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Estamos a tiempo

El reclutamiento impuesto por la indeseada cuarentena, nos ha hecho implementar artimañas para continuar en contacto con los demás.

Las redes sociales, que se asemejaban a un universo paralelo independiente para quienes decidían no participar, pasaron a ser la única manera de poder sostener un vínculo con los demás, con paradójicas ventajas que no podemos desestimar.

Digna de una mención especial, es la inmediatez que nos ofrecen, que nos está haciendo perder de vista la noción de muchas cosas. Entre ellas, una muy valiosa, la del tiempo, la del tiempo que demoran los procesos internos. Les doy un ejemplo. Una chica, a los pocos minutos de discutir agresivamente con su novio, me dice: le envié un mensaje pidiéndole perdón, y no me contestó. Lo leyó, y no me contestó (doble agravio para ella, leído y no contestado).

Obnubilados por la sensación de tener todo al alcance de nuestras manos, a la tan necesaria capacidad de espera, la estamos dejando sola. Sin embargo, ella nos sigue esperando. Espera que volvamos a entender que existen los tiempos individuales, y que los tiempos de las redes, no son los tiempos de los procesos de la vida. Tan sólo piensen, cuanto demora en crecer una semilla. Uno la planta, la riega, la cuida y la espera. Los tiempos internos, se asemejan más a este proceso y no a tocar pantallas y a obtener reacciones, término tan sobrevalorado en la época actual: “Me reaccionó a una historia”, una historia de 24 horas…

Por otro lado, otro tema que no es menor, el “ser mirados” que es ser mirados para existir. Existir en la época actual, es existir en las redes sociales donde se muestran imágenes que intentan traslucir estados de felicidad absoluta y donde todos parecerían tener una vida de Celebrity en cuarentena, que hacen un reality show de sus vidas.

Desde hace tiempo, absolutamente todo, puede ser fotografiado, filmado, relatado y “compartido”, en el mismo instante en que sucede. Sólo se requiere tener un teléfono y señal de internet. El momento vivido deja de tener valor si no puede ser mostrado a los demás. Gran parte de las personas viven para ser vistas y, el disfrutar, se limita a ser “seguido” y aprobado por los demás.

Ahora, tenemos la excusa justa. No hay demasiadas vivencias para disfrutar y hay mucho tiempo para malgastar. Pero cuidado, esto se venía gestando desde antes. Son sólo excusas.

Por Paula Martino -Psicoanalista