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Fillol: “Veremos pronto un goleador homosexual en el fútbol argentino y tendrá todo mi respeto”

A los 70 años y en tiempos de pandemia, el Pato, en una charla con Página/12, abre su corazón para contar que nunca se pudo recuperar de la muerte de sus padres y su hermano, los tabúes que se rompieron en el fútbol y el significado de la vejez.

Guardamos una memoria atravesada, con océanos inmensos de cicatrices. Por eso necesitamos ver, entender, abrir los cerrojos con las ganzúas de nuestros propios ojos, con sensores en las sienes, y una idea donde descansar en este mundo que se ha detenido, en el que ya no nos reconocemos. La vieja vida de ayer. “La vieja vida que nos creamos”, matiza Ubaldo Matildo Fillol. Conviene escuchar este silencio, construido sobre paredes de corcho para no distraerse oyendo los ruidos del mundo, sin culpas, sin miedos, sin infierno, sintiéndose redimido, tratando de no despertarse, temiendo que con los ojos abiertos toda la belleza de su mundo se desvaneciera. Dejó atrás las aduanas de su infancia, reunió lejanías, fijó la eternidad en un instante, y de repente se encontró de frente con el vacío, con la pérdida. Fue un momento en el que se quedó inmóvil en el umbral de la vida, agonizando: “La muerte de mis padres, de mí hermano, me quebró para siempre”.

– Cada momento importa, ¿pero esa perdida te cambió la vida?

– Sí, me arrancó una parte de mí, y ya no me recuperé. Por eso cuando me preguntan por el gran momento de mi vida la respuesta no tiene nada que ver con lo deportivo, con lo futbolístico. Ese gran momento de mi vida fue cuando tuve la familia completa, cuando los tenía conmigo, a mis padres, a mi hermano. Cuando los perdí todo se transformó en algo muy doloroso.

– En estos tiempos mínimos, de realidades paralelas, de soledad, de falta de piel. ¿Te has reconciliado con el confinamiento?

– No. No está siendo fácil. Lo llevo lo mejor que puedo. Desde marzo hasta aquí ha sido un proceso largo de asimilación. La pandemia me atrapó en mi ciudad natal, San Miguel del Monte, donde tengo una casa quinta. Estoy con mi esposa. Es cierto que el tiempo lo tengo ocupando, fundamentalmente con la actividad docente que realizo para River.

– ¿En qué consiste?

– Soy el responsable de la captación, el análisis y la formación de los futuros arqueros del club. Recibo entre 20 y 30 vídeos diarios con partidos y entrenamientos de los chicos. Luego de examinarlos, decido quienes pasan a la prueba en el campo de juego cuando finalice la pandemia. Con esto me mantengo bastante ocupado.

– Con la vieja “normalidad” en el retrovisor, ¿es necesaria otra forma de habitar este planeta, creer que otro mundo es posible?

-Desde luego. Sin duda otro mundo es posible. Es más, ya lo estamos viviendo. Desde que se intensificó la pandemia mucha gente empezó a cambiar su comportamiento, su manera de afrontar el problema. Apareció una sociedad más generosa, más solidaria. Ha cambiado la forma de pensar.

– ¿El mundo del fútbol vive de espaldas a la realidad social?

– No, no lo creo. Se muestra como muchos otros sectores de la sociedad. Hay mucha gente que vive de espalda a la realidad social. Es cierto que hay jugadores que se manifiestan, que se implican más en aspectos sociales, otros menos, y otros nada. No veo una gran diferencia con el resto de la sociedad.

– ¿Existe un ego desmesurado en el fútbol actual, asociado al dinero, a la fama extravagante?

– No más que en otros tiempos. Siempre ha existido el ego en el mundo del fútbol. Tiene que ver con cada persona, con cada jugador. Ahora que estoy realizando con chicos jóvenes actividades docentes intento transmitirles que el éxito no es el objetivo, que la felicidad no es completa, que muchos se quedarán en el camino, que la vida da muchos golpes. Que hay que ser ante todo una persona de bien, generosa. Que estudien, que eso les abre la mente, les proporciona un futuro, y esa va a ser la mejor atajada, el mejor gol, la mejor vuelta olímpica.

– ¿Veremos pronto en River o en Boca un nueve goleador homosexual?

– Sí, por qué no. La sociedad argentina hace tiempo que ha aceptado la homosexualidad, y el fútbol forma parte de esa sociedad. Tiempo atrás te diría que no, que seguramente no se hubiera aceptado, pero hoy sí. Si en un futuro próximo aparece un goleador homosexual en el fútbol argentino, en River o en Boca, tendrá todo mí respeto, y debe ser respetado en todos los campos de juego.

– ¿No continúa siendo un tabú importante en el fútbol argentino?

– No, no lo creo, de verdad. Dejó de ser un tabú hace tiempo, entre otras cosas por que el fútbol avanza con la sociedad, y hoy la sociedad acepta con normalidad la homosexualidad.

– ¿El fútbol argentino se desangra?

– No más que el resto. Continúa siendo muy competitivo. El mundo se sigue fijando en nuestro fútbol y en nuestros jugadores. Lo veo en la Selección, soy muy optimista con el  proyecto, con el cambio generacional.

– Decía Baruch Spinoza: “No puedo decirte si hay otra vida, vive como si no la hubiera”. ¿La has vivido así ?

– Sí. La he vivido con intensidad, con pasión. De todas formas creo que sí hay otra vida, esto no se termina aquí. Es cierto que nadie lo sabe, que no lo podemos comprobar, pero creo que sí, que hay otra vida. He sido un hombre realista, y el día a día lo he vivido con entusiasmo. Soy un hombre agradecido de la vida.

– ¿La vejez empieza cuando se pierde la curiosidad?

– La vejez empieza con la soledad, con el rencor, con el odio, con la envidia, ahí empiezas a envejecer. Se puede ser muy viejo desde muy joven. Tengo 70 años, y todavía sueño con un mundo mejor.

Para la mayoría de nosotros la verdadera vida es la que no vivimos. Barcos que navegan hacia islas que no aparecen en los mapas. Ubaldo Matildo Fillol decidió no perder de vista el mundo y se regaló un viaje a pie por las afueras de su mapa emocional, con afectos duraderos, con lugares apacibles, con su vida de aliento hondo, para ser él mismo, para ser el de siempre, rodeado de los suyos, saboreando el azúcar de este país celeste, soñado, donde crecen los limoneros.

(*) Ex jugador de Vélez y campeón Mundial Tokio 1979.