explican la emergencia actual de los menores de 40/45 años, tanto en España como en Argentina, como arietes del cuestionamiento a la vieja clase política surgida de ambas transiciones a la democracia (cronológicamente cercanas), española en los ´70 y argentina en los ’80, sumado al rechazo del bipartidismo tradicional en ambos países. Nuevas generaciones que quieren ser parteras de un cambio profundo del sistema político proveniente del siglo XX. Blandiendo Podemos un neo populismo iconoclasta y esgrimiendo Ciudadanos un liberalismo individualista, mientras el Pro ofrece anti-ideologías gerenciales y eficientistas. En España proclaman el fin del “turnismo” entre el partido de centro izquierda socialdemócrata (PSOE) y el partido de centro derecha neoliberal (PP). En Argentina, embisten contra un populismo de amplio espectro -el “PJ” menemista metamorfoseado en “PJ” kirchnerista- como dos caras de Jano, en muy esporádica alternancia con la más que centenaria UCR, sea en su vertiente alfosinista socialdemócrata, sea liderando una coalición de su dirigencia más conservadora con una progresía filo peronista y aventurera, terminada en desastre.

Ortega decía que las generaciones se identifican biológicamente según períodos vitales de 30 años. De allí la confrontación de renovadas élites de entre 30 y 45 años de edad, versus las antiguas de entre 60 y 70 y más años, en lucha por el recambio laboral y el protagonismo en los ámbitos políticos, empresarios, comunicacionales, científicos y artísticos. Pero también advertía que, sociológicamente, la sucesión de generaciones debía periodizarse en lapsos de más o menos 15 años, dada la aceleración del cambio cultural producida por la expansión de los medios de comunicación -periódicos y radio- y su máxima expresión entre los años 20 y 60 del siglo XX, la cinematografía sonora, cuasi reemplazada y banalizada por la irrupción de la televisión casera, globalizada por el boom de la comunicación cibernética en el último tercio del siglo pasado. Lo que ha ido reduciendo a 8 o 10 años la sucesión de generaciones culturalmente diferenciables, dado el acceso a edad muy temprana a una incipiente consciencia del mundo a través de los medios electrónicos que los niños dominan rápidamente. Grupos de generaciones cercanas, que incluyen sucesivas cohortes de hombres y mujeres coetáneos recorriendo sus primeros 15 a 30 años de vida, son iluminadas en la comprensión de su época por uno o dos “hechos epocales” impactantes y/o por personalidades descollantes del mundo de la política, las ciencias, la industria y/o las artes en su país y el mundo, entre la adolescencia y el fin de la juventud. Si pensamos en un acontecimiento epocal fundante de las primeras experiencias vitales de los españoles que hoy tienen de 30 a 45 años, algunos de los cuales lideraron con desparpajo pero sin violencia las movilizaciones callejeras del último quinquenio contra la dirigencia tradicional al grito de “sí se puede”, debemos remontarnos a mediados de la década de 1990 en que andaban por aquellos 15 a 30 años- Serán testigos y víctimas del comienzo de la disminución del crecimiento y bienestar, cuando España es conminada por la Comunidad Europea a ajustarse. Receta neoliberal aplicada por el régimen casi exclusivamente bipartidista a excepción de “Izquierda Unida” y partidos nacionalistas regionales siempre minoritarios. Resultado: la pérdida progresiva de la hegemonía cuasi absoluta del bipartidismo PSOE/PP originado en la transición democrática, cuyas políticas económicas y sociales convergían cada vez más en un toma y daca frecuentemente antipopular; y rebelión generacional.

¿Y en la Argentina? ¿Cuál es el hecho, o hechos epocales, fundante/s de las generaciones argentinas coetáneas de las españolas que hoy tienen entre 30 y 45 años? Producida la transición de la dictadura a la democracia en los ’80 cuando eran niños, vivieron en su adolescencia e inicio juvenil el tránsito de la socialdemocracia alfonsinista a la hegemonía neoliberal de los ´90, que durante los 10 años de gobierno menemista aplicó el “Consenso de Washington”, dictó el alineamiento automático con los EE.UU., desmanteló al Estado, consagró la corrupción y explosionó la pobreza, viendo reducidas a cenizas la embajada de Israel y la AMIA, con todo el horror incluido, sin que hasta hoy se haya hecho justicia ni se haya ejecutado una represalia imposible sobre sus responsables. Política heredada y continuada por De la Rúa que culminó en la crisis terminal y violenta de diciembre de 2001. Las movilizaciones para que “se vayan todos”, la lucha callejera, las decenas de muertes, el asambleísmo y el trueque en plaza pública, permanecerán indelebles en la memoria juvenil de nuestros hoy flamantes dirigentes y funcionarios de las generaciones emergentes. Las que una década y media después del 2001, lograron infligir una derrota histórica al populismo clientelar desenfrenado del kirchnerismo, enfermedad infantil del peronismo. Y curiosamente, con la misma consigna “antisistema” del Podemos español, partido en ascenso que para asombro nuestro se muestra afín a los populismos latinoamericanos en franca decadencia. Hasta aquí la sociología política aplicada al fenómeno electoral paralelo de Argentina y España. Para terminar, una reflexión coyuntural sobre el vínculo esencial entre ambas y el significado de una decisión presidencial.

La designación del Ing. Ramón Puerta, ex gobernador de Misiones, ex senador y presidente interino post hecatombe del 2001, como embajador en Madrid, admite como una primera razón su amistad con el Ing. Mauricio Macri. Pero puede significar mucho más. Quizás un jalón diplomático para apuntalar una inédita “convergencia estratégica” –no alianza político partidaria- entre el peronismo republicano, democrático y federal de raíces socialcristianas con el gobierno desarrollista de “Cambiemos”. Quizás un símbolo para la idea de promover a futuro una suerte de “concertación” (a la chilena) que regenere la que no pudo prosperar entre el PRO y UNA antes de las recientes elecciones nacionales. De todos modos, designar un político peronista de ley como embajador ante el Reino de España es recuperar en la memoria de las dos naciones el auxilio que una hija, la Argentina, prestó a su Madre Patria en los años ´40 y ´50 cuando tenía hambre. Algo muy justicialista. Aun cuando el presidente de los argentinos prescindiera de darle ese significado profundo que viene de la historia.

*Sociólogo y periodista, especialista en temas de defensa

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